Cuando la química y la casualidad se dan la mano
Doctor José Manuel Flores Álvarez
Estimada lectora, estimado lector:
Permíteme que te cuente una experiencia que tuve mientras trabajaba en el laboratorio y que inspiró este documento: jóvenes tesistas trabajaban en el laboratorio utilizando una solución química. Cuando ellos terminaron de trabajar, les mencioné que no desecharan la solución para poder reutilizarla más tarde. Al empezar a trabajar con dicha solución (cabe mencionar que era incolora), le agregué un compuesto químico llamado ferricianuro de potasio; ese compuesto tiene un color naranja muy fuerte por lo que, al agregar el ferricianuro a la solución, esperaba que esta adquiriera el mismo tono. Para mi sorpresa, la solución adquirió un color azul muy intenso que no esperaba. Buscando en la literatura, encontré que inesperadamente había sintetizado un colorante llamado “azul de Prusia”. Movido por la curiosidad, busqué un poco más sobre dicho colorante y resulta que también fue descubierto accidentalmente por Heinrich Diesbach en 1704 (321 años antes que yo).
Lo anterior, me puso a pensar: a lo largo de la historia ¿cuántos descubrimientos surgieron por serendipia, o como decimos en México, “por chiripa”, tales como la penicilina, los rayos X o la gravedad? A continuación, en cada párrafo, describo algunos casos enfocados en la química, donde la ciencia y la “chiripa” se unieron para revolucionar esta ciencia y que considero interesantes. Quisiera comenzar con un descubrimiento similar al que hizo Diesbach (y yo también): fue en 1856, cuando William Perkin, de apenas 18 años de edad, intentaba encontrar una forma de sintetizar quinina, un valioso tratamiento contra la malaria. Durante uno de sus experimentos, en lugar de obtener el medicamento, obtuvo accidentalmente una sustancia de color púrpura intenso que teñía las telas de manera sorprendentemente duradera. En una época donde los tintes naturales eran costosos y poco estables, este hallazgo fue revolucionario.
Así nació la mauveína, el primer tinte orgánico sintético de la historia, que no solo cambió el mundo de la moda, sino que también marcó el inicio de la industria química moderna. Cabe mencionar que antes de este descubrimiento, el tinte púrpura en la ropa era tan caro y difícil de conseguir, que solo reyes, emperadores o altos dignatarios podían costearlo. Ahora lo usamos tú y yo.
August Kekulé, considerado uno de los más prominentes químicos orgánicos del siglo XIX, llevaba tiempo desconcertado por la forma molecular del benceno (sustancia química líquida regularmente incolora), un compuesto cuyas propiedades no encajaban con los modelos conocidos. Una noche, mientras dormitaba en su sillón frente al fuego, tuvo un sueño que cambiaría la historia de la química: vio una serpiente que giraba sobre sí misma hasta morderse la cola, formando un anillo. Al despertar, comprendió que esa imagen era la clave que buscaba: el benceno no era una cadena lineal, sino una estructura en forma de anillo, como un hexágono. Gracias a ese sueño, Kekulé propuso el modelo cíclico del benceno, un descubrimiento que revolucionó la comprensión de los compuestos orgánicos.
El fascinante descubrimiento de la electroquímica no fue obra de un solo hombre, sino el resultado de curiosas observaciones y colaboraciones inesperadas. Se cuenta que, a finales del siglo XVIII, durante un experimento que desarrollaban Luigi Galvani y su esposa, Lucia Galeazzi, observaron que las ancas de una rana diseccionada se contraían al tocarlas con metales. Esto llevó a Galvani a postular la existencia de una “electricidad animal” inherente a los organismos vivos. Sin embargo, Alessandro Volta, intrigado por sus hallazgos -y después de algunas peleas con Galvani-, interpretó los resultados de forma distinta (y correcta): propuso que la electricidad venía del contacto entre metales, no del tejido vivo. Inspirado por esta idea, Volta construyó en 1800 la primera batería eléctrica (que aún hoy utilizamos en cada aparato eléctrico que tenemos en nuestros hogares) y con ella nació la electroquímica, una nueva ciencia que revelaría cómo la electricidad puede transformar la materia misma.
Muchos elementos químicos se descubrieron por casualidad, pero el descubrimiento del fósforo lo considero especial, fue uno de los primeros experimentos donde comienza a surgir la química a partir de la alquimia. En el siglo XVII, el alquimista Hennig Brand estaba obsesionado con encontrar la mítica piedra filosofal -sí, esa misma mencionada en la primera película de Harry Potter-, una sustancia legendaria que supuestamente podía convertir metales comunes en oro. Convencido de que la clave estaba en el cuerpo humano, comenzó a destilar grandes cantidades de orina, creyendo que contenía componentes valiosos. Tras días de calentamiento, obtuvo una sustancia blanca que brillaba en la oscuridad y emitía una extraña luz sin calor: era fósforo, un elemento químico nunca visto.
Y así, estimado(a) lector(a), podría extenderme y escribir un libro, pero no lo hago porque este escrito tiene un límite y también porque no sé cómo hacerlo. Espero te haya interesado y nos vemos para la próxima.
*Profesor e investigador de la Facultad de Ciencias Químicas de la Universidad de Colima.
Las opiniones expresadas en este texto periodístico de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a El Comentario.

