La comprensión del dolor en las personas adultas mayores para una evaluación digna
Por Doctora Maria Gicela Pérez Hernández*
El dolor ha sido definido como una respuesta sensorial y emocional que todo ser humano presentará en algún momento de su vida, como una señal de alarma de que algo no está bien considerándose esta, una función protectora del dolor. Sin embargo, de acuerdo con la experiencia que produce un malestar, puede adquirir un significado único y complejo ya que su impacto puede ser solo local o en otras personas incluso afectar su bienestar emocional, su dinámica social e incluso su autonomía para la realización de sus actividades diarias.
En el contexto de las personas que se encuentran en la etapa del desarrollo de adultos mayores, es común que el dolor se asocie a enfermedades detectadas previamente conocidas como no transmisibles como pueden ser artritis, cáncer y neuropatía, las cuales pueden tener su origen en otros padecimientos que no hayan sido controlados y del propio desgaste como consecuencia del tiempo y hábitos personales que modifiquen estructuras y funciones del cuerpo.
Con frecuencia las personas que cursan esta etapa de su vida no comentan la presencia de este síntoma por temor a molestar a sus cuidadores y su familia, por creer que es resultado del propio envejecimiento y que por ende no se puede tratar, o bien porque se trata de un dolor intermitente donde si cambian o modifican sus quehaceres identifican un alivio o un incremento en su intensidad considerando entonces que lo pueden manejar.
Por ello es necesario concientizar a la población para no normalizar el dolor, prestar atención a sus características para informarlo de inmediato y proveer la atención pertinente es un acto de respeto hacia la dignidad de quien lo experimenta. El dolor además de afectar la funcionalidad de las personas, su impacto es considerado amplio, por ejemplo, en el caso donde el dolor se presenta por más de tres meses se le conoce como de tipo crónico, y es el tipo de dolor que puede exigir a las personas a limitarse en sus actividades cotidianas como son modificar su marcha y presentar dificultades para caminar, para llevar a cabo su higiene personal como bañarse y vestirse por sí mismos e incluso impedir que puedan preparar sus propios alimentos.
Estas modificaciones favorecen la pérdida progresiva de la autonomía lo que genera mayor dependencia hacia las personas integrantes de la familia quienes fungirán como sus cuidadoras inmediatas, y al no contar con su máxima independencia pueden existe una alta posibilidad de que las personas con dolor presenten tristeza, ansiedad y desinterés por la vida, porque desde la esfera corporal la inmovilidad les produce debilidad y rigidez muscular y en lo que respecta a las emociones emerge el miedo y la autopercepción de no ser útil.
Por lo antes descrito, el dolor es más que una sensación corporal, por lo que su evaluación o identificación temprana requiere de la observación, escucha y empatía ya que su manifestación entre una persona y otra puede ser muy variada, algunas demuestran irritabilidad, aislamiento, pérdida del apetito y dificultades para conciliar el sueño. Existen diversas escalas e instrumentos que evalúan el dolor, sin embargo, por la diversidad en la que se expresa, se requiere de valoraciones completas que proporcionen más detalles de su presencia e impacto y no solo que evalúen su intensidad.
Con este objetivo fue propuesta una nueva herramienta denominada Escala para la Medición del Dolor en Personas Adultas Mayores (EMDAM) con la que se puede evaluar la manera en la que el dolor impide la realización de las actividades diarias, las emociones y la autonomía. Las y los investigadores que proponen este instrumento señalaron que el dolor no solo se vincula con el malestar físico, sino con la capacidad de independencia para valerse por sí mismo y su interacción continua con su entorno social.
Cada propuesta considerada una herramienta de evaluación provee a las y los profesionistas del área de la salud para la comprensión integral del contexto de las personas que experimentan el dolor para cuidar su bienestar en todas sus dimensiones. La identificación y el tratamiento oportuno del dolor enfocado a la causa que lo provoca marcará la diferencia entre la dependencia y la autonomía, entre el aislamiento y la participación, así como entre el sufrimiento y la esperanza.
Fuente: González Miguel, Z.; García Hernández, M.d.L.; Hernández Ortega, Y.; García Jiménez, M.A.; Rico González, M.d.L.; Cruz Bello, P.; Pérez Hernández, M.G.; Santiago-González, N.; Ignacio Albino, M.; López Martiñón, E. A “Scale for Assessing Pain in Older Adults: The Influence on Activities of Daily Living”. Healthcare 2025, 13, 660. https://doi.org/10.3390/healthcare13060660
*Docente en la Especialidad en Enfermería Quirúrgica de la Universidad de Colima.
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