El tacto y su relación con la funcionalidad cerebral
Por la Dra. en C. Verónica López Virgen
El sentido del tacto es importante para nuestra vida cotidiana. Gracias a él, podemos percibir la textura, temperatura, forma y tamaño de los objetos que tocamos. Esto debido a que nuestra piel tiene receptores que nos envían esa información al cerebro. Los dedos, por ejemplo, son especialmente buenos para identificar estos detalles, lo que hace que el tacto sea esencial tanto para nuestra comunicación social como para controlar nuestros movimientos. El tacto no solo es importante para la interacción física, también juega un papel clave en nuestro control emocional. Por ejemplo, se ha evaluado que el contacto físico de los padres reduce el estrés social en los niños.
Sin embargo, durante el envejecimiento se observa una disminución en el sistema somatosensorial, es decir, nuestra percepción de los estímulos externos, como la capacidad de detectar cambios en temperatura, presión y textura son menores. Esta disminución se debe principalmente a la reducción de la sensibilidad cutánea y a la degeneración de las vías neuronales, que se conoce como síndrome de privación sensorial, y no solo afecta al tacto, también puede involucrar otros sentidos como la vista o el oído. Estudios en humanos han encontrado que la privación sensorial tiene una influencia considerable en la progresión de la demencia y se ha considerado un posible factor de riesgo para el deterioro cognitivo, es decir, con la disminución de nuestras capacidades mentales (como el aprendizaje, razonamiento, memoria, resolución de problemas, toma de decisiones y atención).
Las investigaciones han identificado la pérdida auditiva en la mediana edad como un factor de riesgo destacado para la aparición de la demencia. El deterioro visual también puede afectar la cognición, ya que diversos estudios han mostrado que la discapacidad visual está asociada con un deterioro acelerado de la capacidad cognitiva. También se ha sugerido que la disfunción olfativa sería un indicador potencial de declive funcional relacionado con la demencia. Asimismo, las dificultades en la discriminación táctil se han asociado a la progresión de la enfermedad de Alzheimer, es decir, estas personas suelen tener dificultades para reconocer texturas y formas, lo que afecta su capacidad para interactuar con el mundo que los rodea, sugiriendo que la privación sensorial sería un marcador en procesos degenerativos tanto en edad adulta temprana como en adultos mayores.
Para tener un mejor entendimiento entre la disminución del sentido del tacto y nuestras funciones cognitivas es importante la investigación básica y aplicada, para tener evidencia de marcadores de neurodegeneración. Para la investigación básica, a menudo se estudia en animales, como los roedores. En estos estudios, la discriminación táctil pasa en las vibrisas, los cuales son muy sensibles al tacto. Las vibrisas, son los bigotes situados en filas curvilíneas bilaterales, son pelos gruesos y extensos que se ubican en el rostro y funcionan de manera similar a nuestros dedos, cuando los roedores mueven las vibras sobre un objeto permite al animal detectar objetos, como su forma, textura y dimensiones.
Además, detectan en el ambiente los cambios en el viento en tanto dirección, velocidad y temperatura, y pueden calcular dimensiones de cavidades y con ello navegar de manera efectiva en su entorno y a evitar peligros. Lo más fascinante es que las vibrisas no sólo participan en la detección de objetos, sino además participan en funciones cognitivas como la orientación espacial, memoria, aprendizaje táctil; esto significa que el tacto, a través de las vibrisas, también juega un papel importante en el aprendizaje y en la forma en que los animales se adaptan a su entorno.
En nuestro laboratorio trabajamos para evaluar cómo ratones envejecidos con privación de vibrisas afectan su capacidad de aprendizaje espacial y flexibilidad cognitiva (esta es la habilidad de adaptar nuestra conducta a cambios en el ambiente), y con ello entender el vínculo entre el estado cognitivo y la privación sensorial grave y crónica. Debido a que el número de personas mayores aumenta en nuestro país con rápido crecimiento poblacional, se espera un marcado aumento en la prevalencia de enfermedades cerebrales relacionadas con la edad. Así, entender cómo funciona el tacto y cómo su deterioro puede afectar procesos cognitivos, es crucial para mejorar el cuidado de personas mayores, así como para proponer intervenciones y tratamientos oportunos, además de prevenir enfermedades neurodegenerativas como la demencia o el Alzheimer.
Para más información puede consultarse el siguiente enlace: https://salud.nih.gov/recursos-de-salud/nih-noticias-de-salud/tiene-problemas-con-el-tacto
*Posdoctorante adscrita al Laboratorio de Neurociencias de la Facultad de Psicología de la Universidad de Colima
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