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COLUMNA: En palabra Llanes

Por Redacción May16,2024

La primera cerveza

Por Alberto Llanes

(…) que me entierren con cerveza

la bebida, la bebida de reyes.

“Alcohol y rock and roll”, La Cuca

Oscar Galileo Ochoa Soto/Alfonso Luis Fors Ferro

La canción de rock del grupo La Cuca, que cito en el epígrafe, dice claramente “aunque podría ser también oscuramente como a mí me gusta beberla y bien fría…”, que la cerveza es una bebida de reyes. Dijera Jaime Sabines; yo no lo sé de cierto, pero supongo que sí, que ese sabor amargo característico, no es para todos los paladares, menos su color, textura, espuma y todo lo demás. Su refrescante asfixia, por ejemplo.

No sé si soy experto en el arte de beber, consumir, comprar e ingerir esta bebida, pero lo he hecho desde hace mucho, mucho tiempo; es mi debilidad, mi talón de Aquiles, “Baeza caguama, por favor”.

Vivo en La Costa “que, por cierto, desde hace un par de años se ha convertido en mi cervecería favorita la de La Costa”, y el calor hace que uno beba este líquido dorado, ámbar y otras veces oscuro para refrescar el alma, pero, sobre todo, el cuerpo y las entrañas. Sí, uno hace pancita chelera “o panzota, dependiendo el exceso en su consumo e ingesta”, pero nada que una buena sesión de ejercicio de calistenia no solucione.

He hecho muchos amigos/as gracias a la cerveza, podría decir que la cerveza nos une o nos ha unido, algunos vínculos todavía los tengo, algunos más han sido de un momento y ya, de un decirnos salud tarro contra tarro y listo, no hemos vuelto a vernos jamás.

Por todo esto, pensé que era momento que mi adolescente y yo nos bebiéramos “él y yo nada más” nuestra primera cerveza juntos en un bar donde el deporte, “cerveza y deporte combinación exitosa”, fuera parte importante del decorado y del ambiente visual, aprovechando que Santi cumplió 18 años en febrero pasado. Así que acordamos la fecha “vía WhatsApp como uno se comunica ahora con la morriza” y nos pusimos de acuerdo.

Aparte y en persona “como se comunica la momiza o los que pasamos ya a tener cierta edad”, le avisé a la mamá lo que haríamos; la mamá nos dio el visto bueno y le dije a la mamá que si ese día no tenía nada por hacer “porque era lógico que necesitaría el vehículo para esta empresa”. Y la mamá me dijo, muy horonda, muy campante que no, que ese día, y así lo dijo, por fin no tenía nada por hacer, pensé entonces que la velada no podría ser mejor.

Conocí al Santi “creo que hasta ya es un improperio decirle así porque ya está bien grandote” cuando era apenas un crío de 4-5 años. Era inquieto “como todo niño sano y creo que sigue siendo así”, es amante de los videojuegos, era travieso, sigue siendo escalador, flexible, acróbata y demás, con un temple buena onda y muy muy inteligente, de sonrisa bella y trato ligero, “supongo que compaginamos”. Creo que todas estas cualidades las sigue teniendo y le han salido muchas más…

El día para nuestra cerveza llegó, viernes 3 de mayo, yo tenía una presentación de libro a la quise asistir, pero… saliendo… ¡tras! A beber alcohol como si no hubiera un mañana, al cabo ya estamos en mayo y en mayo el calor arrecia.

Sin embargo, todo me salió mal. Ese 3 de mayo la señora de la casa me salió con que tenía que ir con unas amigas a una fiesta y que necesitaba el coche, le recordé de la primera cerveza que me tomaría con el Santi. “Se me olvidó”, me respondió; “pero tú vas a ir a lo de la presentación del libro de Víctor Uribe, ¿no?”, cuestionó. “Sí, pero me voy a ir caminando”, le respondí. “Y saliendo”, continué, “me regreso a la casa por Santi y nos vamos”. “Ah, pues se me olvidó. Además, hay que ir por el Elián con mi mamá”, comentó. “El Elián se quiere quedar a dormir con tus papás y tú no me habías dicho nada de ir con tus amigas”, le dije. “Pues entonces vamos a tener que ir todos al bar, y hacemos lo siguiente”, dijo. “A ver”, cuestioné. “Vamos a recoger al Elián porque yo no le comenté nada a mis papás de que se fuera a quedar el niño con ellos y ni ropa trae, así que nos lo traemos, vamos al bar, comemos-cenamos-bebemos. Le hacen a la mamada con su primera cerveza. Los espero –“hasta eso”, pensé-, los llevo a la casa, los dejo y me voy con aquellas”. “Oye, pero así no era el plan”, dije. “Ya sé, ya lo sé, pero no hay de otra…

Y, bueno, fuimos todos al bar, “lo que no estaba programado de esa manera”, pero ni modo; al llegar al lugar, yo pedí mi bebida de reyes, la mujer su bebida, el Elián la suya y, al esperar la respuesta del adolescente, pensé que sí me haría segunda en eso de las bebidas amargas y resulta que pidió un “Vampiro”. Pfff, todo me salió bien mal.

Creo que la mamá fue para cerciorarse de que ni uno ni otro se pasaran de cucharadas con el alcohol y, bueno, pensé que, ya que había ido toda la familia sería bueno pedirle a la mujer que nos tomara una foto, para la bendita evidencia en redes sociales de que sí fuimos el adolescente y yo a bebernos unas cervezas, “aunque haya pedido un ‘Vampiro’. Y que salga de fondo la pantalla donde se vea el béisbol, por favor, el rey de los deportes, así como la cerveza es la bebida de reyes”, le dije a la mujer. “Sí”, fue su seca respuesta…

Al ver las fotografías que me tomó junto a mi adolescente, vi que le puso chingaderitas de esas que se pueden poner ahora en los celulares al momento de tomar fotografías, filtros que le llaman; entonces, el muchacho y yo salimos con una guirnalda en la cabeza, con florecitas; me di cuenta de que salimos todos y no era el caso y que, bueno, al final de cuentas una sola fotografía se salvó, pero creo que, aunque no haya sido así el plan nos la pasamos chido porque somos unido… “unido de víboras y alacranes, jajaja, pero un nido y unidos por el lazo familiar”. Bendita familia.

Ahora que empiece la NFL, un lunes por la noche, repetiré el plan con el adolescente; “¿qué puede salir mal? Futbol americano, alitas, boneles, papas fritas, cerveza”. A ver si para esa ocasión todo esto me sale un poquito, nada más un poquito mejor…

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