Entre la información y la decisión en la inversión: un parpadeo costoso
Por Doctor Benjamín Vallejo Jiménez*
Muchas personas y empresas invierten dinero cada día, en general bajo una misma idea: ganar dinero. Hay inversiones más o menos seguras, pero si ambas opciones dieran a ganar el mismo capital, no parece razonable elegir comprometerlo en la más riesgosa cuando hay otra que ofrece lo mismo con mayor seguridad. Por eso, las inversiones más riesgosas suelen ofrecer más dinero.
Es entonces que estas personas y empresas deben decidir cuánto invertir y en qué hacerlo, buscando equilibrar el riesgo dentro de un nivel con el que se sientan en comodidad y, al mismo tiempo, seguir obteniendo alguna parte de sus ganancias de forma más segura.
A esta forma de repartir el dinero entre distintas opciones le llamamos portafolio, y puede ser tan sofisticada como se quiera. Existen matemáticas muy avanzadas y empresas completamente dedicadas a decidir cuánto y cuándo invertir. Si se piensa bien, tiene sentido: con una buena decisión se puede ganar mucho dinero, y con una mala también se puede perder mucho. Nadie sabe exactamente qué va a pasar. Lo que sí hacen las personas y las empresas es buscar información, hacerse una idea de lo que puede venir y tratar de actuar a tiempo.
Aquí aparece una pregunta muy interesante: ¿basta con tomar decisiones sobre en qué, cuánto y cuándo invertir con la información disponible en el momento? ¿Es suficiente hacer esa elección una vez al mes? ¿Una vez a la semana? ¿Cada día?
Todo esto parte de una forma muy conocida de estudiar decisiones sobre el dinero. La idea es imaginar a una persona que, en cada momento, debe repartirlo entre una opción más segura y otra que puede dar una mayor ganancia, pero también implica más riesgo. Desde hace muchos años, esta forma de estudiar el problema ha ayudado a entender cómo la gente ahorra, invierte y planea.
Lo que un buen amigo y yo proponemos en la investigación de la que hoy les platico es una posible respuesta a la siguiente pregunta: ¿para tomar una decisión solo debe contarse lo que ya ocurrió o también conviene tomar en cuenta cómo se va formando la información mientras los cambios están ocurriendo? La pregunta puede sonar extraña, pero surge de algo muy simple: entre el momento en que recibimos información sobre cómo están las cosas, el tiempo que nos toma decidir qué hacer con el dinero y la ejecución de esa decisión, pasa tiempo. Y durante ese tiempo, las circunstancias pueden cambiar, al grado de que la decisión tomada ya no sea la correcta.
Una manera fácil de imaginarlo es pensar en alguien que va manejando por una avenida muy transitada y parpadea un instante. Un parpadeo rápido no afecta demasiado el proceso de ir ajustando la dirección y velocidad mientras observa el espacio que se abre, la velocidad de otros autos y el ritmo del tráfico. Pero si el parpadeo dura más por cualquier motivo, entonces resulta útil tener una expectativa de hacia dónde van los autos, qué movimientos pueden hacer y cuánto falta para llegar al siguiente paso de peatones.
No se trata de adivinar. Se trata de entender mejor lo que pasa alrededor durante esos pequeños momentos en los que dejamos de ver con claridad. Con las inversiones pasa algo parecido. Los precios pueden moverse muy rápido, y la forma de leer esos movimientos puede cambiar la decisión, una decisión que, como ya vimos, puede ser muy costosa.
La parte más interesante aparece cuando los precios no se comportan siempre igual. Hay días o temporadas en que casi no cambian, y otras en que suben y bajan mucho. Siguiendo la analogía de ir manejando, el riesgo durante esos parpadeos aumenta mucho más con cada instante adicional cuando los autos y las personas alrededor se mueven de forma impredecible, haciendo necesario reducir la velocidad.
En términos de inversión, esto puede traducirse en elegir opciones que ofrezcan menos dinero, pero también mayor seguridad, o bien, como proponemos en nuestra investigación, esforzarnos en anticipar mejor esos comportamientos para seguir manteniendo buenas ganancias.
Cuando una persona tiene que decidir rápido, cuando la información llega poco a poco y cuando tardarse puede significar perder una oportunidad, la forma de percibir esa información importa mucho más.
Visto en conjunto, proponemos que invertir no depende solo de cuánto dinero se tiene o de cuál opción se elige. También depende de cómo se entiende la información cuando todo cambia rápido y de qué expectativas confiables tenemos sobre cómo cambiarán las cosas en el futuro cercano.
Es algo en lo que muchas personas que trabajamos en finanzas pensamos todos los días, y que, sin notarlo, quizá también vivimos como sociedad cada vez que tomamos decisiones informadas mientras las condiciones a nuestro alrededor siguen cambiando.
Para más información sobre el presente tema, puede consultase el siguiente enlace: https://doi.org/10.48550/arXiv.2602.08527
*Profesor e investigador de la Facultad de Economía de la Universidad de Colima.
Las opiniones expresadas en este texto periodístico de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a El Comentario.

