Vie. Mar 13th, 2026

COLUMNA: Pedagogía en voz alta

Por Redacción Mar9,2026 #Opinión

Escuelas en tiempo de violencia: lo que pasa dentro del aula

Por Mariana Ceballos Dueñas

En los últimos años, la violencia se ha vuelto parte del entorno de distintas y numerosas comunidades. Sin importar el contexto, el ambiente de inseguridad termina afectando la vida diaria de las personas, y la escuela es uno de los espacios donde sus efectos se hacen también visibles.

La violencia no se queda en las calles: también entra al aula. Llega en forma de miedo, ansiedad, distracción o cambios en la conducta. Hay estudiantes que han presenciado situaciones difíciles; otros viven una precaución constante frente a su futuro. Algunos más han crecido normalizando escenas que nunca deberían ser naturales.

Cuando estos sentimientos aparecen, el aprendizaje se vuelve más complicado. No es fácil concentrarse en clase cuando la mente está ocupada tratando de procesar los riesgos que se presentan en la vida cotidiana. El bajo rendimiento, la irritabilidad o la ausencia no siempre son señales de desinterés; muchas veces son indicios de algo más profundo.

Frente a este panorama surge una pregunta inevitable y necesaria: ¿qué puede hacer la escuela ante la violencia? Algunas instituciones optan por enfocarse únicamente en cumplir el programa académico, como si el contexto no influyera en lo que ocurre dentro del aula. Pero la realidad es que sí influye, y mucho. La escuela no está separada de la sociedad: forma parte de ella. Por eso, ignorar lo que ocurre fuera de sus muros no protege a quienes aprenden y enseñan dentro de un espacio educativo.

Ante esta realidad, la escuela puede convertirse en un espacio de contención y acompañamiento. Esto no significa que deba resolver los problemas sociales ni sustituir a otras instituciones, pero sí puede ofrecer algo fundamental: seguridad emocional y escucha. A veces, el simple hecho de saber que hay un adulto dispuesto a escuchar puede marcar una diferencia significativa en la vida de un estudiante.

También es necesario reconocer que el personal docente vive el mismo contexto y enfrenta sus propios miedos e incertidumbres. Por eso, hablar de educación en tiempos de violencia implica pensar en apoyo institucional, capacitación y trabajo en equipo. La escuela no puede cambiar por sí sola la realidad que la rodea, pero sí puede influir en la manera en que las y los jóvenes la comprenden y enfrentan. Educar, en este contexto, no puede reducirse a transmitir conocimientos: debe formar personas capaces de pensar, dialogar y construir alternativas distintas a la violencia.

Tal vez la pregunta no sea si la escuela puede cambiar la realidad de la violencia, sino cómo puede evitar que esa violencia determine el futuro de quienes hoy ocupan un pupitre. Porque educar en tiempos difíciles no es solo enseñar contenidos: es abrir posibilidades, sostener esperanzas y recordar, todos los días, que incluso en medio de la incertidumbre la escuela puede ser un lugar donde el futuro todavía se imagina distinto.

* ”Pedagogía en voz alta” es una columna de la Facultad de Pedagogía para la libre expresión de su comunidad académica. La autora de esta colaboración es estudiante del octavo semestre de la licenciatura.

Las opiniones expresadas en este texto periodístico de opinión, son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuibles a El Comentario.

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