Cuidar la piel: una tarea pendiente entre personas jóvenes mexicanas
Por Lenin Tlamatini Barajas Pineda*
En México, cada año se diagnostican miles de casos nuevos de cáncer de piel. Este tipo de cáncer, aunque muchas veces se asocia con personas mayores o adultas mayores, en realidad comienza a gestarse desde la juventud, cuando se expone la piel y se recibe una gran parte de la radiación solar que la acompañará durante toda la vida. Lo preocupante es que, a pesar de vivir en un país con altos niveles de radiación solar, los hábitos de cuidado de la piel entre los jóvenes siguen siendo deficientes.
Un estudio reciente (enlace: https://doi.org/10.58727/jshr.109781) realizado con estudiantes de Educación Física en México reveló datos alarmantes: la mayoría se expone al sol en horarios de mayor riesgo, entre las 11 de la mañana y las 3 de la tarde, y más de la mitad no utiliza protector solar de manera diaria. Se trata de un grupo especialmente vulnerable, ya que pasan gran parte de sus clases y prácticas al aire libre, acumulando muchas horas bajo el sol.
¿Por qué es importante hablar de este tema? La radiación ultravioleta no solo provoca quemaduras molestas, sino que también causa daños que se van acumulando en la piel con el tiempo. Estos daños pueden aparecer en forma de manchas, arrugas prematuras y, lo más grave, cáncer de piel. En México, el melanoma, que es el tipo más agresivo de cáncer de piel, representa la gran mayoría de las muertes por esta enfermedad.
Este estudio mostró que los hombres suelen aplicar productos de protección justo antes de la actividad física, lo cual reduce su efectividad, ya que el protector necesita tiempo para actuar. Por otro lado, tanto hombres como mujeres mostraron poco interés en acudir al personal de la dermatología, incluso cuando se les ofrecía una revisión gratuita. Esto refleja una baja percepción del riesgo, como si el problema fuera lejano o poco probable.
Un aspecto interesante es que la mayoría de las y los estudiantes tiene piel morena, la cual posee cierto nivel de protección natural gracias a la melanina. Esto hace que muchas veces no noten los efectos inmediatos del sol, como las quemaduras. Sin embargo, esa protección no significa inmunidad. El daño se acumula en silencio y puede afectar tanto a la piel como a los ojos y al sistema inmune. El hecho de que no duela o no se vea al instante no significa que no exista.
Otro hallazgo preocupante es que casi nadie ha sido revisado periódicamente por una persona especialista en piel, y quienes lo han hecho no siguen las recomendaciones médicas. Esto confirma que el problema no es solo de conocimiento, sino de actitud frente al cuidado de la salud. Saber que el sol daña no basta; lo importante es tomar acciones concretas y constantes.
¿Qué podemos hacer para cambiar esta situación? En primer lugar, es fundamental crear campañas de concientización dirigidas a las y a los jóvenes, especialmente a quienes estudian carreras que implican actividades al aire libre. Estas campañas no deben quedarse en simples charlas informativas; deben incluir actividades prácticas, dinámicas y acciones adaptadas a la realidad de las y de los estudiantes. Por ejemplo, enseñarles cómo y cuándo aplicar protector solar, promover el uso de ropa adecuada como gorras, playeras de manga larga ligeras y lentes con filtro UV, además de fomentar la búsqueda de sombra en horarios críticos. Actualmente una de las estudiantes de la Maestría en Intervención Educativa de la Universidad de Colima desarrolla un proyecto orientado a atender estos objetivos.
También es clave que las universidades incluyan en sus programas de formación contenidos sobre cuidado de la piel y prevención del cáncer. Las y los futuros profesores de Educación Física no solo deben protegerse a sí mismos, sino también transmitir estos hábitos a sus estudiantes, quienes estarán expuestas y expuestos al sol desde la infancia. De esta manera, se puede generar un efecto multiplicador que beneficie a toda la sociedad.
Las recomendaciones son sencillas, pero requieren constancia: usar protector solar todos los días, renovarlo cada dos o tres horas si se está al aire libre, evitar el sol en las horas de mayor intensidad, usar sombreros o gorras, lentes de sol con filtro, y preferir la sombra siempre que sea posible. Estos pequeños cambios pueden marcar una gran diferencia en la salud a largo plazo.
Cuidar la piel no es una cuestión de vanidad, es un asunto de salud pública. Así como promovemos la alimentación saludable o la práctica regular de ejercicio, también debemos hablar del cuidado solar como una parte esencial de un estilo de vida sano. El cáncer de piel es prevenible en gran medida, y empezar a actuar desde jóvenes es la mejor estrategia.
En conclusión, el estudio con estudiantes de Educación Física en México deja claro que todavía hay mucho por hacer. Las y los jóvenes, pese a estar en contacto diario con el sol, no aplican medidas adecuadas para protegerse. Esto debe encender una alarma, no solo en ellas y ellos, sino con toda la sociedad. El sol nos acompaña siempre, y aprender a convivir con él de forma responsable es una tarea urgente. Proteger la piel hoy es invertir en salud para el futuro.
*Profesor de tiempo completo de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Colima
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