Por José Luis Negrete Ávalos
Dentro de la sociedad contemporánea, en el desarrollo de los procesos que acompañan a la misma, y dentro de ella a cada uno de los ciudadanos que la conforman, en un sentido estricto, se vuelven pilares esenciales para el crecimiento personal y colectivo, aspectos que desde siempre han estado presentes en el día a día para facilitar o generar un impulso directo sobre los grupos sociales, las comunidades y la sociedad en general.
La economía, la política, pero sobre todo la consideración directa sobre la base que sostiene y al mismo tiempo es capaz de moldear el presente, modificar el futuro de forma directa.
La educación es sin duda alguna el aspecto primordial en ese desarrollo social que sí o sí, determina ese futuro. En ese sentido, el papel de las instituciones y cada uno de los actores que conducen el desarrollo de la educación en el país, instituciones como la Secretaría de Educación Pública (SEP).
Siendo la responsable de diseñar, ejecutar y coordinar las políticas educativas en México. Ese papel preponderante en el diseño de materiales y conformación de contenidos tiene la posibilidad de generar resultados.
Ante ese hecho trascendente la pregunta que surge es: ¿cuál es el reto directo que enfrenta la educación básica desde el modelo de la Nueva Escuela Mexicana? La respuesta que se encuentra en ese cuestionamiento se ubica esencialmente en el desarrollo e implementación de materiales educativos, sobre todo en el nivel de educación básica, un reto que se vuelve tangible desde las complicaciones para establecer con certeza los contenidos.
En ese mismo sentido, los resultados que de ese mismo proceso se han dado en los últimos años, sumado a las estrategias que no pretenden observar un avance o modificación hasta el momento de esos materiales.
El reto se vuelve profundo desde el enfoque didáctico y los pasos que se realizan o no dentro del aula. Desde una perspectiva objetiva todo ejercicio y proceso sea cual sea el rubro debe y tiene que mantener una observación, una evaluación, para precisar si se ha obtenido un aprovechamiento o un cambio decisivo en los procesos de cualquier proyecto, mucho más en los proyectos educativos que conducen al futuro.
En conclusión, el reto principal que enfrenta el nuevo modelo educativo, es sentar las bases de un proyecto que pueda generarse de manera estratégica a favor del aprendizaje, del mejoramiento continuo de los saberes de los alumnos.
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