Por Psicólogo José Alberto Enciso Reyes
Para la Psicoanalista Arminda Aberastury fundadora de la escuela Argentina de psicoanálisis en niños y adolescentes, “la adolescencia es entendida como una etapa en la que convergen una serie de cambios y reestructuraciones de la personalidad, constituida por características físicas, emocionales, mentales y sexuales; todas ellas expuestas a diferentes y múltiples clasificaciones de carácter cultural, religioso político, social y por supuesto familiar; donde se presentan procesos psicopatológicos que pudieran ser considerados como normales”
Sin embargo, especialistas en la materia señalan que la adolescencia no tiene por qué ser necesariamente una etapa problemática, diversos estudios muestran incluso que algunas descripciones en relación al comportamiento adolescente pudieran estar influidas por las percepciones y juicios valorativos que los adultos tienen de la adolescencia. Y que las características como los altos niveles de toma de riesgos, la elevada exploración, así como la constante búsqueda de sensaciones y emociones probablemente promueven la adquisición de las necesarias habilidades para la maduración y la autonomía.
Pese a ello no puede dejarse de lado que dichas conductas pudieran ser en algunas ocasiones consideradas como nocivas y significativamente peligrosas, tal es el caso de los altos niveles en la toma de riesgos, lo cual representa un importante incremento en los índices suicidios, adicciones, y particularmente en la expresión constante de conductas relacionadas con la violencia y agresividad. Problematizando aún más la dinámica, la percepción por el grupo de iguales ya que aquellos adolescentes con tendencia a llevar acabo conductas de riesgo, aseguran sentirse más aceptados por sus iguales y más apreciados por el sexo opuesto; lo que representa un riesgo en el reforzamiento de dicha conducta.
Es cierto que la adolescencia representa una etapa significativamente vulnerable con una sintomatología multidimensional asociada a diversos factores y variables; una de las conductas que preocupa considerablemente con altos índices progresivos es la violencia y agresividad entre pares y principalmente en el noviazgo adolescente. Según datos estadísticos del Instituto Mexicano de la Juventud (IMJ) y del Instituto Nacional de Geografía y Estadística (INEGI), “cerca del 76% de los jóvenes sufren de violencia en el noviazgo”
Estudios realizados por la investigación (asociaciones entre la victimización adolescente, violencia de pareja y resultados adversos en la salud) determinó que las víctimas de violencia en parejas adolescentes suelen ser más proclives a experimentar en años posteriores conductas o comportamientos nocivos para su salud.
En un estudio de seguimiento observacional y prospectivo con adolescentes víctimas de violencia en el noviazgo realizado por Deinera Exner-Cortens de la Cornell University en Ithaca, Nueva York, dio seguimiento a jóvenes que cumplieron 18 y 25 años de edad, observando que en el caso de “los adolescentes víctimas de violencia presentaban una sintomatología relacionada con la depresión, baja autoestima, comportamiento antisocial, conductas sexuales de riesgo, además del consumo de sustancias como tabaco y mariguana. En comparación con las adolescentes víctimas de violencia en el noviazgo, se reportaron ser más propensas al tabaquismo y consumo excesivo de alcohol, así como de experimentar síntomas depresivos y pensamiento suicidas. Además de una excesiva preocupación por el control de peso”.
Los autores del estudio determinaron que, tanto hombres como mujeres que se involucraron en relaciones agresivas o violentas de adolescentes, eran considerablemente más propensos de estar nuevamente en relaciones violentas cuando alcanzaban la edad adulta, además del alto riesgo de pasar de víctimas a victimarios. Lo anterior en comparación con quienes no tuvieron noviazgos conflictivos durante la etapa adolescente.
En consecuencia, en un esfuerzo preventivo se vuelven necesarios los esfuerzos y recursos para desarrollar esquemas de acciones psicoeducativos específicos para diagnosticar a pacientes adolescentes que pudieran estar experimentando violencia en el noviazgo, de tal forma que quienes pudieran estar siendo víctimas de esa problemática puedan estar atendidos oportunamente con programas preventivos y de tratamiento multidisciplinario.
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