Lun. Mar 16th, 2026

COLUMNA: Ciencia y futuro

Por Redacción Mar10,2026

Microplásticos, el legado invisible del plástico

Por Doctora Silvia G. Ceballos Magaña*

A partir de la industria petroquímica a inicios del siglo XX se inició la producción de plásticos. Desde entonces, los hidrocarburos como el petróleo y el gas natural han sido la base para la fabricación masiva de una infinidad de productos que cambiaron totalmente nuestra vida diaria. Los plásticos se emplean en una amplia variedad de sectores, destacando la industria del embalaje, automotriz, construcción, medicina, electrónica, mobiliario, alimentación y agricultura.

Su versatilidad, durabilidad y sobre todo bajo costo, los convierten en materia prima de miles de productos, entre ellos, los de un solo uso. Y si bien su durabilidad y bajo coste son sus principales bondades, también son sus principales defectos, pues se estima que en el año 2024 se produjeron 500 millones de toneladas de plástico a nivel mundial, del cual el 76% termina desechándose y solamente el 9% se recicla adecuadamente.

Esto implica que el resto termina en vertederos y cuerpos de agua, donde se degradan lentamente por factores físicos, como el calor, la fricción y la radiación solar, dando lugar a una   fragmentación en piezas cada vez más pequeñas tras años y años de constante desgaste. Por lo que independientemente del tipo de plástico, cuando se degradan se clasifican por su tamaño: mesoplásticos, microplásticos y nanoplásticos.

Técnicamente, los microplásticos son plásticos de tamaño entre 5 milímetros a 1 micrómetro. Entonces, a partir de lo anteriormente expuesto, no es nada raro encontrarlos en el medio ambiente y con tanta frecuencia, si se producen desde hace más de 100 años y pueden persistir entre cientos a miles de años en el medio ambiente, solo se hacen más pequeños.

Es por eso por lo que la contaminación por microplásticos (MPs) se ha convertido en un problema global. Estos han sido detectados en todos los ecosistemas, desde las fosas oceánicas más profundas hasta el aire que respiramos. 

En los últimos años, múltiples estudios han confirmado la presencia de MPs en la cadena alimentaria humana. En particular, a partir del año 2020 se han publicado artículos donde revelan su presencia en productos de consumo habitual como el agua embotellada, sal, mariscos y el azúcar; su presencia se encuentra tan extendida en alimentos, que incluso, la Organización Mundial de la Salud (OMS) advierte que un individuo promedio podría ingerir hasta 5 gramos de plástico por semana. En contraste, en México se cuenta con un número reducido de estudios sobre MPs en alimentos, y la mayoría de lo reportado se ha centrado en bebidas. 

Los retos desde el punto de vista de investigación se pueden agrupar en cuatro grandes rubros:

-Desarrollo de métodos más precisos. Por su tamaño es difícil su análisis ya sea para cuantificar la cantidad presente en alimentos y aún más complejo identificar el tipo de microplástico.

– Evaluación de la ingesta en alimentos. Esto es retador, se ha observado que son un tipo de contaminación difusa, es decir, los MPs entran a los alimentos por las materias primas que se utilizan para su elaboración (agua, azúcar, sal, por ejemplo) y por el mismo proceso de producción. Es prioritario evaluar el consumo de la población con base a su estilo de vida para a partir de esto empezar a identificar los riesgos.

– Tecnologías eficientes para eliminarlos y/o degradar. ¿Qué hacemos con la contaminación de MPs que existe ya en todos los ecosistemas?, obviamente la solución no es que se vuelvan cada vez más pequeños, porque su tiempo de vida media es de miles a cientos de años dependiendo del tipo de plástico. Por lo tanto, proponer tecnologías que ayuden a disminuir su contaminación es importante y esta va a depender del tamaño del plástico y en dónde se encuentre. No hay soluciones sencillas.

– Sustitución por otros materiales. Proponer materiales que sustituyan a los plásticos en productos de un sólo uso. Por ejemplo, en empaques, productos desechables (popotes, vasos y platos de poliestireno, bolsas) y aditivos de productos cosméticos.

En todas estas líneas de investigación ya existen grupos de especialistas trabajando activamente. Sin embargo, algo igualmente importante es crear conciencia en la sociedad: conocer el problema debería ayudarnos a tomar mejores decisiones en nuestros hábitos de consumo. Si alrededor del 40% de la producción anual de plástico se destina a productos que usamos en nuestro día a día, podemos elegir mejor, dentro de nuestras posibilidades, y cambiar hábitos de forma consciente.

Llevar bolsas reutilizables al supermercado, preferir utensilios de cocina de madera o acero en lugar de plástico, evitar desechables en fiestas, usar termo reutilizable, pedir las bebidas sin popote y comprar productos a granel son ejemplos concretos. Estas y muchas otras acciones que seguramente ya estás pensando son relevantes. Es a través de estos cambios cotidianos que podemos avanzar hacia una economía más circular, con prácticas más sostenibles para todas y todos.

Para más información sobre el tema del presente texto, puede consultarse el siguiente enlace: https://taqam.amqa.org.mx/wp-content/uploads/2025/12/Numero-3-TAQAM-2025.pdf

*Profesora e investigadora adscrita a la Facultad de Ciencias de la Universidad de Colima.

Las opiniones expresadas en este texto periodístico de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a El Comentario.

Autor

Related Post

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *