La gobernanza ambiental como eje principal de la sostenibilidad empresarial
Por Martha Beatriz Santa Ana Escobar*
Uno de los fenómenos más importantes de nuestra época es sin duda el cambio climático, por lo que hablar de sostenibilidad es un imperativo más allá de la sustentabilidad, una moda ecológica o acción voluntaria por parte de instituciones y empresas. La sostenibilidad debe ser el eje estratégico que guíe las acciones organizacionales, y justo ahí se inserta el tema de gobernanza.
La gobernanza ambiental se refiere a la forma en la que las empresas estructuran la toma de decisiones, planifican sus acciones y gestionan sus operaciones con una visión sostenible. Esencialmente representa la manera en la que las organizaciones ponen en práctica su responsabilidad, tanto ambiental como social en su entorno. Sin duda, es la perspectiva que establece la diferencia entre las organizaciones que solo actúan por cumplir y las que tienen un compromiso real con la sociedad.
En el contexto empresarial, la gobernanza se refiere a la parte normativa que permite el funcionamiento ordenado, ético y efectivo de la organización; pero cuando este sistema adhiere criterios orientados a la protección del medio ambiente, se habla entonces de una gobernanza ambiental.
Esto no significa implementar acciones con una visión simplista como el hecho de reducir el consumo de papel o colocar botes para reciclar el pet, sino que la sostenibilidad debe considerarse como un eje transversal que guía las decisiones de la empresa, desde el tipo de producto que se va a ofrecer, cuáles son los impactos que ha tenido a lo largo de su ciclo de producción, de distribución y cuál será su destino final. Esto representa un cambio hacia una cultura organizacional donde el medio ambiente tiene un papel central para las y los actores involucrados: personas colaboradoras, clientes, inversionistas, pero sobre todo para la vida y las generaciones futuras.
Es satisfactorio darnos cuenta de que diversas empresas mexicanas toman en serio la sostenibilidad y ya han implementado la gobernanza ambiental como un factor clave de sus operaciones. Algunas industrias manufactureras en el estado de Durango, por ejemplo, han adoptado políticas para reducir su huella de carbono, para ello han utilizado estándares internacionales como la Norma ISO 26000 para capacitar a su personal y mejorar sus procesos operativos.
En otras regiones como el Altiplano Hidalguense, un gran número de empresas que van desde pequeñas a medianas también han adoptado esta responsabilidad. Aunque no cuentan con grandes recursos han usado modelos de gestión para reducir su consumo de energía, separar residuos o ser más eficientes en el consumo del agua. Estas acciones, aunque parecen simples, representan una transformación importante en el marco de una lógica de gobernanza firme y coherente.
Otro ejemplo relevante lo constituyen empresas del sector agrícola en Guasave, Sinaloa, las cuales reorganizan sus procesos internos para gestionar con mayor responsabilidad el agua, los fertilizantes y otros agroquímicos. Estas prácticas no son imprevistas, sino producto de decisiones estratégicas gestadas en los niveles directivos.
Retos por enfrentar
Si bien existe un avance en esta materia, aún hay muchos desafíos qué enfrentar, uno muy importante es la falta de capacitación técnica y financiera, sobre todo en las pequeñas empresas. Aun cuando existe la voluntad en las y los directivos, no se tiene el personal capacitado, ni se cuenta con los procesos o herramientas de gestión adecuadas, y mucho menos un acompañamiento institucional.
Aunado a ello, existe una visión a corto plazo que limita la responsabilidad con la sostenibilidad. Generalmente las empresas buscan resultados inmediatos, lo que complica implementar acciones cuyos resultados son a mediano o largo plazo, o más aún acciones sobre temas que consideran abstractos, como el cambio climático. Y es justamente en este contexto, donde la gobernanza ambiental reviste importancia, pues demanda establecer una estructura formal con visión a futuro, que evalúe los impactos y tome decisiones racionales enfocadas tanto en la rentabilidad como en la responsabilidad ecológica.
Por otra parte, se requiere establecer políticas públicas que incentiven la innovación y contribuyan a lograr una transformación hacia la sostenibilidad. Se debe pasar de implementar políticas por obligación a implementar políticas que sirvan como aliadas a las organizaciones que tienen disposición y voluntad para hacer las cosas bien.
Es básico comprender que la sostenibilidad no se alcanza solo con buenas intenciones ni con acciones sueltas, sino que se requiere de una transformación estructural gestada desde el interior de las organizaciones. Una empresa realmente sostenible es aquella que se gobierna a sí misma con criterios ambientales claros, éticos y consistentes.
Una gobernanza ambiental sólida no solo mejora la eficiencia y reduce riesgos, sino que también fortalece la reputación, atrae talento humano, abre puertas a nuevos mercados y prepara a las empresas para los desafíos del futuro.
Una verdadera sostenibilidad no empieza con campañas verdes ni con frases bonitas en los informes anuales. Comienza con una decisión profunda: la de orientar el gobierno interno de la empresa hacia el respeto y la armonía con el entorno. Es en esa estructura silenciosa -que muchas veces no se ve, pero se siente- donde se define el compromiso real con el planeta.
En el libro Gobernanza y Medio Ambiente. Claves para la sostenibilidad de las organizaciones, publicado en el año 2024, se puede profundizar más en los casos prácticos; el cual se puede descargar en el siguiente link: https://open.tirant.com/cloudLibrary/ebook/show/9788410812048
*Profesora de Maestría en Alta Dirección y de la Licenciatura en Administración de la Facultad de Contabilidad y Administración del campus Manzanillo de la Universidad de Colima.
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