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Las piedras sagradas cuando hablan

PorRedacción

Feb 22, 2024 #Cultura

Por Rafael Cruz

A principios de mes, encontramos esta hermosa piedra al norte del municipio de Comala. Tiene grabados antiguos, y por su singular diseño, destacó como una pieza única en su tipo.

Las primeras observaciones arrojan que, los tallados exteriores pudieran pertenecer al periodo Tradición Tumbas de Tiro de Colima (300 a.e.c. – 600 e.c.), mientras que su cavidad central cuadrada ha desconcertado a los investigadores, ya que, hasta el momento, no se conocían referencias de oquedades en esta forma en la región.

Mediante el análisis del desgaste, y las huellas dejaron las herramientas con que se trabajó, se especula que pudo haberse tallado en 2 momentos de la historia; la primera en la época prehispánica y la segunda intervención, con la llegada de los españoles, o posterior.

Una hipótesis es que pudo usarse como recipiente en cultivos, almacenar o triturar granos, como bebedero para el ganado, entre otras funciones, incluso fungir como “pila bautismal” para ceremonias de iniciación católica. Como lo vemos en el jardín de San Francisco de Almoloyan, donde la evangelización se realizó, a través de un templo cuyos cimientos son petroglifos, principalmente de Tláloc.

La antigüedad y las dimensiones de la poza sugieren también que pudo ser para uso ritual en la época prehispánica, ya que perfectamente cabe un niño o un adulto con las piernas cruzadas, aunque se requieren estudios detallados que arrojen más información sobre esta especial roca.

Esta piedra también podría estar señalando sitios de interés como cuerpos de agua, barrancas, ríos, cerros, delimitación con otras aldeas y panteones, o estar narrando acontecimientos sociales, militares o espirituales. Aunque mucha de su información se habría perdido para siempre, ya que se encuentra desfasada de su sitio original.

Para esta investigación, la arqueóloga Mtra. Ligia Sofía Sánchez Morton, investigadora UNAM-ENAH-CEDAHM, nos compartió datos interesantes: “En el caso de la primera, es difícil establecer plenamente su temporalidad, sin embargo, de acuerdo con los estudios que he venido realizando, mi propuesta es que se trata de piedras cuyos grabados abstractos y su asociación con fuentes naturales de agua pudo estar en relación con las culturas que habitaron el valle de Colima hacia finales e inicios de la era, en lo que se conoce como el Formativo Terminal (600 – 300 a.e.c.) y el Clásico (100 a.e.c. – 600 e.c.) Mesoamericanos”. 

En cuanto a la segunda intervención, la especialista mencionó que, “la datación no puede ser certera, sin embargo, la forma y las huellas en las paredes recortadas, dan cuenta que para ello pudieron haberse usado herramientas de metal, quizá cinceles y un mazo. Es difícil saber si esta “pila” se realizó en época colonial o en un momento mucho más moderno; tampoco podría dar una opinión sobre los posibles usos, aunque puede funcionar muy bien como contenedor de líquidos o alimentos para el ganado, en caso de que el área hubiese sido ocupada como agostadero. Como sea, sabemos que labrar la piedra no es fácil, por lo que los motivos que subyacen a esta acción debieron ser de importancia, pues el trabajo invertido pudo ser mucho”, concluyó.

Hoy, este petroglifo se localiza cercano a una barranca y un río de agua y de tiempo, protegida únicamente por la densa vegetación y la fauna que son sus eternos y fieles guardianes.

Ya se realizó un reporte, con coordenadas e imágenes, para el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH), para su incorporación al Atlas de Petrograbados Prehispánicos de Colima. Un trabajo en equipo con mi amigo, el fotoperiodista Jonathan Villa.

Es importante que quede un registro que dé fe de los descubrimientos arqueológicos hechos por la sociedad de manera fortuita, que den rumbo a investigadores en el amplio tejido social que dejaron los antiguos pobladores de Colima. Que las futuras generaciones también conozcan y aprecien de cerca estos lugares, los monumentos que dejaron y la sabiduría que todavía estamos asimilando. Vestigios que nos hablan del esplendor de nuestros abuelos. Al hacerlos en piedra, ellos sabían que los veríamos. Admiremos y cuidemos nuestra herencia cultural e histórica, la cual ya ha sido bastante destruida. Reporta cualquier hallazgo, o mal uso de nuestro patrimonio cultural. Y si ya cuentas con piezas que heredaste de tu familia, regístralas ante el INAH con un sencillo trámite en línea, y queden para la historia. Recuerda que está prohibido extraer y comerciar el patrimonio arqueológico de México.

Texto e imágenes tomadas con autorización del autor de su cuenta de Facebook.

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