Hacia una economía circular en México: retos y oportunidades para un desarrollo sustentable
Por Oriana Zaret Gaytán Gómez*
En un Mundo que enfrenta el agotamiento de recursos naturales y una creciente generación de residuos, la economía circular surge como una alternativa urgente para redefinir la forma en que producimos, consumimos y gestionamos los recursos. México, como muchas naciones en desarrollo, se encuentra en una etapa temprana en la adopción de este enfoque innovador, lo que hace necesario explorar los avances, desafíos y las acciones necesarias que nuestro país debe llevar a cabo para consolidar una transición efectiva hacia un modelo económico que sea verdaderamente sustentable.
La economía circular no solo tiene implicaciones ambientales, sino también económicas. Al reducir la dependencia de recursos no renovables y promover la innovación en diseño y producción, puede impulsar nuevas industrias, crear empleos y fortalecer la competitividad del país al optimizar el uso de recursos, extendiendo la vida útil de los productos, fomentando la reutilización, el reciclaje y el rediseño de procesos y bienes. A diferencia del modelo lineal tradicional en el cual nos encontramos inmersos, que produce, consume y desecha, la economía circular propone cerrar circuitos con la intención de que los materiales se mantengan en uso el máximo tiempo posible, minimizando la generación de residuos y disminuyendo la presión sobre el medio ambiente.
Con respecto a nuestro país, México posee un marco normativo que, desde el siglo pasado, ha abordado temas de sustentabilidad y gestión de residuos. Sin embargo, a nivel nacional, el avance hacia una economía circular ha sido fragmentado y principalmente espontáneo en algunos estados del país. Desde 2018, se han realizado esfuerzos en municipios y entidades federativas, dando lugar a iniciativas como la “Declaración de Guadalajara para impulsar la Economía Circular” o el Sistema de Economía Circular echado a andar en el Clúster Automotriz de Querétaro, así como la Ley de Economía Circular aprobada en la Ciudad de México desde el año 2023, entre otras.
No obstante, estos esfuerzos se han llevado a cabo de manera aislada, sin un marco estratégico nacional que coordine y potencie las acciones; que establezca metas, responsabilidades y recursos coordinados que apoyen al país a transitar formalmente hacia un sistema de producción y consumo circular. Mientras que, en otros países con mayores avances en la materia, como Japón, China, Alemania e incluso la Unión Europea, se han implementado marcos regulatorios claros y políticas específicas que han impulsado este enfoque en sectores clave.
Uno de los mayores obstáculos para que nuestro país transite a un modelo circular radica en la falta de datos oficiales precisos sobre la cantidad de residuos recuperados, reciclados o reutilizados, así como en la clasificación adecuada de los sitios de disposición final de residuos. Esto genera un impase en la planeación de acciones efectivas al no contar con información confiable que permita monitorear el progreso. Otro desafío consiste en la creación de conciencia social y cultural, pues la adopción de prácticas sostenibles requiere sensibilización y cambios en los hábitos de consumo.
A pesar de estos retos, existen oportunidades concretas para que México avance hacia una economía circular efectiva y eficiente. La clave está en fortalecer el marco institucional a nivel nacional, creando una estrategia integral que articule los esfuerzos de todos los actores: gobierno, sector privado, academia y sociedad civil. Se requiere, por ejemplo: realizar campañas educativas para promover el reciclaje y la reducción de residuos; incorporar políticas fiscales que favorezcan a las empresas y consumidores que opten por prácticas circulares; establecer responsabilidades extendidas al productor, incentivando a las empresas a diseñar productos duraderos, reparables y con contenido reciclado; recopilar y publicar datos confiables sobre gestión de residuos y recuperación de materiales, para una mejor planificación y evaluación de resultados.
Además, se requiere la realización de “hojas de ruta” que abonen en el diseño de una estrategia nacional de economía circular que establezca metas claras y plazos definidos, alineadas con los compromisos internacionales en sustentabilidad y cambio climático. Para que estas acciones prosperen, es indispensable que el gobierno mexicano asuma un liderazgo claro y consolidado a través de leyes, programas y recursos. La entrada en vigor de la Ley General de Economía Circular, es otro pendiente en la agenda ambiental de nuestro país, sin ella, se observa difícil el establecimiento de un marco regulatorio firme.
México tiene el potencial de convertirse en un referente en la región en materia de economía circular, siempre que fortalezca sus instituciones y genere una visión compartida para el desarrollo sustentable. La adopción de la economía circular no solo beneficiaría al medio ambiente, también abriría nuevas oportunidades económicas y la oportunidad de mejorar la calidad de vida de sus habitantes. El proceso requiere de acciones coordinadas, voluntad política y compromiso social. Solo así, México podrá avanzar hacia un modelo en el que la economía y la protección del medio ambiente vayan de la mano, asegurando un futuro más sostenible para las próximas generaciones.
Para más información sobre este tema, consultar el artículo “El marco institucional de la economía circular en México: surgimiento, statu quo y asignaturas pendientes” en el siguiente link https://latam.redilat.org/index.php/lt/article/view/3542
*Profesora de Tiempo Completo y Directora de la Facultad de Economía de la Universidad de Colima.
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