Especialistas coincidieron en que el crecimiento del futbol femenino a nivel mundial es sostenido, pero enfrenta el desafío de consolidar un sistema organizado y sostenible rumbo a la Copa Mundial de la FIFA 2026 y la Copa Mundial Femenina de la FIFA 2027, durante el panel La Revolución en la Cancha: El Deporte como Resistencia del Decididas Summit 2026.
La estratega mexicana Lucía Mijares señaló que el desarrollo del futbol femenil no debe medirse únicamente por visibilidad, sino por su capacidad de organización y sostenibilidad como industria. Recordó que el primer Mundial oficial avalado por la FIFA se disputó en 1991 y que el torneo de 2023 en Australia y Nueva Zelanda alcanzó cerca de 2 mil millones de espectadores a nivel global, lo que evidencia el interés existente.
Mijares advirtió que, sin coordinación entre federaciones, clubes y competencias formativas, el auge podría no traducirse en una estructura sólida ni en desarrollo continuo de talento. También cuestionó la reproducción del modelo del futbol varonil y el enfoque asistencialista, al sostener que el crecimiento debe entenderse desde una lógica de negocio. Además, alertó que 96 % de la literatura científica sobre alto rendimiento se centra en hombres y solo 2 % en el cuerpo femenino, lo que limita el conocimiento aplicado al rendimiento de las jugadoras.
En el mismo foro, la española Amanda Gutiérrez, presidenta de Futpro, afirmó que el futbol femenil requiere estructuras propias y advirtió que replicar el modelo masculino podría generar cargas económicas y deportivas insostenibles. Por su parte, Honey Thaljieh, cofundadora y ex capitana de la selección femenil de Palestina, expuso que en contextos de conflicto la práctica deportiva representa resistencia e identidad, al destacar que el futbol ofrece un espacio de igualdad basado en mérito, disciplina y resiliencia.

