Claro antecedente del próximo Mundial de Futbol 2026
Por Víctor Gil Castañeda.[1]
(Primera parte de 7).
Antiguas canchas para el Juego de Pelota
Lorenzo Ochoa y otros investigadores indican que en la fase de esplendor de las ciudades olmecas como; La Venta, San Lorenzo y Tres Zapotes, la especialización artesanal se hace evidente en la producción masiva de bienes suntuarios y en su expansión por todo el territorio del México antiguo. Los vestigios olmecas se encuentran desde Chiapas hasta El Salvador, fechados en el Preclásico Medio (2400-1500 a.C.).[2] La economía dependía de la agricultura, la pesca y la recolección, pero ahora todo un cuerpo de dirigentes, posiblemente sacerdotes, se orientaba de guiar las labores de su colectividad. A través de los restos escultóricos olmecas se percibe una clara diferenciación social y ocupacional, que va desde; los sacerdotes, los músicos, danzantes, hasta los jugadores de pelota, y cómo no, escultores especializados en el arte de la talla de piedra o jade como lo evidencía la hermosa ofrenda olmeca de La Venta, hoy en el Museo Nacional de Antropología e Historia de la CDMX.[3]
Agregan ellos, en relación a las fiestas o diversiones, que los mercaderes especializados en el intercambio a larga distancia provenían de la nobleza más alta, y en pocos casos, algunos macehuales acaudalados podían participar del arte de traficar. Utilizaban vías terrestres para el tráfico comercial, ayudados por tlamemes, que en su mayoría eran esclavos. Los cautivos de guerra también servían en palacio y labraban las tierras del señor. En Nochixtlán casi toda la población estaba dedicada a la actividad mercantil, y en Coixtlahuaca y Puuctla (zona Mixteca de Oaxaca) se celebraban ferias a las que concurrían mercaderes locales y extranjeros.[4]
Comentan que ubicado en el Estado de Morelos, en un cerro terraceado, se construyó la comunidad de Xochicalco hacia finales del Periodo Clásico (260 – 900 d.C.).[5] Sus principales edificios (la Pirámide de la Serpiente Emplumada, el Juego de Pelota, el Palacio, los Subterráneos, el Templo de las Estelas) evidencían una transformación de la arquitectura teotihuacana. El Juego de Pelota en Xochicalco puede ser uno de los más antiguos del Altiplano Central. El uso de calzadas es otra característica de este asentamiento. La ocupación original de Xochicalco se ubica entre los años 250 y 600 d.C. aunque su esplendor se da durante el Periodo Epiclásico (600-900 d.C.)…El sitio ocupó 4 km cuadrados…Los visitantes subían por una rampa ascendente hasta el núcleo del sitio donde se ha identificado una plaza, cerca del acceso, que bien pudo servir como mercado. El caminante desembocaba después en la plaza central, con la enorme Estructura “E”: la construcción piramidal con el templo más grande del sitio. De ahí podía bajar al Juego de Pelota Sur, ubicado en el lóbulo Oeste o Cerro de La Malinche. [6]
Juego de pelota en el Tlalocan (el Paraíso).
Citando Los coloquios de los doce frailes, Miguel León Portilla explica que es el lugar donde de algún modo se existe, donde las cosas están germinando y verdean. Allí nunca hay hambre, ni enfermedad y no hay pobreza…Agrega que otras razones más añaden los sabios nahuas en favor de sus creencias y tradiciones. No sólo fueron los dioses el origen de la vida: “cuando aún era de noche”, sino que en todo tiempo, son quienes la conservan: “ellos nos dan nuestro sustento, todo cuanto se bebe y se come, lo que conserva la vida, el maíz, el frijol”…Y hay más, a los dioses es “a quienes se debe el que se produzcan las cosas”, ya que ellos dan el agua y la lluvia. Como símbolo maravilloso de su poder fecundador se alude expresamente a la morada divina, “allá donde de algún modo se existe”: en Tlalocan. Morada de Tláloc, Dios de la Lluvia. Lugar donde las cosas siempre germinan y reverdecen.
Explica que Bernardino de Sahagún lo describía como El Paraíso Terrenal, al que también iban algunos de los muertos: “jamás faltan allí las mazorcas de maíz verdes, calabazas, ramitas de bledos, axí verde, tomates, frijoles verdes en vaina y flores, y allí viven unos dioses que se llaman Tlaloques, los cuales parecen a los ministros de los ídolos que traen los cabellos largos”.
Y respecto a quiénes eran los que iban al Tlalocan, el mismo Sahagún y otros cronistas, así como numerosos textos nahuas, nos certifican que tocaba este feliz destino a los elegidos de Tláloc, que los sacaba de Tlaltícpac, con una muerte que claramente indicaba su intervención personal, como; los que morían ahogados, los que morían fulminados por un rayo, los hidrópidos, y los gotosos. A éstos escogidos por el Dios de la Lluvia no se les incineraba, sino que sus cuerpos recibían sepultura.
En relación con el destino de quienes iban al Tlalocan…parece implicar un “ulterior desarrollo del alma del que murió por intervención de Tláloc”. Algo así como una velada doctrina acerca de otra posible existencia en la tierra, para quienes han ido al Tlalocan.[7]
Alfonso Caso, en su libro Obras. El México antiguo No.8, agrega que el Tlalocan es para los antiguos mexicanos la realización de su concepto de felicidad; el lugar siempre fértil y abundante en todo género de riquezas, en donde se dan los alimentos más preciados, las plumas más ricas, las flores más hermosas, el jade y las turquesas, la plata y el oro; en donde la vida se desliza suavemente entre cantos, bailes, juegos y diversiones; vida de abundancia y contentamiento, sin el temor a la sequía o la escasez, sin que el hombre necesite de su duro trabajo para hacer producir y fructificar la tierra. Este concepto de la felicidad, que nos han transmitido los cronistas y que nos hace penetrar en la filosofía misma del pueblo azteca, acaba de recibir su ilustración con una pintura mural recientemente descubierta en la gran ciudad sagrada de Tenochtitlán…Pero indudablemente el fresco más importante es el que se encuentra en la sala principal del Palacio, pintado sobre el talud que sirve de base al muro.[8]
Al centro hay una montaña, a cuyo pie se forma una laguna. De ella salen, en direcciones opuestas, dos grandes ríos en los que nadan los peces. Las aguas de estos ríos, en un estilo exclusivamente teotihuacano, están representadas por fajas de tres colores, decoradas con ojos, para indicar quizás las burbujas que parece que miran al que las observa.
El río, que queda a la derecha del que ve el fresco, y que es el único conservado en su totalidad, serpentea por entre campos de labor y va a dar finalmente a una laguna, en cuyo centro hay una isla y en ella una rana, árboles de zapote y cacao, plantas de maíz, y arbustos con flores, crecen a orillas del río y en la isla que está al centro de la laguna.
Volviendo al motivo central, notamos que alrededor del manantial del que salen los ríos, figurillas humanas pintadas de distintos colores se bañan en el lago y retozan en el agua. Hay quienes se sumergen arrojándose a ella de cabeza, otro nada de espaldas, otros se arrojan el agua con las manos y otro por fin, después de haber salido del baño, exprime su paño de caderas del que brotan algunas gotas.[9]
A la orilla del río otros hombres descansan debajo de los árboles o cortan flores y hay uno de ellos que come una caña de maíz que acaba de cortar. Más arriba otros cuatro individuos en una extraña danza, caminan cada uno con una mano entre las piernas, que es cogida por el que le sigue. En la esquina superior unos hombres sentados se divierten en un peculiar juego de pelota, en el que aparece está colocada sobre una especie de postes y los jugadores las golpean con los pies. Un individuo de frente parece presenciar el juego y quizá decidir en la contienda.
En otro lugar un individuo adulto carga a un niño; en otro, cuatro hombres con sendas ramas en las manos, tratan de cazar una mariposa, mientras que casi todos hablan o cantan y el terreno aparece sembrado de piedras verdes, es decir, que en este lugar ideal aun las rocas son preciosas porque están hechas de jade.
Hay una gran abundancia de mariposas de las que los mexicanos llamaban xicalpapalotl, porque estaban pintadas con los brillantes colores que decoraban las jícaras o vasos de cerámica, y también hay una libélula de alas transparentes y otros insectos. [10]
Material para elaborar pelotas
Ferdinand Anders y otros investigadores dicen que aparte del autosacrificio y del trance ritual, la relación con el “Otro Mundo” se establece mediante ofrendas. Comúnmente se colocaban hojas y flores de determinadas plantas, junto con recortes de papel y se quemaban; copal, rajas de ocote, pelotas de hule con plumas, etc. Citando a Fray Toribio de Benavente “Motolinía” se describe el material usado para elaborar las pelotas: “ponían también ulli, que es una goma de un árbol que se cría en tierra caliente, del cual punzándole salen unas cosas blancas, y ayúntanlo uno con otro, que es cosa que luego se cuaja y para en negro, casi como pez blanda; y de éste hacen las pelotas con que juegan los indios, que saltan más que las pelotas de viento en Castilla, y son del mismo tamaño, y un poco más prietas, aunque son mucho más pesadas. Las de esta tierra, corren y saltan tanto que parece que traen azogue dentro de sí”. Agrega el fraile que usaban este ulli para ofrecer a sus deidades. Los quemaban en papeles y corrían unas gotas negras. También ponían este ulli en los carrillos de sus ídolos.[11]
Continuará…
[1] Víctor Gil Castañeda es Licenciado en Letras y Comunicación (UdeC). Diplomado en Estudios de Opinión Pública (UdeG-UdeC). Maestro en Literatura Hispanoamericana (UNAM-UdeC). Brindó Apoyo Técnico, durante 22 años consecutivos al Seminario de Lengua y Cultura Náhuatl, ofrecido por la UNAM y la UdeC, donde laboró por 44 años: 7 como becario y 37 como trabajador de base, adscrito a la Facultad de Letras y Comunicación donde se desempeñó como catedrático PTC, hoy jubilado. Es autor de 5 libros individuales y ha colaborado en 26 libros colectivos relacionados con; el ensayo literario, el periodismo cultural, la crítica teatral y el análisis de la narrativa indigenista.
[2] GENDROUP, Paul. (2001). Diccionario de arquitectura mesoamericana. 1ª. reimpresión. México: Editorial Trillas. Versión en PDF, p. 167. Dice éste autor que el Periodo Preclásico (2400 – 1500 a.C.) es un periodo en que, una vez desarrollados los elementos esenciales de la agricultura mesoamericana, una gran parte de la población se iba adaptando a los ciclos agrícolas, así como a una vida de carácter sedentario más o menos permanente. Entre otros rasgos, se caracteriza por la aparición de la cerámica. Tiene sus inicios, según la región, entre 2400 y 1500 a. C. o aún más tardíamente; y aunque estrictamente hablando se refiere solamente a aquellas culturas que contienen el germen de su ulterior desarrollo clásico, se aplica de hecho a cualquiera de las culturas mesoamericanas del momento (incluyendo, un tanto paradójicamente, la olmeca) debido a sus connotaciones cronológicas y no sólo cualitativas
[3] OCHOA, Lorenzo. (Coordinador). (2002). “El mundo prehispánico”. Tomo I. En: Gran historia de México ilustrada. México: Planeta DeAgostini, CONACULTA e INAH, p.84.
[4] OCHOA, Lorenzo. (Coordinador). (2002). “El mundo prehispánico”. Tomo I. En: Gran historia de México ilustrada, ps.95-96.
[5] GENDROUP, Paul. (2001). Diccionario de arquitectura mesoamericana. 1ª. reimpresión. México: Editorial Trillas. Versión en PDF, p. 167. Indica éste autor que el Periodo Clásico (260-900 d.C.) es un periodo de florecimiento de la cultura maya, que abarca desde la segunda mitad del siglo III hasta fines del siglo IX o inicios del X, según la región. Este término se extendió, con un sentido no sólo cualitativo sino cronológico, al de otras culturas relacionadas –y de florecimiento sensiblemente contemporáneo– como; Teotihuacán, Monte Albán y El Tajín, a partir de lo cual el fenómeno olmeca más antiguo quedó relegado a ciertas fases del Preclásico o Formativo.
[6] OCHOA, Lorenzo. (Coordinador). (2002). “El mundo prehispánico”. Tomo I. En: Gran historia de México ilustrada, ps. 131-132.
[7] LEÓN PORTILLA, Miguel. “¿Se puede conocer sobre la tierra lo que nos pasa: el más alla?” y “El problema de la supervivencia en el más allá”. En: La filosofía náhuatl estudiada en sus fuentes, ps. 131-135 y 204-207.
[8] CASO, Alfonso. (2007). Obras. El México antiguo. No.8. Calendarios, códices y manuscritos antiguos. Zapotecas y mixtecas. Coordinadora Editorial Rosa Campos de la Rosa. México: El Colegio Nacional, ps.6-8.
[9] CASO, Alfonso. Ibidem.
[10] CASO, Alfonso. Ibidem.
[11] ANDERS, Ferdinand (de Viena, Austria); JANSEN, Maarten (de Leiden, Países Bajos) y REYES GARCÍA, Luis (de México). (1994). La pintura de la muerte y de los destinos. Libro explicativo del llamado Códice Laud. 1ª. edición. En la introducción y explicación se tuvo la contribución de Alejandra Cruz Ortiz. Colección Códices Mexicanos VI. México: Fondo de Cultura Económica y la Academia Druck-Und Verlaggast, p.83.

