Ventilación selectiva: herramienta contra el calor y la humedad
Por Carlos Javier Esparza López*
En climas como el nuestro, donde el calor y la humedad se combinan para generar una constante sensación de incomodidad a cualquier hora del día, resulta imprescindible implementar estrategias que nos permitan mejorar, aunque sea de manera gradual, el confort dentro de nuestras viviendas. Muchas veces recurrimos de manera automática a equipos eléctricos como ventiladores o aires acondicionados, sin detenernos a pensar que la propia arquitectura puede brindarnos herramientas para hacer más llevadero el ambiente interior. Una de estas herramientas es la ventilación selectiva, también llamada ventilación nocturna o enfriamiento convectivo nocturno.
La ventilación, en general, es reconocida como una de las estrategias más efectivas para climas cálidos y húmedos, junto con la protección solar mediante sombras y cubiertas. Abrir ventanas o puertas para dejar entrar el viento puede aliviar la sensación de encierro y sofoco. Sin embargo, no siempre la temperatura del aire que ingresa es benéfica: durante las horas más calurosas del día, el aire puede superar fácilmente los 36 °C, de manera que una corriente de viento tan caliente, lejos de refrescar, aumenta la molestia.
Por esta razón, surge la importancia de ventilar en los momentos adecuados. La ventilación selectiva propone una lógica simple: abrir las ventanas durante la noche y la madrugada, cuando el aire exterior es más fresco, y mantenerlas cerradas durante el día para conservar ese “frescor” acumulado en el interior. De esta manera, la vivienda se enfría pasivamente sin necesidad de un gasto energético adicional. Aunque pueda sonar sencillo, el reto radica en aplicar esta estrategia con disciplina y en conocer los horarios más convenientes para cada región.
Esta técnica ha sido aplicada con éxito en climas áridos o desérticos, donde las diferencias entre la temperatura diurna y nocturna son muy marcadas. En esos lugares, un edificio que se ventila por la noche logra almacenar frescura suficiente para enfrentar las altas temperaturas del día siguiente. Sin embargo, en climas húmedos como el nuestro, esas diferencias suelen ser menores, lo que hace que los beneficios de la ventilación nocturna sean menos evidentes a simple vista.
Pese a ello, investigaciones recientes muestran que la estrategia también puede funcionar en contextos como el nuestro si se aplica de manera correcta. Un estudio desarrollado en la Universidad de Colima por Jiménez-Anzar e integrantes del Cuerpo Académico Arquitectura y Medio Ambiente analizó el potencial de la ventilación selectiva en viviendas de interés social de la región costera del Pacífico mexicano. Mediante simulaciones computacionales, se evaluaron distintos escenarios de apertura y cierre de ventanas en tres condiciones climáticas locales: templada (enero a marzo, noviembre y diciembre), cálida (abril y mayo) y cálida semihúmeda (junio a octubre).
Los resultados fueron reveladores. Se encontró que mantener las ventanas cerradas durante ciertas horas críticas del día puede aumentar la sensación de confort térmico entre un 10 % y un 20 % a lo largo del año. Por ejemplo, en la temporada templada se recomienda evitar la ventilación entre las 9 de la mañana y las 5 de la tarde; en la temporada cálida, entre las 10 de la mañana y las 5 de la tarde; y en la temporada cálida semihúmeda, al menos entre el mediodía y las 2 de la tarde Este manejo estratégico de la ventilación permite que los espacios interiores conserven temperaturas más estables, reduciendo la necesidad de usar ventiladores o aire acondicionado, y por lo tanto, disminuyendo el consumo eléctrico.
Lo interesante de este tipo de investigaciones es que trasladan un principio científico a la vida cotidiana. No se trata únicamente de un concepto teórico, sino de una práctica que cualquier familia puede aplicar en su hogar sin necesidad de inversión económica significativa. Basta con organizar mejor los momentos de apertura y cierre de ventanas para aprovechar al máximo las condiciones naturales.
Además de mejorar el bienestar en el día a día, estas estrategias contribuyen a objetivos más amplios de sostenibilidad. Si se reducen los consumos energéticos derivados de la climatización artificial, también disminuyen las emisiones de gases de efecto invernadero asociados a la producción de electricidad. Así, la ventilación selectiva no solo representa un beneficio individual, sino también una aportación al cuidado del medio ambiente.
Quienes deseen consultar de manera más detallada esta investigación, pueden revisar el artículo publicado en la revista International Journal of Ventilation: “Enhancing passive cooling in social housing through night ventilation: a simulation-based study” (https://doi.org/10.1080/14733315.2025.2546165).
Finalmente, es importante señalar que este tipo de conocimientos se transmiten de forma constante en la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Universidad de Colima, tanto en asignaturas de licenciatura como en los posgrados de la misma facultad. En mi caso, imparto clases en temas relacionados con la arquitectura bioclimática y el desempeño ambiental de edificaciones, con el objetivo de formar profesionales capaces de diseñar y aplicar soluciones que respondan a los desafíos actuales del confort térmico y la sostenibilidad.
*Profesor e investigador de la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Universidad de Colima.
Las opiniones expresadas en este texto periodístico de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a El Comentario.

