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COLUMNA: Ciencia y Futuro

PorRedacción

Abr 19, 2024 #Opinión

Un líquido en peligro*

Por Jesús López de la Cruz**

Un día Felipe al regresar a casa le comentó a su padre lo visto en clase:

–Felipe: Oye papá, el otro día me dijiste que el agua en el planeta no se va acabar nunca jamás.

–Padre de Felipe: Así es, como te dije hay agua de sobra en el planeta, es más se debería llamar planeta agua en lugar de planeta tierra.

–Felipe: Entonces, ¿por qué el otro día mamá se quedó enjabonada?

–Padre de Felipe: Pos es que toma baños de princesa y dura las horas.

–Felipe: ¿Y entonces por qué no sale en ocasiones el agua de la llave? ¿Por qué escasea cada vez más en la ciudad?

–Padre de Felipe: No le hace, lo que importa hijo es que nunca se va acabar. Tenemos agua hasta para aventar pa’ arriba.

–Felipe: Pues el profe, nos dijo que hay que cuidarla.

–Padre de Felipe: El maestro Fulgencio no sabe nada, ¿a poco crees que tu maestro sabe más que yo? ¡El agua nunca se va a acabar y punto!

Esta plática entre Felipe y su padre, es un claro ejemplo de la confusión que puede existir en lo que se refiere a la problemática del agua. En efecto, el papa de Felipe dice la verdad, pero a medias, la cantidad de agua en el planeta siempre es la misma, ni aumenta, ni disminuye, pero habría que aclararle que la que se está acabando es el agua buena. Antes de retomar qué es el agua buena, es pertinente recordar que el vital líquido ocupa el 75% del planeta, pero el 97% del agua es salada, esto es, solo un 3% es agua dulce, que es la que podemos identificar como agua buena.

¿Dónde se puede encontrar esa agua sin sal? Un 1% en forma de hielo, 1% en río, lagos y lagunas y 1% son aguas que están debajo del suelo. La duda en este punto sería si es poca o mucha agua ese 3%…….pues la respuesta es que es suficiente para todos, solo que debemos aprender a usarla de forma racional. ¿Pero qué es lo que permite que siempre haya? El culpable es el ciclo del agua, el cual es una cadena sin fin que permite su viaje por el planeta.

Actualmente, uno de los grandes retos de la humanidad y en nuestro país no es la excepción, es garantizar en las poblaciones su acceso en cantidad y calidad apropiada, y que sea asequible, es decir, que esté al alcance de todos el pagar por el servicio, de hecho, esto es lo que se ha definido como “seguridad hídrica”. Aunque parezca imposible el hombre ha trastornado la naturaleza y alterado el ciclo natural de las cuencas. ¿Pero qué son las cuencas? Así como nuestro país está delimitado por estados, al referirnos a las áreas de agua superficial, se les identifica como cuencas, las cuales, son una zona de la superficie terrestre donde las gotas de lluvia que caen sobre ella tienden a ser drenadas por la red de ríos hacia un mismo punto.

Por lo anterior, el estudiar las cuencas y los efectos que tiene la acción del hombre como el crecimiento demográfico, la urbanización, la contaminación de los cuerpos de agua, y el cambio climático, resulta vital en el camino hacia la seguridad hídrica. La seguridad hídrica es uno de los temas que tienen mi interés como investigador, el trabajo más reciente que desarrollé consistió en incorporar las técnicas de inteligencia artificial para poder evaluar la vulnerabilidad de las cuencas en que habitamos a las amenazas de origen natural y antropogénico, siendo estas últimas las vinculadas a las actividades de los humanos. La investigación tuvo como caso de estudio la cuenca del río Turbio, uno de los ríos principales en el estado de Guanajuato.

Si Felipe quisiera conocer cómo va el estudio, le diría que hacemos que la cuenca se entrene como nuestra mente a través de redes de neuronas, solo que en este caso son artificiales; se entrena con base en los datos históricos registrados de indicadores, los cuales se han dividido para el estudio en económicos, sociales y ambientales, buscando conocer la vulnerabilidad actual y futura de las cuencas, intentando generar una metodología que permita contribuir a la toma de decisiones en la gestión del recurso hídrico.

Finalmente, si bien la investigación puede contribuir a que alcancemos la seguridad hídrica en nuestro país, la sociedad juega un papel fundamental. La pregunta de Felipe seguramente sería la siguiente: ¿Puede mi familia contribuir a la seguridad hídrica? La respuesta es que sí, ¿cómo?, conociendo su dirección hídrica, tal y como cuando de pequeños aprendemos la dirección de nuestra casa. Además, debemos saber, el nombre de la cuenca en que vivimos; el cuerpo de agua subterránea debajo de nuestro territorio, el cual es la principal fuente de abastecimiento de nuestra ciudad; a dónde va a parar el agua cuando sale de casa, etc. Todo lo anterior añadido a un uso racional en casa, escuela y cualquier sitio que visitemos resultará de gran ayuda.

Ojalá que el padre de Felipe se dé el tiempo para leer esta breve columna y podamos ayudarlo a aclarar un poco más el problema del agua, pero si no, seguro que Felipe con su ejemplo y las acciones que tome en casa lo logrará.

*Enlace del artículo: https://doi.org/10.3390/w15040711

**Profesor investigador de la Facultad de Ingeniería Civil de la Universidad de Colima

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