El largo viaje del chile (capsicum): de Mesoamérica a la cocina tailandesa
Por Nuchnudee Chaisatit*
Hoy es imposible imaginar la gastronomía tailandesa sin su característico sabor picante. El chile, presente en casi todos los platillos, parece haber formado parte de esta cocina desde siempre. Sin embargo, esta especia emblemática no es originaria del sudeste asiático. Su historia nos lleva de vuelta a América, particularmente a Mesoamérica, y a un proceso de intercambio global que transformó culturas enteras: el intercambio colombino.
El chile, conocido también como ají o pimiento picante, es un fruto del género Capsicum, originario de las regiones tropicales de América. Durante miles de años fue cultivado y consumido por pueblos indígenas del continente, desde América Central hasta el norte de México y el Caribe. Fue gracias a los viajes de Cristóbal Colón que este ingrediente comenzó su travesía intercontinental.
A finales del siglo XV, con la llegada de los europeos al continente americano, se inició un vasto proceso de intercambio de plantas, animales, alimentos y tecnologías entre el llamado Nuevo Mundo y el Viejo Mundo. Este fenómeno, conocido como el intercambio colombino, cambió para siempre los hábitos alimenticios de numerosas culturas. Productos como el maíz, la papa, el tomate y, por supuesto, el chile, cruzaron océanos y echaron raíces en nuevos territorios. Europa fue el primer destino, y desde ahí las plantas americanas llegaron a África y Asia.
En el caso del chile, su introducción a Asia estuvo marcada por la expansión marítima de los portugueses. En su búsqueda de rutas comerciales y especias, estos navegantes cruzaron el océano Índico y establecieron vínculos con diversas regiones del sur y sureste asiático. Hacia el siglo XVI, llegaron al Reino de Ayutthaya -actual Tailandia- donde no solo establecieron relaciones comerciales, sino que también sembraron semillas, literalmente.
Aunque no existen registros definitivos de quién introdujo exactamente el chile en Tailandia, existen varias hipótesis. Una de ellas sugiere que fueron los sacerdotes portugueses quienes llevaron semillas de distintas variedades de chile como obsequios diplomáticos. Otra versión apunta a Manuel Fragoso, un explorador que vivió en Ayutthaya durante dos años y cultivó chiles para su propio consumo. Sea cual sea la verdad, el impacto fue profundo y duradero.
Antes de la llegada del chile, los tailandeses utilizaban pimienta blanca y negra, originarias del sur de la India, para aportar picor a sus platillos. Pero la intensidad del chile, junto con su versatilidad culinaria, lo convirtió en una adición insustituible. El chile comenzó a usarse en salsas tradicionales como el Nam Prik, en curries y sopas, e incluso como complemento en platos que originalmente no lo contenían.
La integración del chile en la cocina tailandesa fue tan profunda que hoy forma parte de la identidad cultural del país. No se trata solo de un condimento, sino de un elemento que evoca emociones, rituales y prácticas cotidianas. Su consumo, según estudios, incluso puede compararse con la búsqueda de sensaciones fuertes, como montar una montaña rusa o ver una película de terror: es una forma segura de experimentar intensidad.
Durante el período de Ayutthaya (1351-1767), la ciudad del mismo nombre se consolidó como un centro comercial y cultural en el sudeste asiático. Su ubicación estratégica y la fertilidad de sus tierras permitieron una rica agricultura y una gastronomía variada, con el arroz como base alimenticia. Los documentos históricos de diplomáticos y comerciantes europeos de la época relatan con detalle la riqueza agrícola de la región y la evolución de su cocina.
A lo largo de los siglos, el chile no solo se convirtió en un ingrediente esencial en la cocina tailandesa, sino que también influyó en la gastronomía de países vecinos como China, India y Myanmar. Tailandia, a su vez, se transformó en uno de los principales productores y exportadores de chile a nivel mundial. Según datos recientes, ocupa el segundo lugar en exportación de esta planta, lo que demuestra su relevancia tanto cultural como económica.
La historia del chile en Tailandia es, en suma, un ejemplo fascinante de cómo un producto puede atravesar fronteras, integrarse en nuevas culturas y transformar identidades. Es también una muestra de cómo la cocina, como parte viva de la cultura, está en constante movimiento, absorbiendo influencias y reinventándose.
Para conocer más sobre este tema, puedes consultar el artículo completo en: https://doi.org/10.53897/RevPortes.2025.04.06
*Profesora e investigadora de la Facultad de Turismo y Gastronomía, catedrática del programa de Maestría en Alta Dirección de la Facultad de Contabilidad y Administración de Manzanillo, y miembro del Núcleo Académico Básico del Doctorado en Relaciones Transpacíficas de la Facultad de Economía, y Maestría en Emprendimiento e Innovación en Turismo de la Facultad de Turismo de la Universidad de Colima.
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