El enfoque decolonial, apuntes desde la Historia del Derecho
Por Amado Ceballos Valdovinos
“Añejo bloqueo, amagos de invasión
el pie en el cuello, llevar hasta el paroxismo de casi la muerte
y luego, magia del imperio, brota
como el salvador predestinado, perdonavidas
con el arma escondida”
(Rolando Candiani)
Para hablar sobre el concepto y la praxis de lo que se conoce como decolonial, es necesario plantear 2 cuestiones: primero, desentrañar el concepto colonial ¿qué es y qué lo originó? Y segunda, la importancia del factor tiempo y temporalidad en la duración material/emocional y los efectos socio-históricos de lo conocido como colonial (dónde y qué sería entonces lo decolonial).
La naturaleza del concepto colonial se refiere de manera lisa y llana a la ocupación de un territorio determinado, llevada a cabo por un grupo de individuos y que dicho territorio esté habitado por un grupo social (mujeres, hombres, familias) con un orden establecido, de carácter jurídico, económico, social y cultural (religión, educación, idioma, costumbres entre otras) dicha ocupación puede ser por medio de la guerra, acuerdo o transacción (ver el caso de Israel)
En América se reconoce como la iniciación del periodo colonial con la llegada de los españoles en 1492. Se consolida la conquista y ocupación como arriba se define, en el año 1520-1521 con la caída de Tenochtitlan (el lugar donde crecen las tunas sobre las piedras) se desmoronó el imperio conocido como la triple alianza en el centro de lo que hoy es Ciudad de México y posteriormente ocupan también la zona Maya Quiché (tzotziles, tojolabales, mames etc.) para luego paulatinamente ir conquistando territorios como la zona Purépecha, los Tecos, la Huasteca, el Nayar, entre otros, así hasta imponer casi en su totalidad un idioma, religión (les llaman oficiales) educación, un sistema jurídico, un modo de producción feudal, un sistema de gobierno monárquico y sobre todo un sistema de reconocimiento social denominado clases sociales.
Según algunos historiadores la colonia o coloniaje termina con el inicio de la independencia de México de la corona española en 1810 y según, se consolida en 1821-1824 con la constitución de ese año. Hasta aquí hemos hablado de lo colonial de acuerdo al factor tiempo como una forma de medida “de aquí a aquí” tal como lo aprendimos en la escuela formal. Pero aquí es donde es necesario preguntar ¿de verdad ahí acabó el colonialismo? No, el colonialismo ha perdurado al paso del tiempo, si revisamos permanece un modo de producción impuesto desde las grandes elites nacionales e internacionales, las clases sociales perduran a partir del color de la piel, origen, religión pero sobre todo el modo de ver el mundo y nuestros congéneres (tanto tienes, tanto vales) En México se vive un coloniaje sin la corona española de 1521 pero dependiendo de otros poderes supranacionales, y es que además se tolera y exacerba a partir de la dominación simbólica como lo señala Pierre Bourdieu, es una dominación imperceptible, paulatina e imparable en ocasiones “buena onda”.
Por eso es necesario, ahora si retomar el concepto temporalidad para continuar con este análisis, la temporalidad es el inicio y el horizonte del ser, es el espacio y el lugar sin importar fechas en el que sucede lo que en filosofía se conoce como la duración objetiva/subjetiva de eventos humanos y colectivos más allá de la medición o las subjetividades interesadas. Dicho de otro modo la temporalidad se ocupa del suceso o secuencia de sucesos conexos que suceden en la realidad humana. La trascendencia de lo humano en el tiempo, en el devenir. Uno de los grandes efectos de ello es el surgimiento de las dictaduras las cuales afinan el colonialismo criollo (todas apoyadas por países colonialistas), a finales del siglo XIX y todo el siglo XX, ejemplos sobran así que solo solo mencionamos algunos; Leónidas Trujillo en Rep. Dominicana, Los Somoza en Nicaragua, López Rena en Argentina, Stroessner en Paraguay, Batista en Cuba y Porfirio Díaz en México, luego del México revolucionario se consolida en el poder un grupo formado por individuos y familias hegemónicas que se entronizan en el poder bajo el mismo mecanismo de la dictadura de un solo hombre, pero bajo la fachada de democracia contemporánea.
Es así entonces, que los efectos de la dominación colonial permanecen en América. Es por eso que más o menos a mediados del siglo pasado cobra fuerza una corriente muy importante, primero en la teoría y luego en la praxis social denominada Filosofía Latinoamericana, Gustavo Gutiérrez, Leonardo Boff, Enrique Dusel, Ernesto Cardenal entre otros le dan sustento ideológico y práctico a la experiencia de desvelar una realidad opresora en América Latina y entre esos desvelos incluye concientizar a la población del coloniaje que aún se vive y que es necesario decolonizar es decir dar marcha atrás y reconocernos como verdaderos pueblos autónomos e independientes, regresar y repensar el origen verdadero americano. En esta cuestión es necesario reconocer el trabajo del grupos sociales progresistas, que crearon la corriente conocida como la teología de la liberación aplicado a través de la vida cotidiana de colectivos conocidos como comunidades populares de base que trabajaron a participar de tres principios “Ver, Pensar y Actuar”, en México es necesario reconocer el trabajo realizado por los obispos Méndez Arceo, Samuel Ruíz y Llaguno Farías. En el ámbito educativo es importante destacar el trabajo universal de Don Paulo Freire con la Educación liberadora.
Entonces la decolonización es el proceso individual, colectivo y social de concientización de que seguimos, a veces inconscientemente, dependiendo de las políticas europeizantes teniendo en el centro de las aspiraciones comunes la desconciencia de clase, el régimen patriarcal, la preminencia de clases sociales, basadas en el color de la piel, en el idioma o la religión, marginando a ancianos niños y niñas y personas con opciones sexuales no binarias. Pero también la decolonización es actuar en la práctica cotidiana de los micro y macro espacios sociales.
*Coordinador del Semillero de Formación de Jóvenes en investigación en las ciencias Sociales y Jurídicas de la Facultad de Derecho, Universidad de Colima
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