Por Rosa Díaz
Las mujeres afganas “han sido abandonadas por el Mundo”, según denuncian ellas mismas en el trabajo de la fotoperiodista italiana Valentina Sinis, en el que retrata cómo las afganas se saltan con valentía las prohibiciones de los talibanes y se atreven a asistir a clase o a trabajar.
Mujeres que se arriesgan a ser castigadas por montar talleres para otras mujeres, adolescentes que van a clases clandestinas o doctoras que intentan que no se degrade todavía más el servicio sanitario que reciben las afganas son las protagonistas de la exposición del Premio Luis Valtueña, que tras su paso por Madrid recorrerá varias ciudades españolas a lo largo del año.
“Si las mujeres afganas desvelaran sus historias” es el título de la serie con la que Sinis intenta dar voz a un colectivo que pide “que el Mundo no las olvide”, según aseguró a EFE la fotoperiodista, finalista del Premio Internacional de Fotografía Humanitaria Luis Valtueña que falla anualmente Médicos del Mundo.
Un problema sanitario por falta de doctoras
Uno de los temas sangrantes que aborda la serie fotográfica es el problema sanitario que provoca el hecho de que las familias conservadoras afganas no permitan a sus parientes femeninas recibir atención médica de varones, más acuciante si cabe cuando el Gobierno del país prohibió la educación secundaria y superior de las mujeres.
Más de 3 mil mujeres que se graduaron en medicina antes de esta prohibición no pudieron presentarse a los exámenes de certificación necesarios para ejercer.
Esta decisión privó de una generación de nuevas profesionales a un país que ya sufría escasez de doctoras, recuerda Sinis.
Clases prohibidas y salones de belleza clandestinos
Desde que los talibanes volvieron a tomar el control, se han promulgado más de 70 normas para restringir el acceso de las mujeres a la educación, el trabajo, la atención sanitaria y la libertad de movimiento.
Estas limitaciones afectan a las mujeres en todos los ámbitos, desde los espacios públicos hasta sus propios hogares, donde se enfrentan a restricciones diarias en cuanto a su libertad de movimiento, sus oportunidades e incluso sus pequeñas decisiones.
“Sin embargo, las mujeres afganas siguen demostrando una fuerza increíble. Sus decisiones cotidianas, como salir de casa, dirigir negocios u organizarse en sus comunidades, son actos valientes”, subraya la fotógrafa.
Las fotografías de Sinis muestran a las mujeres en clases prohibidas de costura o salones de belleza clandestinos, ya que estos últimos han sido vetados por el Gobierno, que alega que ofrecían servicios prohibidos por el Islam.
Mujeres expulsadas de jardines y parques naturales
La serie fotográfica también retrata espacios públicos, como los Jardines de Babur, un lugar icónico de Kabul de más de mil metros cuadrados por el que ya no pueden pasear la mujeres porque les ha sido vedado; o el parque nacional Band-e-Amir, de cuyos lagos e imponentes acantilados tampoco pueden disfrutar las mujeres.
Sinis sigue en contacto con las afganas que conoció en su último viaje, y ellas insisten en que “Occidente las ha apuñalado por la espalda” y “el Mundo libre” las ha traicionado, “desde que los talibanes llegaron a un acuerdo con la comunidad internacional”.
“Ellas quieren que no se las deje atrás ni se las olvide -añade Sinis-. Quieren que la comunidad internacional ejerza presión diplomática sobre los talibanes para que permitan a las mujeres estudiar, trabajar y viajar”.
Las opiniones expresadas en este texto periodístico de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a El Comentario.

