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COLUMNA: Ciencia y futuro

Por Redacción Oct8,2025

Educación contra el calentamiento global: el conocimiento reduce la contaminación

Por Miguel Á. Tinoco*


La contaminación ambiental es uno de los retos más grandes que enfrentamos hoy. Para mantener nuestro estilo de vida, emitimos enormes cantidades de gases contaminantes, como dióxido de carbono (CO2), metano, óxido nitroso, entre otros.

Por ejemplo, al usar un celular estamos consumiendo electricidad que, si proviene de fuentes fósiles, genera CO2. Al transportarnos en avión, también liberamos gases contaminantes como CO2 y óxido nitroso. Además, cuando tiramos basura orgánica a un relleno sanitario, esta se descompone y emite metano; y si se quema, contamina el aire con partículas tóxicas. Incluso dejar el cargador conectado, prender el aire acondicionado, pedir comida a domicilio o cambiar de celular tienen un impacto ambiental.

Los gases contaminantes atrapan el calor en la atmósfera, provocando el calentamiento global. ¿Cómo? La radiación del sol llega a la Tierra, calienta la superficie y esta, a su vez, intenta devolver ese calor al espacio. Pero los gases lo bloquean, como si envolvieran al planeta en una cobija que no deja salir el calor.


¿El resultado? Cambios extremos en el clima cuyas consecuencias son cada vez más visibles y preocupantes. El nivel del mar sigue subiendo, lo que pone en riesgo a comunidades costeras, islas y grandes ciudades cercanas al litoral. Al mismo tiempo, los cambios en los patrones de temperaturas y lluvia afectan a los hábitats naturales, dejando a muchas especies de flora y fauna con bajas posibilidades de supervivencia. Asimismo, los ecosistemas (arrecifes de coral, los bosques tropicales o los glaciares) se degradan rápidamente, afectando a la biodiversidad y las personas que dependen de ellos.


¿Pero qué podemos hacer frente a este problema? El primer paso es entenderlo. Y ahí es donde entra la educación. Si aprendemos cómo funciona nuestro planeta y cómo nuestras acciones lo afectan, también descubriremos cómo conservarlo: economizar energía, promover políticas limpias, reciclar, consumir de manera responsable o inventar nuevas soluciones.


Todo lo anterior nos lleva a una idea clave: la educación no solo transmite información, sino que también tiene un poder transformador. Las personas con mayor formación en temas ambientales, científicos y energéticos -es decir, con un mayor nivel de capital humano- cuentan con más herramientas para diseñar soluciones sostenibles, impulsar cambios de fondo y tomar decisiones ambientalmente responsables.


Para comprobar estas ideas, realizamos un estudio de 14 países de Asia-Pacífico para el periodo de 1970 a 2019, el cual relaciona su nivel de capital humano con sus emisiones de CO2. La investigación fue publicada este año en un libro de la editorial Springer (https://bit.ly/40Psf9N). El resultado agregado es revelador: encontramos una relación inversa entre el capital humano y las emisiones de CO2. Es decir, a medida que mejora el nivel de capital humano, las emisiones contaminantes se reducen, con una disminución estimada de hasta 0.251%. Es más, comprobamos que un aumento en el consumo de energía limpia también contribuye a reducir las emisiones, con un efecto de hasta 0.153%.


Al analizar los resultados por país, observamos que en algunos casos el impacto del capital humano es aún más significativo. Por ejemplo, en Nepal, las emisiones podrían disminuir hasta 2.8%; en China, 0.56%; en India, 0.43%; y en Pakistán, 0.51%. Sin embargo, en ciertas economías avanzadas, como Australia y Nueva Zelanda, el capital humano ya alcanza niveles tan elevados que su efecto ambiental sería neutro o incluso adverso: un incremento adicional en capital humano se asocia con un aumento de 0.19% y 1.64% en las emisiones, respectivamente.

Con base en nuestra investigación, hemos propuesto algunas políticas orientadas a mejorar el medioambiente:

* Promover la conciencia ambiental desde todos los niveles educativos. Esto implica integrar contenidos sobre cambio climático, sostenibilidad, consumo responsable y energías limpias desde la educación primaria, reforzarlos en la secundaria y especializarlos en la educación superior. Por ejemplo, en primaria se pueden organizar huertos escolares, actividades de reciclaje o juegos didácticos sobre energía limpia.

* Reforzar las competencias ambientales y energéticas a través de la educación. Esto puede lograrse mediante talleres técnicos enfocados en eficiencia energética, mantenimiento de paneles solares o tecnologías domésticas sostenibles (como la domótica verde, la cual permite de forma inteligente controlar el consumo de energía o de agua de una vivienda, por ejemplo).

* Acelerar la transición energética y reducir el uso de combustibles fósiles. La educación, por sí sola, no basta para revertir los niveles actuales de contaminación. Es necesario que los gobiernos acompañen estos esfuerzos con políticas públicas eficaces, como la sustitución gradual de termoeléctricas por plantas solares, el impulso de tecnologías de eficiencia energética en empresas y hogares, y programas de capacitación para empleos en el sector de energías renovables.

En suma, para enfrentar de forma efectiva la crisis climática, necesitamos una ciudadanía informada. La educación empodera a las personas, porque solo quienes comprenden el problema pueden tomar decisiones que cuiden el medio ambiente… y su propio futuro.

*Profesor-investigador de la Facultad de Economía de la Universidad de Colima. Imparte clases de economía y negocios en la Licenciatura en Negocios Internacionales, Licenciatura en Finanzas y Maestría en Gestión del Desarrollo. miguel_tinoco@ucol.mx

Las opiniones expresadas en este texto periodístico de opinión son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a El Comentario.

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