Y cae la “nieve negra” en Colima*
Por Nancy Elizabeth Molina Rodríguez**
“En Colima no cae nieve, cae tizne, es la nieve negra”, solemos escuchar esa expresión a manera de broma que va matizada por la decepción y la molestia. Sin embargo, si seguimos en reversa la caída de ese tizne, como cuando regresamos un vídeo hasta el inicio, veríamos un poco de lo que hay detrás de ese tizne, la producción de la caña de azúcar y con ello la mano de obra de familias migrantes y sus condiciones de vida.
El tizne que se desplaza a través del viento proviene de la quema de caña que se hace para que pueda ser cortada y acomodada por los jornaleros migrantes, en este proceso la combinación del tizne y la melaza impregnan sus cuerpos y sus ropas hasta ennegrecerlos.
Para cortar caña requieren que sus cuerpos permanezcan encorvados; abrazar la caña; tener fuerza y habilidad con el machete, tanto para hacerlo de manera rápida y cortar más, como para tener cuidado de no lastimarse o astillarse; así como tener resistencia física para soportar las condiciones de extremo calor y humedad, bajo las cuales un jornalero puede llegar a cortar hasta una tonelada y media, lo que implica diez o doce horas en el campo.
En este lapso, esposas o compañeras de vida les envían alimentos al menos 2 veces al día. Una vez terminada la faena, los trabajadores con sus cuerpos y ropas ennegrecidas por la melaza regresan al albergue donde prácticamente llegan a bañarse, cenar y descansar hasta el día siguiente que muy temprano volverán al campo cargando sus morrales donde llevan sus machetes y sus respectivas limas para afilarlos.
Adentrándonos más en la generación del tizne que vuela por la ciudad, preguntémonos: ¿Quiénes son estos hombres jornaleros migrantes? ¿Qué implica para ellos y sus familias este tipo de trabajo? Sin embargo, escuchar de viva voz sus experiencias, implica que ellos nos dediquen tiempo, el cual lo destinan, como ya vimos, a su trabajo y descanso, es por lo que accedemos a sus experiencias desde los discursos de las mujeres con quienes radican en los albergues, sean sus esposas o compañeras de vida, quienes nos abrieron un espacio, entre sus labores de cuidado, para charlar al respecto.
Nos situamos en uno de los albergues para familias jornaleras migrantes en el municipio de Cuauhtémoc, Colima, donde encontramos a varias mujeres que cocinan con leña en espacios improvisados afuera de los pequeños dormitorios; en los lavaderos donde tallan fuertemente la ropa para quitar la melaza, o lavan los alimentos que cocinarán; otras apoyando en las tareas escolares a sus hijos/as; otra más se baña en un espacio creado de manera improvisada entre los lavaderos y baños comunitarios, algunos ya sin puerta. En este contexto, recuperamos algunos testimonios de las mujeres acerca de sus esposos. Los siguientes son algunos de sus testimonios:
“Siento que es vergonzoso para un hombre que le digan eso, que se vaya o que no es bienvenido, sobre todo porque ellos también vienen a trabajar. Son trabajadores y la mayoría de los que están aquí en el albergue aguantan el calor, el cambio de clima, si llueve, si hace mucho calor, ellos de todas formas trabajan. Cada vez que migran tienen que conocer su nuevo lugar de trabajo, tiene que enfrentarse a las situaciones que haya, y sin importarle si es bueno o malo, el trabajo tienen que hacerlo”.
“Como pareja, pues afortunadamente yo tengo un buen marido, no toma. No como mi papá, que toma mucho, que se alcoholizaba mucho, y dije, yo no quiero un marido como mi papá; no, yo quiero otro marido”.
“Como padre, es difícil, como ellos no están mucho tiempo en la casa, y ya de día se enferma un hijo y pues uno tiene que estar ahí en el hospital, dar vueltas y pues… como el marido nomás trabaja, llega y pregunta cómo estuvo el día, pues como que no se preocupan tanto”.
Por otro lado, detrás del molesto tizne que el viento dispersa, también está la omisión del Estado mexicano de proveer las condiciones necesarias para garantizar salud, educación y trabajo digno a las personas de pueblos originarios que por su condición racializada, étnica, migrante y una larga historia de colonización se les oprime, violenta y vulnera de manera sistemática sus derechos humanos, por ello, a pesar de que la migración es una estrategia social, un ejercicio de la capacidad de acción y medio para posibilitar un cambio, casi a cualquier lugar a donde vayan en busca de mejores oportunidades de vida, se enfrentarán a la discriminación y exclusión por parte de la mayoría de la población residente.
Así, ante un panorama social complejo y desfavorecedor para las familias jornaleras migrantes, mayoritariamente provenientes del estado de Guerrero, éstas buscan mejores condiciones de vida actuales y a futuro, aunque solo veamos la lenta caída de la “nieve negra”.
*MOLINA RODRIGUEZ, N. E. (2021). Prácticas de masculinidad de los jornaleros migrantes desde la narrativa de las mujeres: discriminación, trabajo, paternidad y trabajo. Ra Ximhai: Revista Científica de Sociedad, Cultura y Desarrollo Sostenible, 2(17), 97-120. https://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=8523794
**Integrante del núcleo académico de la Maestría en Psicología de la Facultad de Psicología y de la Maestría en Arquitectura de la Facultad de Arquitectura y Diseño de la Universidad de Colima.
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