Por Rogelio Camarillo Carrillo
Entrevista con Carlos Eduardo Reyes Ávila sobre su padre, el Maestro Juan Carlos Reyes Garza.
Juan Carlos Reyes Garza (1948-2012), pintor, grabador, historiador, lingüista y promotor cultural de origen chiapaneco, se convirtió en uno de los mayores referentes de la identidad colimense. Formado en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado “La Esmeralda”, autor del emblemático El Ticús. Diccionario de colimotismos y de monumentales estudios como La sal: el oro blanco de Colima y Al pie del volcán, Reyes Garza dejó una obra polifacética que sigue inspirando a generaciones. En esta conversación profunda y emotiva, su hijo Carlos Eduardo Reyes Ávila —reconocido teatrero y promotor cultural, creador del Encuentro de Teatro Popular Ticús-Ananga— comparte recuerdos, anécdotas y reflexiones que revelan la esencia humana y artística de un padre excepcional.
Infancia y convivencia con un padre extraordinario
¿Cómo fue crecer siendo hijo del Maestro Juan Carlos Reyes Garza? ¿Qué recuerdos más vivos conserva de su infancia junto a él?
No fue sencillo. No era un padre de fines de semana. Aun así, conviví con él en distintas etapas. La primera ocurrió cuando trabajaba para FONART en San Luis Potosí, en el Museo Regional de Cultura. Viví allí un año y fue fascinante: descubrí la Huasteca de la mano de alguien que me explicaba el significado profundo de las artesanías, los símbolos de los dibujos en las ollas y los grabados. Eso transformaba cualquier viaje en una experiencia única.
Otra temporada memorable fue en Guachochi, Chihuahua, conviviendo prácticamente un año con los rarámuris. Fue extraordinario formar parte de la comunidad, no como observadores externos, sino integrados en sus fiestas tradicionales. Allí vi nieve por primera vez —en metros, no en copos— y comprendí lo que significa aprender desde la vida misma. Aunque también recuerdo que, como maestro, era riguroso y preciso; esa misma exigencia la aplicaba en casa.
Involucramiento en investigaciones y proyectos artísticos
¿Lo involucraba en sus investigaciones o proyectos artísticos desde pequeño?
Más que involucrarme, yo me involucraba. Preguntaba, cuestionaba y lo acompañaba a conferencias, prácticas y reuniones. Desde niño presencié cosas que pocos niños ven: conferencias, restauraciones de piezas arqueológicas, procesos creativos y el rigor de un investigador incansable.
Antecedentes familiares
¿A qué se dedicaban sus abuelos? ¿Existe algún recuerdo especial de sus padres que él compartiera?
Nunca hubo pláticas profundas sobre la familia. Él tenía un archivo muy organizado, pero poco sé de las actividades de sus papás. Tampoco recuerdo que la familia de Juan Carlos participara en movimientos sociales de corte socialista.
Las múltiples facetas que definían su esencia
Como artista plástico, historiador, orador, lingüista y promotor cultural, ¿cuál de esas facetas definía más su esencia?
Todas. Era profundamente multifacético. Lo vi construir muebles de excelente calidad, realizar carpintería fina y escribir estudios exhaustivos. Por ejemplo, La sal consta de 4 tomos extensos que te transportan; recolectó sales de todo México y del Mundo, y llegó a montar una gran colección que se exhibió en el Museo de la Sal. También me enseñó grabado en los inicios del taller “La Parota”, cuando apenas comenzaba en la Casa de la Cultura. Fuimos alumnos juntos de ese espacio fundacional.
Formación en la esmeralda y su impacto en la historiografía
¿Cómo influyó su formación pictórica en La Esmeralda en su trabajo como historiador?
Creo que influyó mucho. Paralelamente a la pintura realizaba restauraciones de piezas arqueológicas como curador de arte prehispánico. Pintaba y restauraba al mismo tiempo. Esa mirada de artista enriqueció su rigor histórico y su capacidad para interpretar el pasado.
El origen de El Ticús. Diccionario de colimotismos
El Ticús ya va en varias ediciones y es referente de la identidad colimense. ¿Qué historias le contaba sobre su nacimiento?
Pertenecía al grupo de intelectuales “8 y medio”, que se reunía los martes o miércoles en el desaparecido Café Dalí, dentro de la Casa de la Cultura. Un día, al salir, Pedro Morales (o Pepe Negrete, según el recuerdo) le dijo: “Oye, Juan Carlos, ¿ya viste el ticús ananga?”. Se voltearon extrañados. Morales explicó que era un colimotismo en desuso: “ticús” y “ananga” (tonto). La frase proviene de una antigua costumbre: cuando los arrieros de Michoacán o Jalisco pasaban por Colima, una mujer enamorada les preparaba caldo de ticús para que olvidaran el camino de regreso. “El ticús te apendeja”. De esa anécdota surgió la idea de recopilar colimotismos. Yo era adolescente y no participé en la recopilación —él era muy meticuloso—, pero por esa historia mi festival se llama Tikús Ananga.
¿Qué significa exactamente “ananga”?
“Nanga” es tonto, simple. La expresión completa advierte que comer caldo de ticús te atonta.
El proyecto que más lo apasionó
¿Cuál fue el libro o proyecto que más le apasionó y por qué?
Todos, porque se entregaba por completo hasta exprimir el tema. El estudio de la sal es emblemático: cuatro tomos de más de trescientas páginas cada uno, viajes a Europa y a los orígenes, búsqueda de sales de mina y de mar, pruebas y análisis. También investigó los grabados en ollas de San Luis y del desierto; la casa estaba llena de ollas, cada una con su historia y función. Era un investigador apasionado hasta el final.
Su amor por Colima
Nació en Chiapas, pero se convirtió en colimense de corazón. ¿Qué le decía sobre su cariño por Colima y su gente?
Decía lo mismo que pienso yo: Colima es un paraíso. A una hora tienes montaña y a una hora playa. En su época era un lugar verde, pequeño, que llegaba hasta Las Amarillas. Le encantaba la Universidad de Colima, una de las primeras instituciones del país con sistemas de cómputo y correo electrónico. Él fue de los pioneros en usarlo.
Mantener vivo el legado familiar
¿Cómo ha sido para usted y su familia, incluida su hermana Diana del Carmen, y sus hermanos Pablo Igor y Juan Manuel, preservar su legado?
Yo solo conservo el apellido y el entusiasmo por el arte. Mi hermana Diana del Carmen fue heredera universal de sus proyectos, colecciones de arte (obras originales de Chávez Carrillo, Mexiac y el maestro Alejandro Rangel Hidalgo, entre otros), una biblioteca impresionante y miles de fotografías, libretas de apuntes y diarios. Era extremadamente detallista: anotaba lugar, fecha y contexto de cada imagen. Yo lo viví desde otro lado; quizá si hubiera tenido acceso directo lo vería distinto, pero así fue.
El foro que lleva su nombre
El Foro Juan Carlos Reyes Garza de Arqueología, Antropología e Historia lleva más de 10 ediciones. ¿Qué significa para usted que la comunidad académica y cultural lo siga homenajeando?
Me parece hermoso. Como hijo, me llena de orgullo que se valore su trabajo. Él nunca buscó protagonismo; era discreto. Que sigan reconociéndolo es justo.
Proyectos futuros y exposiciones
¿Existe algún proyecto o libro inédito que la familia planee publicar?
No lo creo. Actualmente estoy en pláticas con Alberto Alvarado y Carlos Giffard para realizar una réplica de la exposición en homenaje al Maestro Miguel ángel Cuervo, pero ahora con alumnos y conocidos del maestro. Surgió de los posts que publiqué sobre la muestra anterior. Además, el portal de Reyes está oxidado y el Museo de la Sal prácticamente abandonado; hace falta retomar ese seguimiento.
El encuentro de teatro popular El Ticús Ananga
Usted organiza el Encuentro de Teatro Popular El Ticús-Ananga. ¿Cómo surgió y en qué medida es un homenaje a su padre?
Surgió en un festival en Tépic, Aguascalientes, al reencontrar amigos que organizan festivales políticos y sociales autofinanciados por la comunidad (el tequio). Aquí no recibimos becas ni apoyos institucionales: la gente dona materia prima, los grupos y colaboradores no cobran, y el público gana experiencia y otra forma de vida. El nombre es un homenaje directo a la anécdota que dio origen al diccionario de mi padre.
Enseñanzas que aplica hoy como promotor cultural
¿Qué consejos o enseñanzas de su padre aplica en su labor como promotor cultural en Colima?
Escuchar, observar y callar. No juzgar de inmediato. Cuando haces un proyecto y te cierras, puedes perderte de algo valioso. Él era perceptivo; después comentaba, pero en el momento absorbía todo. Eso sí lo aprendí.
¿Su padre era más su papá, su amigo o su jefe?
Mucho tiempo fue mi papá. En los últimos dos o tres años se convirtió en mi amigo.
La cultura popular colimense hoy
¿Cree que la cultura popular colimense que tanto estudió su padre sigue viva y fuerte? ¿Qué se está perdiendo y qué se está ganando?
Es un tema delicado. Después del impulso de los años 2000 con el secretario Rubén, se acostumbró que la cultura es gratis y sin apoyo no hay. Eso frenó a muchos creadores. Hoy vivimos una decadencia institucional, pero también un renacimiento: comunidades de pintores, danzantes y escritores se unen y abren espacios independientes. Se ha perdido mucho, pero también se gana en autonomía. El Ticús sigue siendo lectura obligatoria en la universidad, aunque muchos jóvenes redescubren los colimotismos como algo “nuevo”. Lo importante es que la fuente sigue viva.
Mensaje a las nuevas generaciones
¿Qué mensaje les daría a las nuevas generaciones sobre la importancia de conocer y preservar la historia y las palabras de Colima?
Es fundamental conocer tu comunidad. El problema es la inmediatez de los celulares: la gente cree cualquier cosa que lee en internet. Hay cosas falsas que se vuelven “verdad”. Historiadores como él o Gregorio Torres Quintero se olvidan. El internet nos va a ganar tarde o temprano si no valoramos las fuentes reales.
Lo que más extraña y anécdotas personales
¿Qué es lo que más extraña de su papá, como persona y como creador?
Como persona, extrañísimo platicar con él, sus cafecitos y su comida. Cocina de primera, especialmente los postres y el arroz con coco (dulce o salado, a base de coco). Como creador, su obra está ahí, al alcance de todos.
¿Alguna enseñanza o frase que repita constantemente?
El buen café. Era muy exigente con él. El cigarro no, pero el café sí lo heredé.
¿Qué le gustaría que la gente recordara primero cuando piense en Juan Carlos Reyes Garza?
Su obra: pictórica, grabados, escultórica, literaria, histórica. Todo le costó trabajo y entrega. Un libro que me encanta es Cuentos del perro colorado (2004). Ojalá algún día pueda teatralizarlo.
¿Hay algún objeto, dibujo, foto o libro especialmente significativo para usted?
El Ticús, sin duda. Lo uso incluso para mi unipersonal Cuentos y leyendas de la piedra de Juluapan. También presenté parte de ese material en Querétaro con artesanos afectados por el cierre de su espacio. Tuve que explicar palabras como “Apelicar” o “anangar”. Es una forma hermosa de mantenerlo vivo.
Carlos, gracias por compartir estos minutos de recuerdos y vivencias. El Maestro Juan Carlos Reyes Garza nos dejó un legado inmenso que enriquece a Colima para siempre. Su memoria es imborrable y su aporte, eterno.
Las opiniones expresadas en este texto periodístico de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a El Comentario.

