La nicotina y algunas consideraciones de riesgo para el uso de cigarros electrónicos
Por Doctor Ángel Andrés Ramos Organillo*
El consumo de tabaco es una de las causas principales de enfermedad y muerte que se puede prevenir. No existen productos de tabaco seguros, sus riesgos para la salud son permanentes, siendo los cigarros combustibles, los más dañinos. Décadas de investigación han documentado que fumar perjudica casi todos los órganos del cuerpo; el humo del cigarro contiene casi 7000 productos químicos, de ellos, aproximadamente 70 causan cáncer.
Los productos de tabaco no combustibles, como los cigarros electrónicos, generalmente tienen riesgos menores, que los cigarros combustibles (cigarros normales). La Academia Nacional de Ciencia, Ingeniería y Medicina (NASEM, por sus siglas en inglés) de Estados Unidos (EUA) encontraron evidencia concluyente de que el cambio completo de cigarros combustibles a cigarros electrónicos reduce la exposición de una persona a varios compuestos tóxicos y carcinógenos presentes en los cigarros combustibles.
Aunque los cigarros electrónicos generalmente contienen menos ingredientes dañinos que los cigarros combustibles, el uso de estos productos no está exento de riesgos. Los cigarros electrónicos entregan agentes químicos irritantes y tóxicos. Por lo que, su uso está asociado con efectos negativos en la salud respiratoria. Se desconocen los efectos a largo plazo de muchos ingredientes líquidos de los cigarrillos electrónicos, incluyendo su potencial para causar cáncer. Además, los cigarros electrónicos contienen nicotina, que es altamente adictiva, puede dañar el cerebro en desarrollo de las y de los adolescentes y puede predisponer al cerebro a la adicción a otras drogas más nocivas.
La nicotina es un alcaloide que produce adicción, es una de las sustancias químicas del tabaco, que hace difícil dejar de fumar, ya que, produce efectos placenteros temporales en el cerebro. Sin embargo, el consumo a largo plazo produce cambios en la viscosidad de la sangre, aumenta los niveles de triglicéridos y colesterol; también actúa sobre el sistema cardiovascular aumentando la frecuencia cardiaca y con ello las arritmias, disminuye el apetito, estimula el estado anímico, crea mas saliva y flema, entre otras.
Por lo que, tanto las y los jóvenes, como las y los adultos, que no usan productos de tabaco actualmente, no deberían iniciarse en el uso cigarrillos electrónicos. Tan solo en los EE.UU., en 2021, se reportó que el 11.3% del estudiantado de secundaria usaron cigarros electrónicos, en comparación con el 4.5% de las personas adultas ; en México, una encuesta del 2015 del Instituto Nacional de Salud Pública (INSP) de la Secretaría de Salud, muestra que, el 10% de las personas jóvenes fuma cigarros electrónicos, puntualizando que ésta es una puerta de entrada de otras formas de consumo de drogas.
En los EUA existen dos vías por las cuales los cigarrillos electrónicos pueden ser regulados. Cuando se desea comercializar un cigarrillo electrónico con fines médicos (para dejar de fumar y tratar la adicción a la nicotina) se debe presentar una solicitud y recibir aprobación previa del Centro para la Evaluación e Investigación de Medicamentos (CDER, por sus siglas en inglés) de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés). En esta vía, las personas solicitantes deben demostrar científicamente que, entre otras cosas, éstos son seguros y efectivos para que puedan venderse legalmente.
En México, la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) y la Comisión Nacional contra las Adicciones (Conadic) han alertado sobre el riesgo en el uso de cigarros electrónicos o vapeadores en todas sus modalidades debido a que son altamente adictivos ocasionando daños a la salud. En nuestro país, estos productos, se distinguen como cigarros electrónicos (E-cig) y los productos de tabaco calentado, en analogía con los que se describen para los EE.UU. También pueden ser identificados como Sistemas Electrónicos de Administración de Nicotina (SEAN), Sistemas Similares Sin Nicotina (SSSN) y Sistemas Alternativos de Consumo de Nicotina (SACN). Estos productos contienen niveles altos de metales como cadmio, níquel y plomo, entre otros, los cuales representan un riesgo a la salud.
La Conadic y la Cofepris advierten que el impacto nocivo del uso de vapeadores o calentadores de tabaco en la salud pulmonar es alarmante, ya que, la exposición a los aerosoles, contenidos en los productos, disminuye la capacidad de las personas en su respuesta inmunológica a infecciones respiratorias, así como, daños al sistema respiratorio y cardiovascular, considerando que, ningún vapeador o calentador de tabaco cuenta con autorización sanitaria por parte de Cofepris, ni reconocimiento por parte de la Secretaría de Salud como productos de riesgo reducido o alternativo.
Hasta ahora, no existen medicamentos aprobados por la FDA para dejar de fumar en jóvenes y se necesita investigación para desarrollar intervenciones que puedan ayudarles a dejar de usar productos de tabaco, incluidos los cigarrillos electrónicos. Se necesita más investigación sobre tratamientos basados en evidencia para dejar de usar cigarrillos electrónicos, sobre todo entre los jóvenes y una amplia difusión del conocimiento que sensibilice a la población joven sobre los daños que causa el consumo de estos productos.
En ausencia de estrategias de cese al consumo de cigarros combustibles y electrónicos basadas en la evidencia, es importante que los proveedores de atención médica tomen decisiones de tratamiento en función de las circunstancias individuales de sus pacientes. Técnicamente existe una variedad de alternativas para dejar la nicotina, que van, desde terapias de reemplazo hasta los grupos de apoyo, pero todas, parten de un principio, querer dejar de fumar y tomar la decisión de no hacerlo.
Para más información, es recomendable consultar los siguientes enlaces: https://www.gob.mx/salud/conadic/documentos/cigarrillos-electronicos
Profesor e investigador de la Facultad de Ciencias Químicas y del Doctorado en Ciencias Químicas de la Universidad de Colima*
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