Claro antecedente del próximo Mundial de Futbol 2026
Por Víctor Gil Castañeda.
(Segunda parte de siete)
Dimensiones de las canchas y algunas reglas del Juego de Pelota.
El Doctor Ángel María Garibay Kintana, en el apartado denominado Relación de Juan de Pomar, informa que en el año 1582 le fue solicitado a éste informante un documento que hablara de los dioses, ceremonias, antigüedades, rituales y costumbres de los mexicanos. En el número 115 de esta relación dice: “Pasaban el día en enseñarles a bien hablar, a bien gobernar, a oír de justicia, y en pelear de rodela y macana, y con lanza y con pedernal a manera de pica y aunque no tan larga. Y esto hacían los que ya tenían edad para ello. Otros se iban a la Casa del Canto, a deprender cantar y bailar. Otros al Juego de Pelota que se ha dicho”. [1]
Más adelante, en el número 116 agrega: “El cual estaba en la plaza pública y en medio de ella era el propio suelo y aunque algo levantado, de treinta pies de ancho (9.144 mts.) y de noventa de largo (27.432 mts.), cercado de paredes, de un estado en alto, con cuatro esquinas, muy encaladas por la haz que caía adentro, el suelo de él, sin encalar, sino muy limpio y hecho una raya por medio que atravesaba por lo angosto. Se ponían los jugadores los unos al un cabo, y los otros al otro, y servían con la mano la pelota, que era del tamaño de una mediana cabeza de un hombre, muy redonda, y del licor de un árbol como leche, el cual para cuajarlo lo cocían hasta cierto punto, con que se torna negro, que pesa como cuatro libras.
117.-Y saltando llegaban los otros jugadores, o salía a recibirle el que estaba por principal, sin pasar de la raya con los pies, ni aun con las manos, ni llegar a ella. Y dábale con el cuadril o muslo, y por la propia orden le daban otros, hasta que hacía ciertas faltas de las que tenían en cuenta y razón. Y los primeros que llegaban a las rayas con que vencían, ganaban a los otros las preseas y joyas que jugaban, que eran de todo género. Porque había personas ricas y principales que jugaban piedras preciosas y joyas de oro y plumería, esclavos, mantas de todos géneros y armas y arreos de guerra.
118.-Y había muchos jugadores que estaban en la mira, ateniéndose los unos a los otros. Jugaban de dos o de tres, cuando mucho, y a uno lo más ordinario. Había entre ellos grandes jugadores que hacían ventajas y partidos graciosos. Era juego de mucho ejercicio para la ligereza y soltura del cuerpo y fuerza de todos los miembros, y por eso era permitido por los reyes y algunos de ellos que salían de su autoridad le jugaban públicamente con señores y personas de suerte. Y al presente no le juegan, porque al principio de su conversión se les prohibió por los frailes, pensando que en él había algunos hechizos o encomiendas y pacto con el demonio. De manera que los más de los hijos de los nobles y gente rica se criaban en estos ejercicios, cada uno conforme a su edad que tenía y a lo que era más aficionado. [2]
Juego de Pelota en el Occidente de Mesoamérica.
Beatriz Braniff Cornejo y otros investigadores dan a entender que las materias preciosas o de gran valía hicieron posible el comercio beligerante, el cual se vio reflejado en las leyendas de sus dioses. Indican que un rasgo importante del Horizonte o Periodo Posclásico (1050– 1521 d.C.)[3] fue el desplazamiento que sufrieron las castas sacerdotales, tan importante en el periodo anterior. El arribo de las castas guerreras se debió al carácter bélico de la época, mismo que se configuró a causa de variadas circunstancias. Por más que la leyenda otorgue al Dios Quetzalcóatl el privilegio de haber estimulado un cúmulo de industrias ligadas a materiales preciosos, como una acción inocua, la verdad es que las materias primas debieron haber sido obtenidas de los pueblos que las producían, a través de mecanismos que oscilaron entre el tributo y el comercio. La esmeralda, la turquesa, el metal, las conchas y caracoles, las plumas, la cerámica conocida como “plumbate”, por decir de algunos objetos más conocidos, tuvieron que llegar a Tula a través de algún tipo de relación comercial. El estímulo que aceleró el intercambio fue, muy probablemente, la contundencia de un ejército. Esto explicaría la abundante representación de guerreros y la expansión inusitada de la cultura tolteca en casi todo el territorio mesoamericano. En este sentido, esta pudo ser la oculta razón que impulsó a los seguidores del Dios Tezcatlipoca a abandonar la política suave que representaba el sacerdote sabio y benevolente.[4]
Explican que la supremacía de Tula se mantuvo casi hasta el 1100 de nuestra Era. Las causas de su derrumbe se delinean en la leyenda ejemplar que retrata de cuerpo entero a las divinidades. Estando en el poder Huémac, los dioses de la lluvia (Tlaloques) lo retaron a vencerlos en el sagrado Juego de Pelota. El que triunfara obtendría los tesoros más preciados del enemigo: sus jades y sus plumas de quetzal. Como resultó Huémac vencedor, los Tlaloques decidieron cambiar el objeto de la apuesta por mazorcas de maíz, arropadas en las tiernas y verdes hojas de la cosecha. Inserto en la ansiosa ligereza que le provocaban recibir el premio, Huémac no comprendió el mensaje y exigió el cumplimiento de su promesa. A cambio de los resplandecientes brillos de los jades y de la sedosidad verdosa de las plumas de quetzal, Huémac obtuvo para su pueblo años completos de sequía. De la devastación producida, la ciudad ya no se recuperaría. En busca de los territorios menos asolados, los toltecas abandonaron a la incuria; sus casas, sus templos y sus palacios. La nueva diáspora arrojó a los sabios y renombrados artífices por diversos rumbos…Y tal como sucedió con Teotihuacán, los chichimecas advirtieron la debilidad de Tula. Las oleadas de los bárbaros no se hicieron esperar. Entre todas ellas sobresalió la llevada a cabo por el caudillo nombrado Xólotl. [5]
Al hablar de la arqueología del Centro-Oeste de Jalisco y Colima, hacia el año 400 d.C. esta zona se encontraba rodeada de sitios fortificados. Años antes, por el 200 a.C. se empezaron a construir complejos circulares en localidades estratégicas dentro de esta zona, desde la perspectiva tanto de la obtención de recursos escasos, a través de intercambio con las sociedades ya desarrolladas allá, como de la comunicación. Se han encontrado edificios circulares en el Valle de Banderas, Guaynamota (cerca de Nayarit)…así como cerca de Comala, Colima, donde existen edificios circulares monumentales…El clima se hizo un poco más cálido, tal vez reflejado en los niveles menores de agua en los lagos y pantanos dentro de la zona nuclear…El simbolismo cultural de los círculos concéntricos arquitectónicos debe haber sido algo distinto de cualquier otra cosa en el mundo mesoamericano del Periodo Clásico. Edificios de esa categoría sencillamente no existen en otras partes de Mesoamérica, aunque en el Occidente se han registrado cientos y cientos de ellos. No hay duda de que esta arquitectura de círculos concéntricos, junto con sus canchas del Juego de Pelota, monumentales, pueden haber servido como los puntos focales para el culto de una deidad relacionada con Ehécatl (Dios del Viento), entre otras, el que se ha identificado utilizando figurillas de tipo “volador”, así como el estilo de códices de las vasijas de pseudo-cloisonné.[6]
Agregan que había una jerarquía regional y un orden para la construcción arquitectónica indígena. Es decir, había un Estado segmentario de organización política y social en la zona nuclear. Existió, entonces, la presencia de una jerarquía de arquitectura ceremonial con; círculos, canchas de Juego de Pelota, zonas residenciales asociadas dentro de la zona total habitacional, y la probable organización de las zonas pobladas en los llamados barrios.[7]
Las culturas del Occidente de México conocieron la metalurgia, es decir, el trabajo con metales, su fundición y elaboración, gracias al comercio marítimo sostenido con grupos indígenas de; Colombia, Perú y Ecuador. Entonces, existen más elementos, como la arquitectura, que en estos momentos alcanzó monumentalidad, pues aparecieron; las canchas del Juego de Pelota, donde se pueden distinguir la presencia de traza organizada en extensas plataformas, así como patios y plazas con pirámides de ciertas elevaciones, calzadas y caminos empedrados, escalinatas y grabados en piedra para el adosamiento de los edificios.[8]
Es evidente que existía una densa población y una amplia organización social con presencia de centros cívicos ceremoniales, canchas para el Juego de Pelota, agricultura intensiva, mercados y un amplio desarrollo tecnológico que les permitió explotar una gran variedad de paleoambientes y transformar sus recursos. [9]
En el artículo titulado El Opeño. Un sitio formativo en el Occidente de México, se han encontrado tumbas parecidas a las de Colima, que eran similares en gran parte de Centro y Sudamérica, las cuales no eran construidas, sino cavadas en la matriz de terrenos dúctiles, pero compactos, como el “tepetate”. Este tipo de enterramientos perduraron a través de gran parte de la historia mesoamericana y sus diferentes regiones. La gente que aparece en las vasijas y cerámicas funerarias; era corpulenta, de talla alta, aplicada en el trabajo rudo y el ejercicio cotidiano. Por lo tanto, correspondiente a un desarrollo físico completo. La presencia de figurillas antropomorfas modeladas en barro subraya estos rasgos. Un caso concreto son las que representan a los atletas involucrados con una de las prácticas del Juego de Pelota, golpeada con un bastón. Por estos objetos se deduce también la costumbre de pintar y escarificar su piel. Igualmente, con propósitos estéticos o rituales aceptados entre ellos, así como el teñido del cabello femenino, en color rojo. Pero además, el ornato del cuerpo era enriquecido con el uso de; orejeras, collares, cascos y bandas. [10]
La religiosidad en los juegos.
El Doctor Miguel León Portilla, en el capítulo denominado Un juego ritual de los nahuas dice que resulta difícil comprender desde el punto de vista de nuestra llamada “cultura occidental”, formada por elementos de tan variadas procedencias, a veces faltos de integración y de un último sentido unificador de la existencia, cuál era el ambiente cultural en el que se movía el hombre náhuatl prehispánico. Por una parte, la profunda religiosidad de los nahuas, al teñir y matizar todos los aspectos de su vida, comunicaba el hecho a su acción y su pensamiento, un auténtico sentido de unidad. Por otra, la educación náhuatl plasmada en la ixtlamachiliztli (“acción de dar sabiduría a los rostros”), se encargaba luego de transmitir a los nuevos seres humanos, desde pequeños, ese supremo intento de hallar en todo, un sentido coherente con su arraigada visión religiosa del mundo. [11]
Así es como su simbolismo religioso, reflejado primero en sus artes y en su poesía, en sus “flores y cantos”, llegó a ser también la inspiración de todas sus creaciones culturales y de todas las instituciones de su vida familiar y social. Porque no sólo las supremas manifestaciones de su cultura (la educación, la moral, el arte, el derecho, el calendario, la filosofía, la guerra, la agricultura)…estaban hondamente matizadas por los grandes ideales de la visión náhuatl del mundo. El impulso unificador llegó asimismo hasta las diversas manifestaciones del juego y la diversión, que poseían siempre un manifiesto carácter simbólico. Citando a Fray Juan de Torquemada con su documento De los veintiún libros rituales y monarquía indiana, agrega que a su modo, vio e interpretó esto cuando a propósito del Juego de Pelota (Tlachtli) escribió: “no jugaban pelota sin hacer primero ciertas ceremonias y ofrendas al ídolo del juego; de donde se verá cuán supersticiosos eran, pues aún hasta en las cosas de su pasatiempo tenían tanta cuenta con sus ídolos”.
Continuará…
[1] GARIBAY KINTANA, Ángel María. (1993). Poesía náhuatl. Romances de los Señores de la Nueva España. Manuscrito de Juan Bautista de Pomar, Tezcoco 1582. Paleografía, versión, introducción, notas y apéndice. Tomo I. México: UNAM, IIH, ps. 178-179.
[2] GARIBAY KINTANA, Ángel María. (1993). Poesía náhuatl. Romances de los Señores de la Nueva España. Manuscrito de Juan Bautista de Pomar, Tezcoco 1582, ps. 179-180.
[3] GENDROUP, Paul. (2001). Diccionario de arquitectura mesoamericana. 1ª. reimpresión. México: Editorial Trillas. Versión en PDF, p. 167. Explica éste autor que el Periodo Posclásico (1050–1521 d.C.) es el periodo que sigue del Clásico y antecede la Conquista Española. Cubre aproximadamente de la segunda mitad del siglo X hasta la consumación de la Conquista (de 1521 en adelante, según la región), y suele subdividirse en; Posclásico Temprano y Posclásico Tardío o Histórico. Este último empieza, según los autores, entre finales del siglo XII e inicios del XIII.
[4]BRANIFF CORNEJO, Beatriz. (Coordinadora). (2004). Introducción a la arqueología del Occidente de México. Colección Orígenes de México. México: UdeC, CONACULTA e INAH, p.39.
[5] BRANIFF CORNEJO, Beatriz. Introducción a la arqueología del Occidente de México, ps.30-40.
[6] BRANIFF CORNEJO, Beatriz. Introducción a la arqueología del Occidente de México, ps. 319, 320 y 321.
[7] BRANIFF CORNEJO, Beatriz. Introducción a la arqueología del Occidente de México, p. 328.
[8] BRANIFF CORNEJO, Beatriz. Introducción a la arqueología del Occidente de México, p. 381.
[9] Ibidem, p.401.
[10] Ibidem, ps. 412-415.
[11] LEÓN PORTILLA, Miguel. (1991). Toltecayotl. Aspectos de la cultura náhuatl. Tercera Reimpresión de la 1ª. edición. Sección de Obras de Antropología. México: Fondo de Cultura Económica, p. 205.

