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COLUMNA: Viernes de branding, marketing, publicidad y relaciones públicas con perspectiva de género*

Por Redacción Feb6,2026 #Opinión

Las fiestas charrotaurinas de Villa de Álvarez 2026 como marca cultural e identitaria

Por Alma Ruth Rebolledo Mendoza

Las fiestas de Villa de Álvarez, Colima representan una de las tradiciones más sólidas y emblemáticas del estado, con más de 160 años de historia, celebrándose de manera continua desde 1857, la edición 169, correspondiente al año 2026, confirma la permanencia y vigencia de esta celebración como un referente de identidad que articula símbolos, valores y prácticas sociales profundamente arraigadas en la comunidad. Su continuidad histórica y su capacidad de convocatoria evidencian que funcionan como una marca cultural consolidada, con alto valor simbólico, social y territorial.

El valor de estos festejos se construye a partir de la combinación de elementos tangibles e intangibles como lo son el ruedo, el caballo, la música tradicional, la vestimenta y la apropiación del espacio público conforman un sistema simbólico que permite identificar de inmediato la celebración. Estos componentes permiten diferenciarla de otras fiestas del país y fortalecen su posicionamiento en la memoria colectiva. La marca no se sostiene en acciones promocionales aisladas, sino en la coherencia entre lo que se comunica y lo que efectivamente se vive año con año.

Uno de los principales atributos de esta tradición es la generación de experiencias compartidas, donde la participación no se limita a los eventos centrales, sino que incluye la preparación previa, la convivencia en la plaza, el consumo gastronómico, la música y la interacción social entre distintas generaciones. Este conjunto de vivencias construye un vínculo emocional duradero con la marca, lo que explica por qué estas fiestas mantienen altos niveles de lealtad y participación, incluso frente a cambios en los hábitos culturales y de entretenimiento. En el contexto local de Villa de Álvarez, este tipo de experiencias resulta clave para comprender por qué ciertas tradiciones no sólo se conservan, sino que logran mantenerse vigentes frente a transformaciones culturales cada vez más aceleradas.

La comunicación asociada a la celebración suele apoyarse en discursos vinculados a la tradición, al orgullo comunitario y a la continuidad histórica. Estos mensajes refuerzan la identidad de la marca y su legitimidad social. No obstante, resulta necesario observar de manera crítica a quiénes se representa en estas narrativas. Aunque el imaginario histórico ha estado asociado principalmente a figuras masculinas, la organización y el sostenimiento del festejo dependen en gran medida del trabajo constante de mujeres, cuya participación ha sido históricamente poco visibilizada en los procesos de comunicación institucional.

Reconocer estos roles fortalece la marca cultural, por medio de una comunicación que incorpora de forma equilibrada a todas las partes involucradas proyecta mayor coherencia y credibilidad. Desde las relaciones públicas, visibilizar el trabajo organizativo, logístico y económico que realizan las mujeres amplía el significado de la celebración y la posiciona como una expresión cultural capaz de dialogar con los valores actuales sin perder su identidad histórica.

La presencia de esta tradición en entornos digitales ha ampliado su alcance y reforzado su posicionamiento, donde las redes sociales permiten que el festejo trascienda el espacio físico del municipio y se mantenga activo en el imaginario colectivo durante todo el año. Fotografías, videos y relatos compartidos por la propia comunidad convierten a las y los asistentes en voceros de la marca, fortaleciendo su legitimidad y su capacidad de atracción hacia públicos externos, incluidos migrantes y visitantes.

Además de su dimensión simbólica, estas fiestas generan una derrama económica significativa para el municipio. Comerciantes, artesanas, artesanos, artistas, prestadoras y prestadores de servicios encuentran en la marca construida alrededor de la celebración una oportunidad de desarrollo local. Gestionada de manera coherente, esta marca se convierte en un activo estratégico que impulsa la economía y refuerza el posicionamiento territorial de Villa de Álvarez.

En un entorno saturado de mensajes comerciales, la edición 169 reafirma que la fortaleza de esta marca no depende únicamente de la inversión publicitaria, sino del significado social que logra construir, su valor radica en la autenticidad, la participación colectiva y la capacidad de adaptarse a nuevos contextos comunicativos sin perder identidad.

*Esta columna es desarrollada por integrantes del UCOL-CA59 La mercadotecnia y su relación con las ciencias sociales, adscrito a la Facultad de Mercadotecnia de la Universidad de Colima.

**PTC – Facultad de Mercadotecnia – SNII Candidato

Las opiniones expresadas en este texto periodístico de opinión son responsabilidad exclusiva del autor y no son atribuirles a El Comentario.

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