Por José Luis Negrete Ávalos
Dentro del contexto político de nuestro país, vuelve a resonar de nueva cuenta el tema de una Reforma Electoral desde fondo en una iniciativa de la presidenta de la República y la fuerza política que ostenta el poder.
Como una intención de modernizar el Sistema Electoral Mexicano detallando puntos claves que permitan de acuerdo a esta idea, una mayor eficiencia, moldeando dicho sistema de una forma precisa conforme a los retos que se viven actualmente.
Generando un nuevo debate entre las partes que integran este sistema electoral, retomando la idea de cambios sucesivos como sucedió en el 2008 y 2014 respectivamente al efectuarse este mismo camino que ha definido el desarrollo político electoral.
Entre los principales aspectos a considerar en esta propuesta se encuentra la figura de la representación proporcional, y la observación sobre su utilidad, la conformación y organización del sistema de partidos.
En cuanto a la participación ciudadana se plantea nuevamente la utilización de instrumentos como la revocación de mandato, y consultas populares como alternativa para evaluar el ejercicio de los funcionarios públicos.
El punto de partida para observar esta nueva propuesta radica en entender que toda iniciativa, idea o planteamiento de reforma, debe y tiene que observarse desde varias aristas.
Ante esto, el cuestionamiento que surge sobre esta posible reforma electoral es ¿Realmente existe la certeza de un cambio efectivo en una reforma electoral que surge en un contexto con retos de polarización y acaparamiento político?
La respuesta sólo puede obtenerse a través de los detalles que conforman esta propuesta, y una vez más la resonancia de las voces que están a favor y aquellas que están en contra, entendiendo de antemano que en las posturas sobre esta iniciativa, no solo deben centrarse en las distintas maneras de posicionarse.
Es decir, más allá de cualquier cuestión ideológica está la base del rescate sobre el concepto de democracia, y un verdadero sentido de participación popular, es poder alcanzar un sistema electoral que pueda coincidir con una realidad y un reto en la reivindicación de la política.
En esa coincidencia lograr que encaje la intención política, la libertad de perspectivas, el fortalecimiento de los mecanismos y efectos constitucionales que hagan efectiva la transparencia en los procesos y asignación de votos, en la deliberación de controversias de manera mucho más clara.
Sobre todo la motivación de la autonomía para el árbitro electoral, aspectos que aunque planteados de manera esencial en la propuesta de reforma, puedan concretarse con el afán y tarea única de favorecer la participación política.
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