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ARTÍCULO: Los altares del viernes de Dolores

PorRedacción

Mar 22, 2024 #Opinión

Por José Luis Larios García

Una de las tradiciones más populares realizadas en Colima a finales del siglo XIX y parte del siglo XX, fue la colocación de altares en las viviendas de las personas católicas. Esta actividad religiosa se desarrollaba los viernes de Dolores de cada año. También se les conoció como “incendios religiosos”, pues según Francisco Hernández Espinoza, las casas se iluminaban con “mecheros”, de débil luz, levantando altares a la virgen de Dolores colocados frente a las ventanas de la pieza principal de las habitaciones.

En aquel tiempo, la población de ciudad de Colima recorría los caminos y callejones maltrechos, con poca luz nocturna para atravesar las huertas, arrabales, estanques del río Colima y buscar los árboles con frutos de la temporada; aún no existía el alumbrado público como tal; se utilizaban antorchas o faroles, encendidos aceite de coco y se instalaban en los espacios más concurridos como puentes, plazas o edificios públicos.

Durante la noche, los altares diseñados por los feligreses, se iluminaban con velas o cirios benditos, esto hacía que las casas y calles pareciera que realmente se incendiaban y, con ello, se demostraba el gran fervor católico. De igual forma, decoraban “con ramas verdes de árboles diversos, pero sobre todo con el follaje verde, brillante y oloroso de una planta llamada garrapatilla adornándose el altar y sus lados con numerosas figuras que representaban palomas, animales y ángeles que eran cortados en cartoncillo de color blanco, quedando en la parte central del incendio, la imagen de la virgen de la Dolorosa” (Hernández, 1968: 121).

La representación de la santísima virgen, forma parte del dolor propio de una madre que llora ante el sufrimiento de su hijo, Jesús. La advocación se celebra el 15 de septiembre, pero toma relevancia en la cuaresma, es decir, el viernes anterior al domingo de ramos. En Colima, la observamos en la devoción a Cristo Crucificado y representado en el misterio del “Señor de la Expiración y la Dolorosa”. También en la primera mitad del decimonónico un barrio de la ciudad capital llevaba como nombre “barrio de Dolores”, ubicado en el tercer cuartel, colindante con el convento-hospital de San Juan de Dios (AHMC: caja 52, exp. 39, 5 ff.).

Algunas personas arreglaban “incendios de bulto”, los cuales estaban personificados por jóvenes para representar a la madre de Dios. El propósito fue recordar las “lágrimas de la virgen”, a través de “servir y obsequiar a los visitantes diversas clases de licor” (Hernández, 1968: 121). También se llegó a regalar agua fresca elaboradas con fruta de temporada, como tamarindo o papaya, la cual simboliza las lágrimas de la Dolorosa.

La tradición de los altares o incendios se ha perdido con el paso de los años, todavía en algunos puntos de la ciudad se resiste en desaparecer; sin embrago, la celebración religiosa nos evoca a las costumbre y tradiciones de Colima y su región, adaptadas a las circunstancias propias de la época.  

Fuentes Consultadas

Archivo Histórico del Municipio de Colima

Francisco Hernández Espinoza, El Colima de ayer, Colima, 1968.

Las opiniones expresadas en este texto periodístico de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a El Comentario.

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