Menos horas, ¿Más derechos?
Por María Elizabeth Verdía Sánchez*
En los últimos meses, uno de los temas más hablados a nivel nacional es sobre la nueva reforma laboral que promete deducir la jornada semanal de 48 a 40 horas. A simple vista pareciera una gran promesa y avance para la parte trabajadora, dado que ocho horas menos a la semana parecen significar más tiempo para la familia, más descanso y una mejor calidad de vida. Pero cuando se revisan los detalles, la emoción baja y surgen varias dudas, como leer las letras pequeñas de un contrato, donde lo establecido, no es como se esperaba.
El primer punto es que la reducción no será inmediata, ya que este año no habrá cambios respecto a la jornada laboral, aunque el anuncio ya está hecho, se necesitan realizar varios procesos para llevarlo a cabo, así que el comienzo tendrá como fecha en el año 2027, que será de manera gradual, se reducirán dos horas por año hasta llegar a las 40 horas en el año 2030. Así que el cambio completo, si se realiza de la forma que se estableció y sin interrupciones, se culminará en los siguientes cuatro años. Lo que significa que el beneficio de manera completa se disfrutará de manera plena varios años en llegar, por lo que esta espera podrá sentirse larga para aquellos que tiene algún trabajo pesado y agotador.
Con la reforma, las horas extraordinarias se pagarán al 100% después de las doce horas adicionales, cuando antes y como se había realizado en los últimos años eran tan sólo de nueve. Para aquellos trabajadores que tienen la oportunidad de trabajar y que se les remunere las horas extras trabajadas genera una desventaja, ya que, a diferencia de antes, pareciera que se les pagará menos por trabajar más. Posiblemente provocando que los trabajadores que estén ejerciendo horas extras en los próximos años decidan dejar de hacerlo, lo cual habrá menor producción, o tal vez opten por trabajar hasta las doce horas para tener un mejor salario.
Otro aspecto, es que muchas personas pensaban que con el cambio trabajarían sólo cinco días y descansarían dos, hablando ya del cambio que se establecería en el 2030. Dado que se estableció que se trabajarían cuarenta horas y las jornadas diarias establecidas por la ley, en promedio son de ocho horas, así que, si se hace un cálculo matemático, se encuadra perfectamente a cinco días con ese tiempo diario de trabajo. Sin embargo, esto no ocurrió, así que se mantiene el esquema de seis días de trabajo por uno de descanso, como está establecido en la Ley Federal de Trabajo en su artículo 69.
Estos detalles posiblemente resultaron de un análisis económico. Como bien se beneficia al trabajador, pero el que paga el salario es el empleador o patrón y de esos salarios se pagan impuestos. Así que, si no hay beneficios para ese grupo, delimitando la producción laboral, posiblemente opten por no invertir en el país con sus empresas e inversiones, generando una mala economía nacional.
Esta reforma parece más un cambio simbólico que una transformación real. Materialmente se reducirán horas, pero de manera lenta. También tomando en cuenta que para mejorar la vida de un trabajador no depende sólo de trabajar menos tiempo, sino de tener un salario justo y bien remunerado y condiciones dignas de trabajo.
Esos cambios sólo se harán de manera material a los que tienen trabajos formales, porque en nuestro país una gran cantidad de personas trabajan en la informalidad. Para ellos, esta reforma no los beneficia y tampoco cambia nada, porque no cuentan con los elementos mínimos para tener un trabajo digno, como lo son los horarios fijos, salario mínimo, prestaciones y protección laboral. Así que si se quiere un verdadero cambio también son necesarias las alternativas para los que se encuentran fuera del trabajo formal ya que, para nuestro país y convenios internacional, el trabajo digno es para todos.
*Estudiante de sexto semestre de la Facultad de Derecho U de C.
Forma parte del “Semillero de Formación de Jóvenes en Investigación jurídica” coordinado por el Doctor Amado Ceballos Valdovinos
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