Dom. Mar 15th, 2026

COLUMNA: Ciencia y futuro

Por Redacción Feb19,2026

Agricultura evolutiva: sembrar futuro desde la agroecología en Colima

Por Raúl Alberto Rodríguez Alvarado

En un contexto global marcado por la incertidumbre -crisis climática, encarecimiento de los alimentos, dependencia externa y erosión de los sistemas productivos locales- resulta inevitable preguntarnos: ¿cómo producimos lo que comemos y a qué costo social, ambiental y cultural? En Colima, esta pregunta no es abstracta; se arraiga en el suelo, y en los productores de alimentos que resisten y en los territorios que aún laten.

La agricultura convencional, orientada durante décadas a maximizar rendimientos mediante paquetes tecnológicos homogéneos, ha mostrado límites evidentes. Ha incrementado la productividad, sí, pero también la dependencia de insumos externos, la degradación del suelo y la vulnerabilidad de los pequeños productores frente a mercados volátiles. Ante ello, la agroecología emerge como respuesta a una industria que enferma, una apuesta evolutiva, científica y social por el futuro.

Desde esta tensión nace el concepto de agricultura evolutiva, un enfoque que concibe la producción agrícola como un proceso dinámico de adaptación, aprendizaje colectivo y coevolución entre naturaleza y sociedad. No se trata únicamente de sustituir agroquímicos por bioinsumos, sino de transformar la lógica productiva: pasar de sistemas extractivos a sistemas vivos, resilientes y territorialmente anclados.

La experiencia desarrollada en el estado de Colima muestra que la transición agroecológica es posible cuando se articula el conocimiento científico con los saberes campesinos, la organización social y los circuitos cortos de comercialización. Productores de mango y maíz han comenzado a reorganizar sus prácticas productivas incorporando biofertilizantes, manejo ecológico del suelo y diversificación de cultivos, no como recetas universales, sino como respuestas situadas a sus propias condiciones ecológicas y económicas.

Este proceso no es lineal ni exento de dudas. ¿Puede la agroecología alimentar a la población? ¿Es rentable para los productores? ¿Cómo competir en un mercado dominado por grandes cadenas y alimentos importados? Las respuestas no son absolutas, pero la evidencia empírica sugiere que los sistemas agroecológicos bien gestionados reducen costos, fortalecen la autonomía productiva y generan alimentos más sanos, al tiempo que reconstruyen tejido social.

Un elemento central de la agricultura evolutiva es la soberanía alimentaria, entendida no solo como el derecho a decidir qué producir y cómo producirlo, sino como la capacidad de los territorios para sostener su alimentación en el largo plazo. En un país que importa una proporción significativa de los granos que consume, fortalecer la producción local no es solo una opción ética, sino una estrategia económica y de seguridad nacional.

La transición agroecológica, sin embargo, no puede recaer únicamente en los productores. Requiere políticas públicas coherentes, financiamiento adecuado, acompañamiento técnico y marcos institucionales que reconozcan el valor estratégico de los sistemas agroalimentarios locales. También demanda consumidores informados, capaces de reconocer que cada decisión de compra es, en el fondo, una decisión política.

Mirar hacia el futuro implica aceptar que no existe un modelo único ni definitivo. La agricultura evolutiva propone precisamente eso: aprender, ajustar, experimentar. Avanzar sin certezas absolutas, pero con dirección sostenible. En un mundo que cambia aceleradamente, la resiliencia se convierte en el principal activo.

Colima, por su escala territorial y diversidad productiva, ofrece un laboratorio vivo para ensayar estas transiciones. Lo que aquí se aprende puede dialogar con otras regiones del país y del mundo que enfrentan dilemas similares. Tal vez la pregunta no sea si la agroecología es viable, sino si podemos darnos el lujo de no intentarla.

Sembrar futuro exige algo más que tecnología: requiere visión, cooperación y voluntad colectiva. La agricultura evolutiva no promete soluciones mágicas, pero sí un camino posible para reconciliar producción, ambiente y bienestar social. Y en tiempos de incertidumbre, contar con un camino ya es, en sí mismo, una forma de esperanza.

Nota final:

Este texto se deriva del artículo científico “Agricultura evolutiva y transición agroecológica: modelo para la soberanía alimentaria en Colima, México”, disponible en https://www.researchgate.net/publication/394988213_Agricultura_evolutiva_y_transicion_agroecologica_Modelo_para_la_soberania_alimentaria_en_Colima_Mexico#fullTextFileContent

*Docente en la Maestría en Gestión del Desarrollo de la Facultad de Economía de la Universidad de Colima.

Las opiniones expresadas en este texto periodístico de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a El Comentario.

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