América para los americanos
Por Kevin Omar Flores Morfín
Es común observar en redes sociales burlas hacia jóvenes estadounidenses que, convencidos, afirman que “América” es un país y no un continente. Sin embargo, reducir este fenómeno a una simple carencia de conocimientos geográficos es quedarnos con la punta del iceberg. Desde una perspectiva pedagógica -y también desde la reflexión personal que motiva estas líneas- es posible sostener que este comportamiento es todo, menos un fallo en el sistema educativo estadounidense, más bien, es resultado de ciertas formas de enseñar y nombrar el Mundo.
La divergencia comienza en la cartografía. Mientras que en Latinoamérica y la Europa romance se enseña el modelo de seis continentes, en el mundo anglosajón predomina el modelo de siete, que separa tajantemente Norteamérica de Sudamérica. En este punto entra en juego lo que teóricos como Philip Jackson denominan el currículum oculto: al enseñar esta división, la escuela no solo imparte geografía, sino que moldea identidades y naturaliza diferencias políticas. A esto se suma lo que Elliot Eisner llamó el currículum nulo: lo que deliberadamente se decide no enseñar (en este caso, la continuidad histórica, cultural y territorial del hemisferio) actúa como un mecanismo para desnaturalizar al resto de América en el colectivo estadounidense desde etapas tempranas.
Esta lógica curricular refuerza lo que O’Gorman llamó la “invención de América” y evidencia cómo el salón de clases opera bajo una clara geopolítica del conocimiento. No se trata solo de promover la enseñanza y aprendizaje de un descubrimiento físico, sino de una apropiación conceptual. Al carecer de un gentilicio propio equivalente a “estadounidense”, y al fusionar el nombre del país con el del propio continente, la población de Estados Unidos de América ha reinventado por completo el término “América para los americanos”, pasando de ser geopolítica para evitar la intervención de España a definir quién pertenece y quién es excluido. Esta política exterior con el tiempo evolucionó bajo el mantra del presidente Theodore Roosevelt con su mítica frase que evidencia la política exterior del país ante gran parte de Latinoamérica: “speak softly and carry a big stick”. Así, bajo esta narrativa curricular, Latinoamérica pasó a ser un “patio trasero” donde intervenir dejaba de verse como un conflicto continental, sino como una acción externa necesaria sobre una región subordinada.
Lo más preocupante es observar cómo esta misma narrativa ha permeado en Latinoamérica. Un ejemplo reciente y palpable fue el medio tiempo del Súper Bowl 2026, protagonizado por el puertorriqueño Benito Antonio Martínez Ocasio, conocido mundialmente como Bad Bunny, quien cerró su presentación bajo el lema “Together We Are America”. Para muchos, fue un reclamo simbólico en favor de una América continental; sin embargo, en las redes sociales no se hizo esperar la burla y el hartazgo hacia quienes intentaron y dedicaron su tiempo para plantear un análisis geopolítico de aquel espectáculo. ¿Por qué?, ¿por qué hacer burla de quién evidencia los problemas que hace siglos aquejan a todo un continente?, ¿cómo fue posible llegar al punto en el que el oprimido acoge al opresor en sí mismo?
La geografía que se enseña en los Estados Unidos de América no es inocente. Es una herramienta de construcción de nación que borra la continuidad continental para justificar una excepcionalidad política.
Como educadores del mañana, nuestra práctica exige cuestionarnos las decisiones políticas que existen detrás de un acto tan trivial, esto es, como que un estadounidense argumente que América es un país. No hay mejor contexto para empezar a replantear nuestros planes de estudio para evitar reforzar brechas ideológicas.
En un Mundo interconectado es necesario formularnos preguntas como: ¿qué es lo que estamos enseñando? ¿Para qué estamos enseñando? ¿Qué/quién está detrás de lo que enseñamos? ¿A quién estamos dejando fuera en este proceso? ¿Qué pasos debemos dar para construir una pedagogía decolonial que recupere el territorio simbólico e histórico que se nos ha negado?
Las fronteras más difíciles de cruzar no son las que marcan los ríos o los muros, sino las que nos trazan aquellos que nos miran como tabulas rasas.
*“Pedagogía en voz alta” es una columna de la Facultad de Pedagogía para la libre expresión de su comunidad académica. El autor de esta colaboración es estudiante del octavo semestre de la licenciatura.
Las opiniones expresadas en este texto periodístico de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a El Comentario.

