Enero y la cuesta: lo que nos cuesta el consumismo
Por Susana Berenice Vidrio Barón*
Se llegó el mes de enero, y con él, una recesión, desaceleración y desesperación tremendas. La actividad en las calles quieta, las compras lentas, los envíos de productos de retorno, pero nada de compras nuevas. Año con año, se puede ver que la cuesta de enero se extiende -muchas de las veces- hasta marzo. Y no se vislumbra en el futuro que esto cambie: los sueldos son más castigados, los presupuestos más recortados, no pinta bien la situación para lo que se viene.
Esto, es el resultado del consumismo recalcitrante y no razonado. Todo es inmediato, la felicidad es exprés y tiene precio. Sin embargo, la resaca cada vez es más dolorosa y eterna. Necesariamente deberá generarse un vuelco a los orígenes, a lo básico y sustentable.
Como lo compartía en la columna del 12 de didiembre de 2024, lo importante de planear las compras. También, el entender las condiciones de los créditos. Todos los negocios dicen que tienen la mejor propuesta y uno lo cree. Sin embargo, pues de alguna manera hay que generar utilidades, no se puede ir por la vida regalando productos.
Es por ello, que como consumidoras y consumidores tenemos que recurrir a los cambios de hábitos y de comportamiento de compra en función de la necesidad de adaptación a los recortes presupuestales y las restricciones salariales: el consumo sustentable.
No es una casualidad que haya más aproximaciones de colectivos verdes, que más comunidades tengan como hilo conductor que el consumo debe ser regulado, controlado y solamente como último recurso. Que los bienes se pueden obtener de la tierra y del procesamiento. Que mucho de lo que existe se puede reciclar o reutilizar.
Cada vez es más común que las personas sustituyan el consumo en grandes corporativos por tiendas locales, por productores directamente en vez de recurrir a intermediarios. Esto, se ve más repetidamente en productos básicos como alimentos, frutas y verduras.
Cada vez, esto será parte de la realidad del mercado, que tampoco es como que el mundo se acaba: al contrario, debido a este consumismo global, se dan otros fenómenos que tienen como origen la contaminación. En el mundo, nos estamos dando cuenta -aunque sea de a poco- que nos estamos acabando los recursos en el mundo.
Y no hablamos solamente de los no renovables, también, los vemos con los renovables. Para 2025, se proyecta que la población mundial supere los 8,200 millones de personas, con estimaciones de Worldometer y SciELO México situándola alrededor de los 8,231 millones, mientras que ABC Color y Magma Translation hablan de más de 8,100 a 8,500 millones, reflejando un crecimiento continuo desde el hito de los 8 mil millones en 2022, según Naciones Unidas.
Es decir, ya somos muchos seres humanos en este planeta. La relación entre el consumo y la contaminación ambiental es directa y negativa: el consumo excesivo de productos y servicios impulsa la extracción de recursos naturales, la producción intensiva y el transporte, lo que genera emisiones de GEI, contaminación del aire, agua y suelo, deforestación y acumulación de residuos, afectando ecosistemas y la salud humana, destacando la necesidad del consumo responsable para mitigar estos impactos.
Es por ello, que debemos repensar la forma en la que obtenemos nuestros productos: ¿Realmente necesitamos tanto empaque, envase, etiquetado? ¿Realmente necesitamos ese producto? ¿Realmente tenemos las condiciones para adquirirlo? Preguntas difíciles, pero que se hacen muy necesarias.
*PTC en la Facultad de Mercadotecnia, además de SNII 1 y líder del Cuerpo Académico UCOL-CA59.
*Esta columna es desarrollada por integrantes del UCOL-CA59 La mercadotecnia y su relación con las ciencias sociales, adscrito a la Facultad de Mercadotecnia de la Universidad de Colima.
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