Lo que comenzó como una obra de ampliación carretera en la autopista, en el sentido Manzanillo–Colima, hoy tiene a 8 familias con el miedo y el enojo instalados en la puerta de sus casas. En la comunidad de La Salada, municipio de Tecomán, habitantes denuncian que la constructora ha invadido propiedades, arrojado material sobre terrenos particulares y destruido palmas, sin que exista, hasta ahora, un acuerdo justo ni una solución formal por parte de las autoridades.
“No estamos vendiendo, nos están sacando a fuerzas”, advierten los vecinos.
De acuerdo con testimonios recabados en la comunidad, al menos 8 viviendas resultarían afectadas directamente por la ampliación de la carretera en el tramo de La Salada. Aunque reconocen que ha habido acercamientos con un ingeniero que funge como intermediario, aseguran que las pláticas no han derivado en acuerdos concretos ni en propuestas claras.
Rubén García Guisar, uno de los afectados, señala que la empresa ya comenzó a invadir terrenos. “Están metiendo material encima. Aquí tenemos palma y ya le echaron piedras; están destruyendo las palmas y no se están haciendo responsables”, denunció.
La palma es su sustento. De ella viven decenas de familias dedicadas a la elaboración de escobas, actividad que depende directamente del acceso a los cerros y de la conservación del terreno. Si se destruye la materia prima y se bloquean los caminos, el golpe es económico.
Felipe García Guisar, comisario de la comunidad de La Salada, confirmó que los constructores han bloqueado caminos esenciales para que la gente pueda salir a trabajar. “Les hemos dicho y como que no nos han hecho caso”, afirmó.
Ofrecen poco y sin garantías
Los habitantes reconocen que ha habido ofrecimientos económicos, pero los consideran insuficientes y desproporcionados frente al impacto real. “Pienso que es poco. Si estuviéramos vendiendo sería diferente, pero así como nos están sacando forzadas, tienen que pagar más para uno poder buscar en otra parte dónde vivir”, expresó una de las vecinas afectadas, quien pidió omitir su nombre.
La inconformidad no es solo por el monto, sino por la forma. Denuncian que no existe claridad sobre reubicaciones, alternativas de vivienda o condiciones de compra. Incluso mencionan que se habló de adquirir terrenos en otra zona para trasladar a las familias perjudicadas, pero esa propuesta quedó en el aire. Mientras tanto, la maquinaria avanza.
La invasión de propiedades no es el único reclamo. Los habitantes también enfrentan polvo permanente, ruido nocturno y bloqueo de pasos tradicionales. Cecilia Fabiola, vecina del lugar, describe una escena cotidiana que ya se volvió habitual: “Las máquinas trabajan día y noche. No hay día que puedas dormir a gusto. El polvo lo estamos consumiendo diario, los trabajadores, los estudiantes, los niños”.
El comisario aseguró que han buscado un diálogo con representantes de la empresa y funcionarios; sin embargo, afirmó que las respuestas han sido evasivas y que, hasta ahora, nadie les ha presentado un plan integral.
Lo que más preocupa a la comunidad es el futuro inmediato: 6 carriles frente a sus casas, sin pasos seguros ni alcantarillas alternas, y con familias que deberán cruzar a pie, con carga o con niños, una vía de alta velocidad.
“No todos tenemos carro. Imagínate 6 carriles, ¿cómo vamos a cruzar con los escoberos o con los muchachos que van a la escuela?”, cuestionó Cecilia Fabiola.
La ampliación carretera promete modernidad y conectividad regional. Pero en La Salada, el progreso los mantiene en incertidumbre. Ocho viviendas están en la línea de impacto directo y, hasta ahora, la negociación no ha sido equitativa ni concreta.
Los habitantes no descartan manifestarse si continúan sin ser escuchados. Porque, dicen, no se oponen al desarrollo, sino a que pase por encima de sus casas sin acuerdos y sin justicia para los afectados.

