La industria del deporte ya está en el punto de mira de los principales líderes mundiales. Así lo demuestra la publicación de Sports For People And Planet, un informe elaborado por el World Economic Forum (WEF) y la consultora estratégica Oliver Wyman y publicado con motivo de la reunión anual del organismo en Davos.
El informe se nutre de más de 130 fuentes documentales, así como de una investigación original que incluye consultas a más de 125 organizaciones. En él, se desgranan los componentes de la industria del deporte, cuyos ingresos en 2025 ascienden a 2.3 billones de dólares, y se trazan los caminos que esperan en los próximos años.
El documento sostiene que la proyección de los ingresos de la industria del deporte podría llegar a 8.8 billones de dólares en 2050. Sin embargo, 2 amenazas latentes ponen en peligro alrededor del 20% de esa facturación (1.6 billones de dólares): el decrecimiento de la actividad física y el cambio climático.
La industria del deporte, para el WEF, se compone de 4 industrias core y 5 industrias conectadas. Las primeras, cuya facturación asciende a 2 billones de dólares en 2025, son el deporte profesional y de élite, el deporte participativo y la actividad física, los bienes deportivos y el turismo deportivo. Al contrario de lo que pueda parecer, no es el deporte de élite el que aporta más ingresos, sino el turismo deportivo, que suma 672 mil millones de dólares en 2025 (34%), por 140 mil millones del sector profesional (7%).
Las industrias conectadas son las retransmisiones en directo, el juego, la nutrición, el software tecnológico y los wearables (tecnología ponible) y los servicios deportivos. En 2016, su facturación fue de 100 mil millones; en 2025, se ha triplicado, con el juego (los videojuegos de temática deportiva y las apuestas) como principal fuente de ingresos (39%).
Los autores del informe encuentran 4 vías para que crezca la cuenta de explotación de la industria del deporte hasta alcanzar las previsiones. La primera es potenciar el turismo deportivo, que ya crece (28% compuesto anual) más rápido que la media del turismo en general (22%). La segunda es presentar el deporte como un activo de inversión, algo que ya empieza a apreciarse con las variadas fuentes de financiamiento de la industria, desde fondos soberanos hasta los mismos atletas.
La tercera es la popularización del deporte femenino, en el que, de momento, futbol y baloncesto suponen el 80% de sus ingresos. Y la cuarta es la búsqueda del equilibrio entre el crecimiento deportivo y las economías emergentes, las cuales están interviniendo en este sector a través de la organización de torneos (Marruecos, Brasil), la colaboración con grandes ligas (Ruanda), la inversión en equipos (Arabia Saudí, Catar) o su propio crecimiento (India, China).
Sin embargo, también detectan 2 amenazas: el descenso de la práctica deportiva y el cambio climático. Los datos del WEF indican que un tercio de los adultos no hace tanto deporte como recomiendan las autoridades sanitarias, y ese porcentaje está creciendo, lo cual, según el texto, “empequeñece la base fundamental de consumidores que está detrás de la participación, el turismo deportivo, las ventas de mercadotecnia y la afición a largo plazo”.
Ante estos hechos, el WEF propone 3 caminos para el cambio: mejorar la gestión de los recursos, con especial foco en la gestión del agua y la promoción de la economía circular; poner el deporte en el centro del desarrollo de las ciudades, con infraestructuras beneficiosas a largo plazo para los habitantes; y canalizar flujos de capital, ya sea de inversiones o patrocinios, con un sentido estratégico, alineado con los valores del deporte.

