Dom. Mar 15th, 2026

COLUMNA: Ciencia y futuro

Por Redacción Feb18,2026

El cáncer no crece solo: el papel del microambiente en la enfermedad

Por Miguel Ángel Olivas Aguirre*

Cuando leemos “cáncer”, solemos pensar en una célula dañada o maligna, que se multiplica de forma descontrolada y da origen a un tumor. Esta idea, aunque no es incorrecta, es incompleta; la realidad es que el cáncer no se desarrolla de forma aislada, sino que cada célula tumoral se encuentra dentro de un ambiente que afecta profundamente su conducta. A este entorno, se le ha denominado microambiente tumoral y su estudio ha transformado completamente la forma en que actualmente investigamos el cáncer.

El microambiente tumoral es el espacio inmediato en donde las células cancerosas habitan; está conformado por distintos tipos de células y señales que desempeñan funciones específicas: algunas están relacionadas con la defensa del organismo (como las células inmunes), otras se encargan de transportar el oxígeno y los nutrientes necesarios (como los vasos sanguíneos) y otras son capaces de regular la forma en la que se almacena y utiliza la energía (como ocurre con las células de grasa). Todos estos componentes interactúan de forma activa con las células cancerígenas, por lo que el microambiente tumoral no puede ser considerado un mero escenario, sino un actor que puede limitar o favorecer el crecimiento de células malignas, cambiar su agresividad o incluso su respuesta a tratamientos.

Una forma práctica de asimilar este concepto es pensar en las personas; ningún individuo presenta el mismo comportamiento en todos los contextos y situaciones. El entorno social, emocional o económico determina nuestras elecciones, capacidades y respuestas. De manera similar, una célula cancerígena no se comporta igual si se encuentra en un ambiente que la estimula, la protege y la nutre, que si se encuentra en un entorno hostil que no le ofreciera los componentes necesarios para vivir. Por ello, las señales que reciben este tipo de células determinan la rapidez con la que se multiplican o si son capaces de sobrevivir en condiciones desfavorables. 

Hasta hace unos años se pensaba que ese tipo de influencia microambiental se limitaba a los tumores sólidos, como los de mama, ovario o colon, sin embargo, ya sabemos que las leucemias, aun siendo cánceres hematológicos, también se desarrollan en microambientes concretos. Las células leucémicas no se encuentran en un contexto aislado, sino que interactúan con nichos celulares que darán lugar a la obtención de un determinado grado de supervivencia, proliferación o resistencia a quimioterapéuticos. Este cambio de perspectiva ha llevado a preguntarnos no solo qué ocurre dentro de la célula maligna, sino cómo el entorno en el que se encuentra puede moldear su comportamiento y su respuesta a fármacos.

Desde este enfoque, cobra especial relevancia entender que algunos microambientes no se limitan a un solo tejido, sino que pueden modificar el estado general del organismo. La obesidad es un claro ejemplo de cómo un contexto sistémico puede influir en el desarrollo del cáncer, al modificar el microambiente tisular, donde las señales químicas se ven alteradas, se incrementa la inflamación y se modifica la disponibilidad de nutrientes. Estos cambios pueden llevar a distintos tipos de cáncer, por ejemplo, hacia formas más agresivas, acelerando su desarrollo.

Es en este contexto en el que surgió el interés de estudiar la influencia que tiene el microambiente adiposo, en el desarrollo de algunas leucemias. Si bien, el objetivo principal no es demostrar que los adipocitos son los causantes directos del cáncer, sino que ciertos contextos biológicos pueden regular la forma en que se comportan las células malignas, en función del microambiente que lo rodea. Y para poder responder a estas preguntas, es necesario trasladar estas interacciones complejas a un escenario experimental controlado.

Desde el laboratorio, esto se puede lograr gracias al desarrollo de los microambientes en condiciones controladas; recreando interacciones que ocurren en el interior del organismo (microambiente y célula cancerígena). Esto permite entender cómo es posible que ciertos fenotipos más agresivos emerjan en contextos determinados y a la vez permite pensar en estrategias a dirigir no solo hacia la célula tumoral, sino hacia el entorno que la sostiene, entendiendo el cáncer como un proceso biológico que está vivo y en continuo movimiento.

En resumen, el cáncer no se desarrolla de forma aislada, sino que aparece y progresa dentro una red de señales, células y condiciones que influyen en su desarrollo. Comprender esta realidad no sólo amplía el conocimiento que se tiene de la enfermedad, sino que también permite replantear la forma en que la estudiamos lanzando una mirada hacia un futuro en el que la investigación científica incorpore el microambiente como una pieza de clave para entender, prevenir y combatir el cáncer de una forma más global.

Este material forma parte de un proyecto que ha sido presentado en el LXVIII Congreso Nacional de la Sociedad Mexicana de Ciencias Fisiológicas (https://www.smcf.org.mx/programa) por Andrea Gutiérrez García, quien es colaboradora del grupo de investigación. 

*El doctor forma parte del Programa Investigadores por México de la Secretaría de Ciencia, Humanidades, Tecnología e Innovación (Secihti) y es profesor-investigador del Centro Universitario de Investigaciones Biomédicas de la Universidad de Colima.  El desarrollo de ese proyecto es apoyado por la Secihti (CBF-2025-I-795).

Las opiniones expresadas en este texto periodístico de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a El Comentario.

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