En tiempos en los que la inflación presiona bolsillos y las instituciones públicas enfrentan restricciones presupuestales cada vez más complejas, la Universidad de Colima (UdeC) ha sostenido una decisión que no es menor: mantener sin aumento sus aranceles durante alrededor de 12 años.
No se trata de una cifra aislada ni de un gesto simbólico. Es una definición institucional y ética que habla del sentido social de nuestra Máxima Casa de Estudios.
El Rector Christian Jorge Torres Ortiz Zermeño lo ha reiterado con claridad: no habrá incremento en las cuotas. En una entidad donde muchas familias hacen esfuerzos extraordinarios para que sus hijas e hijos accedan al bachillerato o a una licenciatura, esa determinación representa un acto concreto de respaldo a la economía familiar y una apuesta firme por la permanencia escolar.
Pero mantener aranceles sin aumento no significa inmovilidad institucional. Por el contrario, implica un esfuerzo financiero, administrativo y de gestión mayúsculo. Significa optimizar recursos, priorizar inversiones y tocar puertas para gestionar apoyos extraordinarios, todo con el propósito de no trasladar el costo del crecimiento y la actualización a las y los estudiantes.
La UdeC no ha detenido su expansión ni modernización. Ahí están las instalaciones deportivas en Tecomán; los laboratorios de semiconductores y de enfermería en Manzanillo, así como el de fisioterapia que fortalecerá una nueva oferta académica; además de la siguiente etapa del bachillerato modelo en Minatitlán, pertinente a su entorno productivo.
Se trata de una infraestructura estratégica que no solo amplía espacios físicos, sino que eleva la calidad formativa y responde a las vocaciones regionales del estado.

