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Por Víctor Gil Castañeda
(Tercera parte de 7)
Pero esto que Torquemada califica de superstición –indica León Portilla–, en realidad muestra y confirma una vez más lo dicho un poco antes: el sentido unificador de la religión náhuatl era tan hondo y extendido que llegó a hacerse también presente hasta en los mismos juegos y diversiones. Sin embargo, no hay que pensar que por esto, dichos juegos perdían su carácter de esparcimiento, destinados a dar solaz y alegría a quienes participaban de ellos. Los textos y los testimonios recogidos a raíz de la Conquista nos muestran la pasión con que buscaban los nahuas esta clase de diversiones. Tan sólo que entre ellos el jugar y divertirse no implicaba prescindir por un momento de los ideales de su cultura. La misma diversión, todo lo agradable que se quiera, poseyendo un hondo sentido simbólico y ritual, servía por tanto como factor de integración del hombre náhuatl dentro de su forma peculiar de pensar y vivir. [1]
Entre los varios juegos y diversiones practicados por los nahuas, se habla con frecuencia de su Juego de Pelota (Tlachtli). Así como del famoso Patolli que, como se sabe, guardaba cierta semejanza con nuestro Juego de la Oca. Hay también en los Cronistas de Indias numerosas descripciones del juego conocido como El Volador, que hasta la fecha se repite cada año en algunos lugares como El Tajín, en Papantla, Veracruz. Así como de las distintas formas de danzas y de los numerosos géneros de suertes que hacían prestidigitadores y saltimbanquis, como hoy anacrónicamente podríamos llamarlos. Sin embargo, al lado de estos juegos mejor conocidos, existieron también entre los nahuas otros casi por completo olvidados, no obstante que hay abundante material en el que pueden ser estudiados. Miguel León Portilla cita como ejemplo el que fue rescatado por Fray Bernardino de Sahagún, a través de los indígenas informantes de Tepepulco, en la región de Tezcoco, que era conocido como Tochtecómatl (“Tazón del Conejo”). [2]
Ceremonias religiosas-deportivas, sacrificios y deidades en el Juego de Pelota.
El caso de los nahuas, aztecas o mexicas.
Demetrio Sodi y sus colaboradores indican que el Dios Xochipilli estaba íntimamente ligado con Centeotl y con otra deidad, quizás él mismo bajo el nombre calendárico de Cinco Flor o Macuilxóchitl. Era considerado como un Príncipe de las Flores, pero también era el Dios de la Primavera, del Baile, del Amor y del Verano. Se le representa adornado con flores, mariposas y con un bastón llamado yolopilli, con un corazón ensartado. Su glifo se llama tonallo, cuatro puntos que significan el calor del sol, pues es deidad solar a pesar de que algunos lo consideran afín a Tezcatlipoca Rojo, o Xipe. Era también el patrono de los deportes y los juegos. [3]
También fue conocido como Joven Dios del Maíz. Derramó; la alegría, el amor, la recreación, el arte, los juegos y los cantos, la mímica y las artes plásticas en las casas de todos los hombres. Este dios es concebido como el dador de la belleza, el que señala los caminos de lo estético, las formas y el color. Dos eran las fiestas programadas en honor a Xochipilli: la de la veintena o mes Tecuilhuitzontli y la de la Fiesta de las Flores o Xochilhuitl. Estas fiestas se llevaban a cabo en el templo Macuilmalinalli Iteopan, situado en el gran centro ceremonial tenochca. La primera luz de la mañana alumbraba a un joven, designado por sus méritos o su devoción, que iba lujosamente engalanado, pintado de color encendido y otros colores brillantes. Tal y como era la costumbre ritual de semejarse en vestimenta y signos, al dios cuyos atributos se quería representar. Todo el pueblo tributaba al joven honores como representante del dador de las flores y divino protector del Juego de Pelota. La música de los teponaxtles, flautas, huehuetles surcaba los aires con el canto y el delirio de la muchedumbre. Llegando a su climax cuando el dios iniciaba su danza que habría de durar varias horas…Cientos de codornices eran decapitadas a los pies de la estatua de Xochipilli y a los pies de su representante. [4]
Explican otros investigadores que como Príncipe de las Flores era un dios de tipo andrógino. Su nombre también significaría algo así como “El Señor y la Señora de las Flores”. Era dios de; las fiestas, las diversiones, los nobles, la música y los jolgorios. Su madre fue Xochiquetzal, como se dijo anteriormente. Su nombre tenía otra simbología, pues fue conocido como “Príncipe Flor”. Como varón representaba a un joven dios de; las fiestas, la pintura, la danza, los juegos, el canto, el amor y la escritura. Castigaba con enfermedades secretas a quienes no le guardaban ayuno. Estuvo identificado con Macuilxóchitl y relacionado con Centéotl. Laurette Séjourné dice que también era el patrono de los artistas. Regía o representaba el día 11 mono (ozomatli) del calendario. Este undécimo día estaba formado por un mono con vientre hinchado, cabellera hacia adelante y un disco que perfora su sien. Tiene el cuerpo desollado y lleva la estilización de una mariposa blanca sobre la boca. Encima hay un recipiente de agua que contiene a un pescador. [5]

Imagen de Xochipilli
También está el caso del Dios Xólotl. Significa el doble de Quetzalcóatl. Cuando los dioses estaban creando el sol y la luna, Xólotl trató de huir, pero Ehécatl, el dios del viento, lo persiguió. Aquel se transformó una y otra vez para confundirlo; en caña, doble maíz, maguey, en ajolote, hasta que al fin también es sacrificado. Xólotl, en náhuatl, quiere decir “El animal”. En la mitología mexica y tolteca es el dios de; el ocaso, de los espíritus, de los gemelos y del Venus vespertino, el cual ayudaba a los muertos en su viaje al Mictlán. También conocido como “Señor de la estrella de la tarde” (Venus) y del inframundo, Xólotl era conocido como “Dios del atardecer”. Xólotl era también el dios del fuego y de la mala suerte. Era gemelo de Quetzalcóatl, y la personificación maligna de Venus. Protege al Sol cuando viaja a través del inframundo durante la noche. También llevó adelante al género humano y le entregó el fuego de la sabiduría. En el arte, Xólotl fue representado como un esqueleto, un hombre con cabeza de perro. Xólotl también puede significar un animal monstruoso con pies invertidos, en náhuatl. Era también el patrón del Juego Ulama. Es identificado con Xócotl, como el dios azteca del fuego.
El nombre del ajolote (“Monstruo del agua”), un tipo de salamandra neoténica, natural de México, no proviene directamente del dios, aunque la mitología los relaciona directamente. Cuando los dioses debieron ser sacrificados para poner en movimiento al Quinto Sol, Xólotl se escondió para no ser muerto. Primero se convirtió en una planta de maíz de dos cañas y en ajolote (“xolotl”). Al ser descubierto echó a correr otra vez y se escondió en un magueyal, donde tomó la forma de una penca doble o mejolote o mexólotl; de “metl” (maguey) y xolotl. Una vez más lo halló el verdugo y escapó de nuevo introduciéndose al agua, donde se transformó en un anfibio llamado axolotl. Esta es su última metamorfosis. Finalmente, el verdugo lo atrapó y le dio muerte. Xólotl es un dios que le tiene odio a la muerte, que no la acepta y quiere escapar de ella mediante sus poderes de transformación.
El xoloitzcuintle es el nombre del perro mexicano sin pelo, también conocido como Perro Pelón Mexicano. Especie canina propia de México y Centroamérica. Es una de muchas razas de perros originarios de América. El nombre xoloitzcuintle viene del náhuatl y significaría: “Perro de Xólotl o Perro monstruoso”. Hace la referencia a Xólotl porque, históricamente, una de las misiones de este perro era acompañar a los muertos en su viaje en la eternidad, del mismo modo en que el dios era acompañante del viaje del Sol por el inframundo. A pesar de este lugar prominente en la mitología, la carne del xoloitzcuintle era parte de la dieta de algunos pueblos de Mesoamérica durante celebraciones religiosas especiales. Algunos cronistas dicen que también era representado como un perro de color oscuro, gemelo del Dios Quetzalcóatl. Era considerado “La estrella vespertina” (Venus), al contrario de su gemelo, “La estrella matutina”. Representaba los aspectos oscuros de la dualidad de los gemelos.
El investigador Donald A. Mackenzie se refiere al Dios Xólot que aparece representado en el Codex Vaticanus A, y agrega: “Esta deidad fue en uno de sus aspectos un ‘perro del Hades’ y como el dios egipcio de cabeza de perro, Anubis, un guía de almas. El dios de la muerte indio, Yama, tenía forma de perro. Los aztecas sacrificaban un perro para conducir a los muertos al otro mundo. Xólot es aquí una deidad compleja. Estaba relacionado con el fuego, el rayo, el sol y también con la fertilidad, la tierra y los sacrificios. Aquí se muestra con actitud penitencial y otros símbolos sobre la cabeza, un símbolo solar debajo de la oreja, un collar de conchas que da vida y el símbolo de Concha-Quetzalcóatl en el pecho”. [6]
El patrono del Juego de Pelota era el Dios Xólotl, deidad de los gemelos y la dualidad, porque para este juego se necesitaban dos equipos…El juego ritual de la pelota era el más importante y al igual que entre los mayas, tenía una explicación religiosa. El juego, entre los aztecas, representaba la lucha entre el dios solar (Tonatihu) y las fuerzas de las tinieblas (Mictlantecutli). El campo de Juego de Pelota era conocido como “Tlachtli”. Era la imagen del cielo nocturno. La pelota de hule macizo simbolizaba la esfera solar. Su vuelo por encima de la cancha simbolizaba el curso del sol que se mueve entre lo luminoso y lo oscuro. El anillo de piedra, por donde entra la pelota, simbolizaba la apertura en el cielo o la tierra, que servía a los astros para descender al inframundo y para resurgir en él. Eran los dioses mismos quienes jugaban y luchaban entre sí; Xólotl contra Quetzalcóatl, Tezcatlipoca Negro contra Tezcatlipoca Blanco. Los jugadores humanos solamente los representaban.[7]
En el mes o fiesta No.15 del calendario azteca, conocida como Panquetzaliztli, era la fiesta en honor de Huitzilopochtli, Dios de la Guerra, que abarcaba del 9 al 29 de noviembre. Eduardo Matos Moctezuma indica que en las crónicas y diversos códices encontrados se habla de la relación cerro-templo. Agrega él que hay un relato de la Fiesta Panquetzaliztli que está dedicada al Dios Huitzilopochtli, donde hay varios aspectos que vale la pena precisar:
a)Recorrido que hacen los esclavos que van a morir, cargando mantas y huipiles hasta depositarlos en el Calpulco. Pudiera ser reminiscencia de la peregrinación antes de llegar a Coatepec.
b)Sacrificio de cuatro cautivos en el Juego de Pelota y de otros diferentes lugares.
c)Se hacía una escaramuza entre dos bandos de esclavos. Un grupo eran los Huitzinahua, a quienes ayudaban los de aquel barrio.
d)Los cautivos daban una vuelta alrededor del templo, tal y como se dice que Huitzilopochtli los perseguía alrededor del Cerro de Coatepec.
e)Descenso de la Xiuhcóatl (Serpiente de fuego) imitada con teas y la cola y cabeza de papel en forma de serpiente. De las fauces salían plumas coloradas para que pareciera fuego.
f)Después de matar a los cautivos y esclavos, se arrojaba el cuerpo por las gradas del templo, al igual que el dios arrojó a Coyolxauhqui desde lo alto del cerro, desmembrándola. [8]
El investigador Patrick Johansson Keraudren agrega que en el contexto ceremonial del mes festivo Panquetzaliztli, después de una noche en la que se comían con solemnidad tamales de amaranto, al amanecer se efectuaba un ritual que buscaba fertilizar simbólicamente la tierra. Citando el Códice Florentino, se describía dicha ceremonia así: “Luego bajó Huitzilopochtli [Dios de la Guerra] de lo alto del templo. Cuando hubo descendido, se dirige a lo que se llama ‘el Juego de Pelota Sagrado’. Allí sacrifica a 4 víctimas; 2 de Amapan, 2 de Huappatzan. Una vez sacrificadas luego las arrastra por la cancha del juego. Es como si pintaran el suelo con su sangre”. [9]
Continuará…
[1] LEÓN PORTILLA, Miguel. (1991). Toltecayotl. Aspectos de la cultura náhuatl, ps. 205-206.
[2] Ibidem, ps.206-207.
[3] SODI MORALES, Demetrio; DÍAZ INFANTE, Fernando y LÓPEZ PORTILLO, José. (1977). Quetzalcóatl. México: Secretaría de Asentamientos Humanos y Obras Públicas. Participaron en la obra; Pedro Ramírez Vázquez (al cuidado de la edición), Beatriz Trueblood (edición y diseño), Miguel Ángel Corzo (coordinador del proyecto), Adela Fernández (redacción investigación), Abner Gutiérrez (gráficas y asesoría visual), Humberto Spíndola (investigación estética), Guillermo Aldana, Boris de Swan y Francisco Uribe (fotografías), ps. 47 y 192.
[4] SODI, Demetrio; DÍAZ INFANTE, Fernando y LÓPEZ PORTILLO, José. Obra citada. Ibidem.
[5] SÉJOURNÉ, Laurette. (1991). El pensamiento náhuatl cifrado por los calendarios. Tr. Josefina Oliva de Coll. 5ª. edición. Colección América Nuestra, América Indígena. Dibujos de Francois Bagot. Fotografías de Julio Pliego. México: Siglo XXI editores, p.26.
[6] MACKENZIE, Donald A. (2000). América precolombina. Mitología. Tr. María Jesús Sevillano Ureta. Madrid, España: EDIMAT Libros. Ediciones y Distribución Mateos, p.136.
[7] TIJERINA SÁNCHEZ, Luis Juan y TIJERINA SÁNCHEZ, Jorge Alberto. (1998). La actividad física y recreativa en el México prehispánico. 2ª. edición. México: Centro de Estudios Universitarios de la Universidad de Nuevo León, Dirección General de Derechos del Autor de la SEP. Con el número 11463/91, Libro 13, Fojas 8, ps. 57, 58 y 59.
[8] MATOS MOCTEZUMA, Eduardo. (2022). Vida y muerte en el Templo Mayor. Cuarta reimpresión de la 3ª. edición. Sección de Obras de Antropología. México: Fondo de Cultura Económica, ps.84-85.
[9] JOHANSSON KERAUDREN, Patrick. (2022). Xochimiquiztli, la muerte florida. El sacrificio humano entre los mexicas. México: Impresa por el Instituto de Investigaciones Históricas de la UNAM, ps. 83-84.

