Obesidad abdominal: el indicador silencioso que revela riesgo metabólico y renal
Por Susana Judith Salcido Jiménez*
La obesidad abdominal se ha convertido en un tema de salud que ha cobrado gran importancia en los últimos años. A diferencia del peso general, este tipo de adiposidad se concentra en la zona del abdomen y alrededor de órganos como el hígado, los riñones e intestinos. Aunque muchas personas creen que el riesgo metabólico aparece únicamente cuando hay obesidad evidente, la realidad es que un número creciente de individuos con peso normal también presentan exceso de grasa abdominal. Este tipo de acumulación, conocida como grasa visceral, puede mantenerse oculta por años mientras genera cambios que afectan la salud de manera silenciosa.
El uso tradicional del índice de masa corporal (IMC) dificulta la detección de este riesgo. El IMC solo relaciona peso y estatura; no diferencia entre músculo y grasa ni señala en qué parte del cuerpo se acumula el tejido adiposo. Por ello, personas físicamente activas o con complexión delgada pueden tener una circunferencia de cintura elevada sin que el IMC lo refleje. Esta limitación ha impulsado la búsqueda de herramientas más útiles para evaluar el riesgo metabólico real.
Entre estos nuevos indicadores destaca el Producto de Acumulación Lipídica (LAP), que integra dos elementos clave: la circunferencia de cintura y los niveles de triglicéridos en sangre. A diferencia del IMC, que ofrece una visión general, el LAP permite identificar alteraciones metabólicas tempranas asociadas a la grasa visceral. Cuando este valor se encuentra elevado, suele indicar la presencia de inflamación y un metabolismo de lípidos alterado, aun en personas que se consideran sanas o no reportan síntomas.
Para comprender por qué la obesidad abdominal es tan relevante, es necesario entender el comportamiento de la grasa visceral. Este tejido no es un simple almacén energético; actúa como un órgano endocrino capaz de liberar sustancias que promueven inflamación crónica, aumentan la resistencia a la insulina y elevan los triglicéridos. Estos cambios no solo favorecen enfermedades como la diabetes o la hipertensión: también incrementan la carga de trabajo del riñón. Con el tiempo, este ambiente inflamatorio puede alterar la filtración glomerular o provocar la aparición de pequeñas cantidades de proteína en la orina, señales tempranas de afectación renal.
Diversos estudios han demostrado que personas con LAP alto presentan un mayor riesgo de alteraciones metabólicas y renales, incluso cuando su peso se encuentra en rangos considerados normales. Esto explica por qué la obesidad abdominal se ha convertido en un marcador fundamental para la detección temprana de riesgo cardiometabólico. Muchas de estas alteraciones pasan inadvertidas en consultas rutinarias porque no producen síntomas claros, y la falta de signos visibles genera una falsa percepción de bienestar.
Una de las ventajas del LAP es que resulta sencillo de obtener. Basta con medir la cintura y contar con un análisis de triglicéridos reciente. Sin embargo, detectar un valor elevado no debe conducir a conclusiones apresuradas. Es fundamental que cualquier interpretación se realice bajo la supervisión de una o un profesional de la salud. La evaluación debe incluir no solo la medición de índices y antropometría, sino una revisión más amplia que considere antecedentes familiares, estilo de vida, hábitos alimentarios y un perfil metabólico, renal y hepático que permita conocer el estado real del organismo.
Cuando se identifica un riesgo asociado a la obesidad abdominal, lo más importante es definir un plan de acción adecuado. Cambios como mejorar la calidad de la alimentación, incrementar la actividad física, regular el sueño o reducir el consumo de alimentos ultra procesados pueden generar mejoras significativas. Sin embargo, estas recomendaciones deben adaptarse a las necesidades de cada persona. Intentar corregir la situación sin una orientación profesional puede derivar en estrategias ineficaces o incluso contraproducentes.
Para más información consultar el siguiente enlace: https://bmcnephrol.biomedcentral.com/articles/10.1186/s12882-022-03026-9
*Estudiante del Doctorado en Ciencias Médicas de la Universidad de Colima.
Las opiniones expresadas en este texto periodístico de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a El Comentario.


Que interesante! Gran aporte de la Maestra Susana Judith Salcido Jiménez
Excelente información