Una Nueva Gestión Pública para crear valor
Por Teodoro Reyes Fong*
Cuando escuchamos el término creación de valor, casi siempre pensamos en empresas privadas que buscan generar ganancias para sus accionistas, sin embargo, el sector público también puede y debe crear valor; no se trata de vender productos o aumentar utilidades, sino de generar beneficios tangibles e intangibles para la sociedad: mejores servicios, mayor eficiencia, acceso equitativo y confianza en las instituciones.
En las últimas décadas, uno de los enfoques más influyentes para mejorar la gestión gubernamental ha sido un modelo llamado Nueva Gestión Pública, este modelo propone que la administración pública adopte algunas prácticas y principios del sector privado para ser más eficiente, transparente y orientada a resultados.
¿Qué es la Nueva Gestión Pública?
La Nueva Gestión Pública surge en los años ochenta y noventa como respuesta a la percepción de que los gobiernos eran demasiado burocráticos, lentos y costosos; inspirada en métodos del mundo empresarial, la Nueva Gestión Pública busca que sus instituciones:
– Definan objetivos claros y medibles.
– Usen indicadores de desempeño para evaluar resultados.
– Reduzcan trámites y burocracia innecesaria.
– Descentralicen decisiones para dar más autonomía a las áreas operativas.
– Incorporen la competencia y la innovación como motores de mejora.
La lógica es sencilla, si las empresas privadas pueden optimizar recursos para lograr sus metas, el sector público también puede hacerlo. Aunque este modelo toma inspiración de las empresas privadas, la naturaleza del valor que se crea es distinta.
El sector privado, suele medir el valor en términos financieros:
– Incremento de utilidades.
– Crecimiento en el mercado.
– Satisfacción del cliente para aumentar ingresos.
Por ejemplo, una empresa de tecnología que desarrolla un nuevo producto busca que este sea atractivo para las y los consumidores, aumente ventas y fortalezca su posición competitiva; el valor se mide, en gran parte, por el retorno económico. En el sector público, el valor no se limita al dinero, este se mide por el impacto social y la satisfacción de las necesidades colectivas:
– Acceso a educación y salud de calidad.
– Seguridad pública.
– Infraestructura eficiente.
Aquí, la o el “cliente” no es una persona compradora voluntaria, sino una persona ciudadana con derechos; y la rentabilidad económica no es el objetivo, sino el bienestar común. Este modelo propone que, al aplicar principios del sector privado, las instituciones públicas puedan:
– Mejorar la eficiencia: usar los recursos públicos de forma más racional, evitando el desperdicio.
– Aumentar la calidad de los servicios: enfocarse en la persona ciudadana como “cliente” que merece atención y respuesta rápida.
– Fomentar la innovación: incorporar nuevas tecnologías y procesos que agilicen trámites y reduzcan costos.
– Promover la transparencia: establecer mecanismos claros de rendición de cuentas para que la ciudadanía sepa cómo se usan los recursos.
Por ejemplo, un municipio que implementa plataformas de aprendizaje en línea que permitan a los estudiantes de zonas rurales acceder a contenidos de calidad y personas tutoras especializadas; esto es creación de valor: más eficiencia para la institución y más comodidad para el o la ciudadana.
Retos en la creación de valor
Aunque la Nueva Gestión Pública ha logrado modernizar muchas administraciones, tiene algunos desafíos:
– Riesgo de priorizar lo medible sobre lo importante: no todo el valor público se puede cuantificar fácilmente. (Ejemplo: La confianza ciudadana).
– Diferencias institucionales: el sector público tiene características que no existen en las empresas privadas.
– Equilibrio entre eficiencia y equidad: un servicio rápido pero costoso puede ser eficiente, pero excluir a quienes no pueden pagarlo.
Estos retos obligan a adaptar las herramientas empresariales a la realidad pública, sin perder de vista que el fin último es servir a todos, no solo a los más rentables.
La creación de valor en el sector público es un concepto tan importante como en el privado, pero con un propósito diferente, ya que no busca ganancias, sino bienestar social; la Nueva Gestión Pública ofrece un marco para lograrlo al incorporar principios como eficiencia, orientación a resultados y rendición de cuentas, sin embargo, su aplicación debe hacerse con cuidado, reconociendo que el sector público opera bajo principios de equidad y universalidad que no siempre son compatibles con la lógica de mercado.
El verdadero valor en el sector público se mide en cómo las políticas y servicios mejoran la vida de las personas, fortalecen la cohesión social y construyen confianza entre personas ciudadanas e instituciones; esa es la ganancia que, como sociedad, más nos importa.
Esta columna de divulgación es producto de la publicación: Reyes, T., Nande, E., y Hernández, L. (2020). Factores determinantes de la productividad en las universidades públicas mexicanas, Revista LIDER, Vol. 22, (36), pp. 89-103.
https://revistas.ulagos.cl/index.php/liderchile/article/view/4
*Profesor e investigador de la Facultad de Contabilidad y Administración campus Colima de la Universidad de Colima. Profesor de nivel licenciatura y posgrado, en las asignaturas: Administración de costos para la toma de decisiones, Seminario de proyecto empresarial I, Seminario de proyecto empresarial II y Gestión de negocios y emprendimiento.
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