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ARTÍCULO: Historia del mayor Luis Villalvazo Amezcua

Por Redacción Ene12,2026

Un héroe colimense de la Revolución Mexicana y el Ejército Nacional

Por Rogelio Camarillo Carrillo

En las páginas de la historia regional de Colima late el nombre de Luis Villalvazo Amezcua, un hombre que encarnó el valor, la lealtad y el ascenso por méritos en tiempos turbulentos. Nacido el 25 de agosto de 1890 en Tonila, Jalisco, este militar colimense de corazón dejó una huella imborrable como mayor de caballería del Ejército Mexicano. Su vida, narrada con pasión por su hijo, el señor Humberto Villalvazo Sánchez -nacido en Durango en 1934 y residente en Monterrey, Nuevo León-, y complementada por su nieto, el profesor Luis Villalvazo Santos, revela un legado de heroísmo, perseverancia y profundo arraigo a Colima.

Esta entrevista, rescata anécdotas vibrantes de una época marcada por revoluciones, bandidos y cambios constantes. A través de sus palabras, revivimos la trayectoria de un soldado que escaló rangos por actos de valentía, persiguió legendarios forajidos y sirvió con rectitud hasta su jubilación.

 Orígenes y familia nómada

Luis Villalvazo Amezcua llegó al Mundo en Tonila, Jalisco, pero su familia se trasladó pronto a Villa de Álvarez, Colima, tras una devastadora erupción del Volcán de Fuego que sacudió la región en su infancia temprana. Desde niño, él se consideraba colimense de pura cepa: “Yo soy de Colima”, repetía con orgullo.

Su carrera militar lo convirtió en un eterno viajero. Como militar, los traslados eran constantes, y sus ocho hijos nacieron en distintos rincones de la República: el mayor en Villa de Álvarez (Colima), otro en Celaya (Guanajuato), uno en la Ciudad de México, otro en Aguascalientes, dos hermanas y Humberto en Durango, y el menor en Ciudad Victoria (Tamaulipas). Esta vida nómada forjó una familia unida, pero siempre en movimiento.

Trayectoria militar: De soldado raso a mayor por heroísmo

Joven aún, Villalvazo Amezcua combatió contra el régimen de Porfirio Díaz como civil, participando en los albores de la Revolución Mexicana. Tras el derrocamiento del dictador y el breve gobierno de Francisco I. Madero, se alistó voluntariamente en el Ejército Federal en Colima. Los jefes lo pusieron como ejemplo ante los reclutas forzados: “Miren, este muchacho se dio de alta por voluntad propia, y a ustedes tuvimos que traerlos”.

No necesitó el Colegio Militar: ascendió de soldado raso a oficial por “hechos heroicos” y méritos en el campo. Sirvió lealmente a lo largo de los turbulentos años revolucionarios, permaneciendo en el Ejército Nacional independientemente de quién estuviera en el poder -Madero, Carranza, Obregón y los que siguieron-. Formó parte del 28º Regimiento, entre otros, y combatió rebeldes en Colima, Jalisco y Zacatecas.

Alcanzó el grado de mayor de caballería, especialidad que lo distinguía de los de infantería. Al final de su carrera, le ofrecieron el ascenso a coronel, pero requería un pago que él rechazó: “Yo obtuve mis grados por hechos heroicos y trabajo, no por dinero”. Se jubiló con honor y vivió hasta el 27 de junio de 1985, a los 94 años, dedicado a su familia, la lectura, el ejercicio y sus animalitos en un terreno en Monterrey.

La persecución al legendario Indio Alonso

El episodio más épico ocurrió en Colima, cuando Villalvazo Amezcua, ya teniente, enfrentó al temido bandolero Vicente El Indio Alonso Teodoro (1882-1917), azote de la región entre 1909 y 1917.

Este forajido -que se autonombraba villista para justificar sus crímenes- asaltaba haciendas, robaba mujeres y aterrorizaba caminos en las sierras de Colima y Jalisco. Villalvazo, conocedor profundo del terreno, lo persiguió sin descanso: “No lo dejaba ni a sol ni a sombra”, tapando sus escapes y acosándolo en sus escondites, incluyendo la Piedra de Juluapan.

Según contaba el propio teniente Villalvazo: “El teniente Villalvazo le dio un balazo en la pierna al Indio Alonso. El indio herido fue con su amada Ramona Murguía; ella lo curó y acarició su cara para que su asistente (Esteban García) le cortara la cabeza y cobrar la recompensa. Porque el indio era muy astuto…” -aunque no recibió nada por ser considerada traidora-. Según asegura que la herida en la pierna fue de tal gravedad que le provocó la muerte, aunque este dato no lo menciona la historia local.

Este relato se inmortalizó en el libro La muerte del Indio Alonso (Urzúa Orozco, 2007), del historiador colimense Roberto Urzúa Orozco.

Nota: el libro erróneamente ubica el nacimiento del mayor en Oaxaca; la verdad es Tonila, Jalisco.

Otras anécdotas de valor y astucia

Humberto Villalvazo Sánchez recordó otro hecho dramático: en Aguascalientes, su padre comandaba una escolta de mulas con supuesta carga de víveres. En realidad, transportaban oro. Un informante alertó del peligro inminente de emboscada. Villalvazo y sus hombres escaparon justo a tiempo; los bandidos cayeron en la trampa al atacar las mulas vacías.

Durante la Segunda Guerra Mundial (1943-1944), ya mayor, participó en el reclutamiento de reservistas en Montemorelos, Nuevo León. Frente a un joven rebelde -hijo del alcalde local-, lo obligó a enlistarse con firmeza, reclutando incluso al padre por desafiar la orden presidencial. El hombre detrás del uniforme.

Vida personal y retiro

Tras el retiro, vivió modestamente con su pensión y trabajos menores, como en el Palacio de Gobierno de Monterrey. Dedicado por completo a su familia. Tras el retiro se dedicó a buscar a sus hijos que dejo durante el combate. Uno de ellos es Luis Villalvazo Polanco, y María Luisa Villalvazo Larios. Los encontró ya casados y con hijos, con mucho cariño continuó visitando a ambas familias.

Afirma Eulalia Villalvazo López: “El teniente llegó a la Hacienda de Los Polancos y ahí conoció a mi abuela Eulalia Polanco Fuentes. Tuvieron un Hijo Luis Villalvazo Polanco. Luis Villalvazo Valle, bisnieto, vive en Pueblo nuevo. María Luisa Villalvazo Larios nació en Tepames y aún sigue la familia”.

Su nieto Luis, rememora que en cada hotel había un directorio telefónico y buscaba a los Villalvazo con la intensión de encontrar a sus hermanos que se fueron tres a la Guerra de los Cristeros. Viajó a diferentes estados de la república mexicana buscándolos.

Sus familiares lo recuerdan como un ser humano excepcional: recto, humanista, estricto, dedicado a la familia y profundamente católico. Le gustaba leer, hacer ejercicio y, ya jubilado, cuidar sus gallinas, patos y pollitos en su terreno. Su nieto Luis lo visitaba de niño y trabajaba con él en el rancho, guardando recuerdos imborrables.

Murió el 27 de junio de 1985, a los 94 años, dejando un legado de rectitud, humanismo, disciplina y devoción católica. Sus descendientes lo recuerdan como un hombre estricto pero bondadoso, amante de la lectura y el ejercicio.

Un reconocimiento pendiente

Sus familiares solicitaron al municipio de Colima nombrar una calle en su honor, por sus raíces y contribuciones locales. La petición quedó pendiente -quizá esta historia impulse su merecido homenaje-.

La vida del mayor Luis Villalvazo Amezcua evoca la esencia de México en tiempos convulsos: valentía anónima, lealtad inquebrantable y amor por la familia y la patria. Un héroe de caballería que galopó por la historia, persiguiendo justicia en las sierras colimenses. Colima guarda en su memoria a uno de sus hijos más ilustres.

Referencias

-Entrevista realizada el 5 de enero de 2026 a Humberto Villalvazo Sánchez, Luis Villalvazo Santos y Eulalia Villalvazo López sobre la vida del mayor Luis Villalvazo Amezcua.

-Urzúa Orozco, R. (2007). La muerte del Indio Alonso. Archivo Histórico del Municipio de Colima. (Ediciones múltiples circulando desde finales del siglo XX; basado en testimonio directo de Ramona Murguía en 1973).

-Wikipedia. (2024). Vicente Alonso Teodoro. https://es.wikipedia.org/wiki/Vicente_Alonso_Teodoro (Consulta: 5 de enero de 2026). Entrada enciclopédica con referencias históricas sobre el bandolero.

Las opiniones expresadas en este texto periodístico de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a El Comentario.

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