El Mundial de 2026 enfrenta un aumento en los llamados al boicot, principalmente en Europa, ante las políticas migratorias del Gobierno de Estados Unidos, mientras el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, y el mandatario estadounidense, Donald Trump, promueven el torneo como una celebración global.
El exdirigente de la FIFA, Joseph Blatter, se sumó recientemente a las críticas al sugerir en redes sociales que los aficionados se mantengan alejados de Estados Unidos. Sus declaraciones coincidieron con el endurecimiento de las medidas migratorias, que han derivado en miles de detenciones y deportaciones, así como en operativos del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) que han generado fuerte polémica internacional.
Desde Europa, el vicepresidente de la Federación Alemana de Futbol, Oke Gottlich, cuestionó la realización del torneo en este contexto, aunque el presidente del organismo, Bernd Neuendorf, rechazó la idea de un boicot. En Estados Unidos, figuras del Partido Demócrata como Gavin Newsom y Chris Van Hollen señalaron la contradicción entre organizar un evento global y mantener políticas restrictivas, mientras sectores republicanos defendieron el impacto económico y las medidas de seguridad.
En el ámbito deportivo, el seleccionador estadounidense Mauricio Pochettino evitó pronunciarse sobre el tema y afirmó que su equipo no se involucra en asuntos políticos. Además, los altos precios de los boletos, que superan los 4 mil dólares para la Final, han generado inconformidad entre aficionados. Estados Unidos albergará 78 de los 104 partidos del torneo, que se disputará del 11 de junio al 19 de julio.

