Lun. Mar 16th, 2026

El juego de pelota, canchas y ceremonias religiosas-deportivas en el mundo prehispánico.

Por Redacción Mar6,2026 #Especiales
Los Chac Mool son personajes masculinos recostados sobre sus espaldas. (Foto tomada de la web)

Claro antecedente del próximo Mundial de Futbol 2026

Por Víctor Gil Castañeda

(Cuarta parte de 7)

Refiere el autor que no se sabe si se dibujaba una figura con valor simbólico en la cancha del juego de pelota, pero lo que se puede afirmar es que la tierra-cancha se impregnaba del precioso líquido para gestar en sus fecundas entrañas. El autor indica que un cuchillo de pedernal era el instrumento que utilizaban los sacrificadores para abrir el pecho de la víctima. Objeto que es visible en el Museo Británico de Londres y otros sitios del Mundo. El Cronista Motolinía, al evocar la Fiesta de Panquetzaliztli, en su libro Historia de los indios de la Nueva España. Colección de documentos para la historia de México, describe una tétrica escena donde se utiliza el mencionado cuchillo de sacrificios: “Una piedra de pedernal con que sacaban la lumbre, de esta piedra está hecho un navajón como hierro de lanza, no mucho agudo, porque como es piedra muy recia y salta, no se puede hacer muy aguda; esto digo porque muchos piensan que eran de aquellas navajas de piedra negra, que en esta tierra las hay, y sácanlas con el filo tan delgado como de una navaja”. Motolinía distingue el pedernal (tecpatl) de la obsidiana (iztli), que servía por lo general para desangrar distintas partes del cuerpo en los autosacrificios y se utilizaba a veces para abrir el pecho de las víctimas.[1]

Fray Bernardino de Sahagún describe una ceremonia que los mexicas realizaban el último día del mes de Panquetzaliztli en el teotlachco de Tenochtitlan, dedicada a Paynal, dios de las batallas, que fue una advocación de Huitzilopochtli. La ceremonia se iniciaba con una procesión que tocaba varios sitios de la ciudad, en la cual se transportaba la imagen del dios y se le depositaba después en el templo de Huitzilopochtli, en donde el tlatoani hacía una ofrenda. Al amanecer del día siguiente, se llevaba la imagen al teotlachco, con 4 cautivos de guerra para ser sacrificados: 2 a Amapan y 2 a Oappatzan, deidades del juego y de la pelota. Luego los arrastraban por el campo, que quedaba ensangrentado y los guerreros hacían una solemne representación bélica. Esta ceremonia refleja la íntima relación entre el juego y la guerra, ambos una lucha de contrarios, relación que se muestra en los relieves de la cancha del Juego de Pelota de Chichén Itzá, Yucatán, en donde los jugadores, que practican un sacrificio por decapitación, llevan atavíos guerreros.

Entre los nahuas la cancha de juego era llamada tlachco, en tanto que el acto de jugar se denominaba tlachtli o ulamaliztli. Las fuentes nos dan a conocer la forma de los campos de juego y el hecho de que todas las ciudades tenían sus canchas, por lo general en forma de “I”, es decir, cerradas por los cuatro lados. Las estructuras estaban encaladas y pintadas, y sobre el piso había una línea transversal de color negro o verde llamada tlécotl, pintada con una hierba de carácter mágico, que dividía la cancha en dos partes. Los anillos o tlachtemalácatl estaban decorados con relieves o pintados con símbolos pintados asociados a la guerra y a los astros.

Entre los nahuas el juego parece haber sido exclusivamente masculino, aunque Fray Bartolomé de las Casas vio partidos entre mujeres, tal vez en la Isla La Española. En el siglo XVI, según las fuentes, el juego ya tenía un carácter profano y popular, pues no hay mención de que los sacerdotes realizaran encuentros con carácter ritual. En los juegos participaban tanto pipiltin (nobles) como macehualtin (no nobles), ya sea jugando o mirando.[2]

Juego de pelota entre los mayas

En relación al Dios Chaac-Mol, el Antropólogo y Arquitecto Paul Gendrop dice que Chac Mool, como también lo escribían, es una escultura antropomorfa recostada, con un recipiente sobre el abdomen y la cabeza vuelta hacia un costado. Característica del Periodo Posclásico en el Altiplano Central y otras regiones de Mesoamérica. El nombre le fue dado en 1875 por

Auguste Le Plongeon, creyendo que era la imagen del Chacmol, Rey de la Atlántida y esposo de la Reina Mu.[3]

Indica el Arqueólogo y Abogado Alfonso Caso que en sitios como Chichen Itzá (Yucatán) o Tula (Hidalgo), hubo intercambios religiosos y culturales. Lo que se aprecia en las columnas de serpientes emplumadas, frisos de guerreros, jaguares en actitud de caminar y las estatuas del Dios Reclinado o Chaac-Mol. Igualmente, por las cariátides, lápidas con Hombres-Pájaros-Serpientes, anillos de Juego de Pelota y representaciones del Dios Quetzalcóatl. [4]

La escultura del Chaac-Mol se trata, en la mayoría de los casos, de una figura humana reclinada hacia atrás, con las piernas encogidas y la cabeza girada, en cuyo vientre descansa un recipiente circular o cuadrado. El nombre maya, con el cual se le conoce, fue asignado por el viajero Auguste Le Plongeon, quien en sus excavaciones en Chichén Itzá encontró una de estas esculturas y la trasladó a Mérida, a finales de 1874. Tres años después la figura se envió a la Ciudad de México, lo que provocó una fuerte protesta por parte de su descubridor.

Posteriormente se han encontrado otras esculturas de este tipo, en diferentes lugares de Mesoamérica. Si bien son más abundantes en Tula (Hidalgo) y en Chichén Itzá (Yucatán), sin olvidar que en la Ciudad de México se han hallado varias. Como la que se recuperó en el año 1943 en la calle de Venustiano Carranza, que está labrada en el típico estilo azteca. O la excavada frente al adoratorio de Tláloc en la etapa II (1390 d.C.) del Templo Mayor de Tenochtitlán, la cual aún conserva sus colores originales.

Museo Nacional de Antropología e Historia.

Como ejemplo de un Chaac-Mol tolteca traído de Tula a Tenochtitlán está el que encontramos entre los cimientos de la Casa de los Marqueses del Apartado, en la calle de Argentina, frontera al Templo Mayor. Guarda la posición ya conocida y sobre el vientre presenta un recipiente rectangular, pero además lleva amarrado un navajón en el brazo, tal como lo vemos en los Chaac-Mol de factura tolteca. Posiblemente fue decapitado, pues la cabeza no se encontró en las labores de rescate.

Ahora bien, ¿qué representan estas enigmáticas figuras? Hay diversas interpretaciones acerca de su función. Por un lado, cabe aclarar que siempre han sido encontradas en contextos sagrados, es decir, asociadas a pequeños altares (como en el caso de Tula y Chichén Itzá), a Juegos de Pelota, o directamente relacionadas con el Dios de la Lluvia, como lo vemos en el Templo Mayor de los aztecas. Se le han atribuido dos funciones diferentes: (1)Como altar en el que se colocaba la ofrenda dedicada al dios, ya fueran alimentos, corazones u otros dones y (2)Como piedra de sacrificios.

Otro aspecto interesante es que este tipo de escultura corresponde en su mayoría al Posclásico, es decir, a los años 900-1521 d.C. Entre las interpretaciones que se han dado acerca de éste personaje están aquellas que lo identifican con un dios específico, como un intermediario entre los ofrendantes y los dioses, o como un guerrero. Quizá no siempre tuvo el mismo significado, pues bien sabemos que una determinada representación puede cambiar con el paso del tiempo. Por ejemplo, entre los belicosos toltecas hubiera podido representar a un guerrero, pues posee atributos muy similares a los de los atlantes: está armado, luce el pectoral de mariposa y lleva un navajón atado en el brazo. En el caso de los Chaac-Mol encontrados en Tenochtitlán, que tratan de imitar a los toltecas, vemos que guardan estrecha relación con el Dios de la Lluvia, Tláloc.

Un reciente estudio hace ver que en el caso de estos últimos, que hasta el momento suman una docena, tanto los más tempranos como los de la época imperial están asociados a éste dios. El caso más claro es el Chaac-Mool localizado en su sitio original, frente al adoratorio de Tláloc en el Templo Mayor de Tenochtitlán. A éste hay que sumar la cabeza hallada en el núcleo de la misma etapa constructiva, y cuyo rostro muestra una posible parálisis facial, enfermedad relacionada con Tláloc. [5]

Como puede verse, esta figura, por sus peculiares características, siempre ha despertado el interés de los estudiosos. Presente en muchas partes de Mesoamérica, pero sobre todo en Tula y Chichén Itzá, además de la capital azteca, se ha tratado de establecer su función y a quién está dedicado. Nuevos hallazgos habrán de ayudar en la interpretación de éste enigmático personaje que, incluso, por su posición inverosímil, llegó a influir en la creatividad de modernos escultores, como el caso de Henry Moore, en figuras recostadas de gran fuerza y dinamismo, tal como sus antecesoras creadas por anónimos escultores mesoamericanos. Arturo Novoa indica que el Chaac-Mol, tanto el azteca como el de Tula, Hidalgo, así como el de Chichen Itzá, muestra a un ser que “viajaba en el tiempo”. Era el mensajero que llevaba noticias, buenas y malas, a las tribus, pues aparece tanto en las culturas aztecas, mayas y toltecas. Era pues, el Chaac-Mol, una deidad que tenía el poder de viajar en distintas épocas en el tiempo.[6]

En la ciudad de Tula fueron encontradas dos canchas de las conocidas como Juegos de Pelota. El llamado Edificio 2, que cierra la plaza principal por el lado Poniente, fueron encontradas durante las excavaciones; la imagen del Dios Chac Mool y la estatua de un guerrero, más un porta estandarte y una lápida con un bajo relieve de un jugador de pelota. Todas estas piezas se encuentran en la Sala Tolteca del Museo Nacional de Antropología e Historia en la Ciudad de México…El Juego de Pelota número 2 de Tula es de tamaño mediano, comparado con los de; Xochicalco, Tajín o Dainzú. Es pequeño comparado con el monumento del Juego de Pelota de Chichen Itzá…Su estructura en forma de doble “T” mide 67 metros de largo y 12.50 metros de ancho. En su parte central, en ambos lados, iban los anillos de piedra por donde los jugadores pasaban la pelota de hule. En los dos extremos de la cancha había nichos o altares pequeños donde se colocaban las figuras de sus dioses.  [7]

Los investigadores, al hablar del Dios Hun Hun Ahpu, en la antigua cultura maya quiché, dicen que era uno de los dos hijos de Piyacoc y Mucacane. Era un ser sobrenatural. Era simbolizado con el Sol que se hunde por la noche en la región del sueño y de la muerte, donde moran; Hun Came (Dios Muerte) y Vukub Came (Diosa Muerte), la de las siete formas. La mansión de los muertos es Xibalbá, donde el Sol muere asesinado todos los días. [8]

Escrito como Hun-Hunahpú, en el libro Popol Vuh, de los mayas quichés, su nombre significaba “Cada un Tirador de Cerbatana”. Sus padres fueron; Xpiyacoc (“El Amanecer”) y Xmucané (“La Ocultación del Sol”). Estos seres celestiales nacieron antes de que hubiera sido creado el Hombre y aun antes de que hubiera Sol y Luna.  Tuvo un hermano llamado Vucub Hunahpú. Se casó con Xbaquiyaló (“Huesos Atados”). Fue padre de cuatro hijos. Primero de los hermanos; Hun Batz y Hun Choven. Al morir a manos de los Demonios de Xibalbá, encarnó en un árbol de jícaras y embarazó con un chizguete de su saliva a la virgen Xquic. Luego nacieron sus otros dos hijos, los gemelos; Hun Ahpú e Ixbalanqué. Estos dos convirtieron en monos a sus primeros hermanos, por soberbios y porque los maltrataban. Luego bajaron al inframundo. Vencieron en el Juego de Pelota y dieron muerte a los Demonios de Xibalbá. Cobraron el asesinato de su padre. [9]

Continuara…


[1] JOHANSSON KERAUDREN, Patrick. Obra citada, p. 125.

[2] DE LA GARZA, Mercedes. (Julio-Agosto del 2000). “El juego de pelota según las fuentes escritas”. En: revista Arqueología Mexicana. Número 44, pp. 50-53. Obtenido de la red mundial en la página electrónica:

https://arqueologiamexicana.mx/mexico-antiguo/las-canchas-y-los-jugadores-de-pelota-en-mesoamerica

[3] GENDROP, Paul. Obra citada, p.49.

[4] CASO, Alfonso. (2007). Obras. El México antiguo. No.8. Calendarios, códices y manuscritos antiguos. Zapotecas y mixtecas. Coordinadora Editorial Rosa Campos de la Rosa. México: El Colegio Nacional, p.27.      

[5] LÓPEZ AUSTIN, Alfredo y LÓPEZ LUJÁN, Leonardo. (2001).  “Los mexicanos y el Chac Mool”. En: Revista Arqueología Mexicana. México, ps.68-73.

[6] s.a. (s.f.). “Chac-Mol. Misteriosa escultura mesoamericana”. Obtenido de la Red Mundial en:

https://www.mexicodesconocido.com.mx/el-enigma-de-los-chac-mool.html.

[7] TIJERINA SÁNCHEZ, Luis Juan y TIJERINA SÁNCHEZ, Jorge Alberto. Obra citada, p. 15.

[8] MORALES GÓMEZ, Antonio. (1944). El Tlilamatl o Libro de los Dioses. Impreso bajo la dirección de B. Costa Amic y bajo la supervisión del Profesor Agustín Aragón Leyva. México: Editora Intercontinental, p. 92.   

[9] Popol Vuh. (Anónimo). (2010). Versión actualizada de Agustín Estrada Monroy, basada en los textos quiché y castellano. Con anotaciones de Fray Francisco Ximénez. Colección Grandes Letras Universales. México: Editores Mexicanos Unidos, ps. 45 y 179.

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